
El sistema de gerencia de ingreso podría hacer la vida de las personas aún más difícil, dicen los críticos del programa.
El gobierno de Australia está implementando un cambio radical en el método para pagar los beneficios estatales que podría dar algunas lecciones a otras naciones del mundo.
En vez de distribuir dinero en efectivo o cheques, miles de personas están recibiendo unas tarjetas de "crédito" electrónicas.
Las "tarjetas básicas", como se les llama, sólo pueden ser utilizadas para comprar artículos prioritarios como comida, pago de renta, vestido, educación y salud.
El gobierno considera que las tarjetas son una forma de gerenciar el ingreso. Mientras que algunos utilizan las tarjetas voluntariamente, para otros son obligatorias.
Por este motivo, el sistema ha logrado el aplauso y la desaprobación de unos y otros.
El manejo obligatorio del ingreso fue introducido por el gobierno de John Howard en 2007 y se restringía inicialmente a los territorios del norte y partes del estado de Queensland.
Al forzar a algunos a participar en el esquema, representó un cambio de importancia en el sistema de beneficios de Australia.
Hasta entonces había pocas restricciones sobre la forma en que los beneficiarios podían usar el dinero.
Ahora el gobierno cree que el sistema trabaja tan bien, que está extendiéndolo a la mayoría del país, con un costo cercano al los 1.000 millones de dólares australianos (unos US$1.030 millones).
Herramienta básica
Tarjeta básica

Sirve para comprar:
Alimentos, ropa, productos sanitarios, combustible, muebles.
Lo que no se puede comprar:
Alcohol, cigarrillos, pronografía, juegos de azar, vales de regalo
Fuente: Departmento de Servicios Humanos del Gobierno de Australia
La tarjeta básica es una tarjeta de "crédito" reusable que hace que las personas utilicen el dinero que reciben del Estado en tiendas y negocios aprobados.
No puede usarse para comprar tarjetas de regalo o sacar dinero de cajeros automáticos.
El dinero es incorporado a la tarjeta quincenalmente, cuando las personas reciben el pago de beneficios.
El límite de gasto diario es de 1.500 dólares australianos al día. Si no se gasta, puede acumularse como ahorro.
Entre el 50% y el 70% del ingreso queda en "cuarentena" de esta manera, dependiendo de las circunstancias individuales. El resto está disponible en efectivo.
Crucialmente, la tarjeta reduce la cantidad de dinero que puede utilizarse en forma discrecional para alcohol, apuestas, tabaco y pornografía.
Tres tipos de personas utilizan principalmente las tarjetas: algunos son jóvenes, otros provienen de los servicios de protección infantil y otros han sido clasificados como vulnerables por trabajadores sociales debido a sus problemas financieros.
Según el gobierno, la "gerencia del ingreso" es una "herramienta fundamental para apoyar a los jóvenes, a quienes han estado largo tiempo en el sistema de beneficios y a la gente que se considera vulnerable, y tiene por objetivo animar a la participación y la responsabilidad".
"Lo odio", dice Barbara Shaw, una madre de tres hijos de la ciudad de Alice Springs, en Australia central. "Nos trata con una actitud de superioridad y nos estigmatiza", dice.
En su supermercado local, selecciona los productos y se dirige a la caja para pagar con la tarjeta.
"La gente se me queda mirando cuando saco mi tarjeta básica", dijo. "Incluso los asistentes de la tienda suspiran con impaciencia cuando ven una. Es vergonzoso", señala.
En su casa en un complejo indígena de las afueras de Alice Springs, ahonda en el asunto.
"Esto no es sólo paternalista. Es racista, ya que muchos de quienes estamos en gerencia de ingresos somos aborígenes", afirma.
¿Algo bueno?

"La gente se me queda mirando cuando saco my tarjeta básica", dice Barbara Shaw.
Mientras que el gobierno niega ninguna motivación racial, las cifras ciertamente apoyan la afirmación de Barbara en el sentido de que la mayoría de quienes las usan son indígenas.
De acuerdo con un informe parlamentario reciente, de las 17.000 personas sujetas a la gerencia del ingreso en los territorios del norte, 90% son indígenas. En Australia occidental, la cifra es de 60% de las 232 personas dentro del esquema.
El gobierno argumenta que la comunidad aborigen ha tenido una mayor tendencia histórica a abusar de los pagos de beneficios, especialmente a través de problemas como el alcohol. En consecuencia, dice, tiene sentido que aparezcan de forma más prominente en cualquier sistema diseñado para cambiar la forma en que se gasta ese ingreso.
Sea o no racista, Paddy Gibson, investigador de la Universidad de Tecnología en Sydney, dice que hay dudas de que el sistema tenga el efecto deseado.
"No hay evidencia de que las apuestas hayan bajado en los territorios del norte. No hay evidencia de que haya menos consumo de alcohol en los territorios del norte. De hecho, muchas comunidades con las que he conversado creen que hay más alcoholismo ahora", dice.
Jenny Macklin, ministra para la Familia, está en desacuerdo.
"Es una herramienta adicional para ayudar a las familias a manejar mejor su dinero en el interés de sus hijos, de asegurarse que los beneficios sean utilizados en los asuntos esenciales de la vida", le dijo al canal de televisión ABC.
"Lo hemos tenido en funcionamiento por algunos años. Sabemos que es útil. Las historias individuales son muy positivas", asegura.
Hay mucha gente dentro del esquema que apoyaría esta visión.
Una de ellas es Karen Tremain, una madre soltera de dos niños de la ciudad de Perth que sufrió de depresión y recibe un pago por enfermedad. Ella se ofreció voluntariamente para tomar una tarjeta Básica.
"Es lo mejor que haya hecho nunca", dice. "Sin gerencia de ingreso, probablemente habríamos perdido la casa y estaríamos en la calle. Ahora sé qué dinero tengo, e incluso he acumulado algo de ahorros para utilizar en unas vacaciones", explica.
A diferencia de Barbara, Karen no considera que usar la tarjeta sea indigno. "No, no me siento estigmatizada. Muchas tiendas las aceptan ahora. Me veo y actúo como cualquier otro cliente", dice.
Responsabilidad individual
Cuando el gobierno anunció que extendería el esquema al resto de Australia, hubo protestas en las calles de un suburbio de ingresos bajos de Sydney.
Paddy Gibson se unió a los activistas que se oponen a las tarjetas. Quienes dirigen la campaña creen que el sistema podría tener consecuencias negativas para los ciudadanos.
"Pensamos que la imposición de un sistema de gerencia del ingreso tiene el potencial de hacer la vida de una persona más difícil, de empeorarla", indicó.
Señaló que la gente había sido dejada a la merced de las autoridades, rogándoles para que les transfirieran el dinero con el objetivo de comprar bienes como jeans en tiendas que no estaban incluidas en el programa.
Pero el gobierno está decidido a expandir el uso de las tarjetas.
"El bienestar no debería ser un destino o una forma de vida. El gobierno está comprometido a reformar progresivamente el sistema de bienestar social para fomentar la responsabilidad individual", indicó la ministra para la Familia.
Las tarjetas básicas van más allá de los programas de bienestar social de otros gobiernos en todo el mundo.
El esquema de estampillas de alimentos estadounidense (conocido actualmente como SNAT, tras un cambio de nombre por el estigma que conllevaban las estampillas de alimentos) es quizás el equivalente más cercano.
Otros países tienen medidas punitivas: reducir o suspender los pagos si un individuo no cumple con responsabilidades específicas como, por ejemplo, inscribir a los niños en la escuela.
Pero ninguno de esos programas se equipara al enfoque más holístico de Australia.
Las tarjetas básicas imponen una disciplina de gasto en vastas áreas de las vidas de la población, dejando a un lado su capacidad de escoger entre opciones.
Para muchos, eso viola un principio filosófico importante en la relación entre el Estad y el ciudadano.



























