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El país musulmán más cercano a Israel que a Irán

Última actualización: Jueves, 23 de agosto de 2012
Bakú, capital de Azerbaiyán

Vista de Bakú, capital de Azerbaiyán, con la costa del mar Caspio al fondo.

En primer lugar, es necesario pedir cita con antelación. Los agentes de seguridad llamarán a su jefe para asegurarse de que usted es quien dice ser.

Si sus credenciales se confirman, se hace una cita y un guardia lo acompañará hasta el último piso del edificio. Ahí otro guardia lo llamará, probará sus equipos y le pedirá que deje su teléfono móvil.

Usted será llevado a través de más controles y lo invitarán a sentarse en un pasillo y admirar las obras de arte mientras espera.

Luego, con apenas unos minutos de retraso, uno de los hombres más custodiados en la región del Cáucaso llega para su entrevista.

Michael Lotem es el embajador de Israel en Azerbaiyán. Su embajada es lo más cerca que Israel está físicamente de su principal enemigo, Irán. La frontera sur iraní se encuentra a unas cuatro horas en automóvil.

La embajada israelí en Bakú es un puesto de avanzada importante y en ocasiones peligroso. En enero de 2012 el gobierno de Azerbaiyán dijo que habían desmantelado un complot iraní para asesinar al embajador.

"Les puedo decir que los iraníes no se quedan sentados ni un segundo", dice Lotem lentamente, mientras se arremanga la camisa. "Pero yo no estoy preocupado por mi integridad. Tengo plena confianza en los servicios de seguridad de azerbaiyanos".

Más Tel Aviv que Teherán

Israel y Azerbaiyán tienen relaciones diplomáticas desde abril de 1992, seis meses después de que la república declarara su independencia de la Unión Soviética.

Israel y el gobierno secular azerbaiyano comparten el mismo objetivo: controlar la propagación del islamismo político en general y en Irán en particular.

La suya es una alianza reforzada por el comercio de armamento y equipos. En febrero de 2012, Israel le vendió a Azerbaiyán sofisticados sistemas de armamento por un valor de US$1.600 millones.

Michael Lotem

El embajador israelí asegura que su país y Azerbaiyán comparten una misma visión del mundo.

"Compartimos la misma visión del mundo, supongo", comenta Lotem. "Tenemos bastantes problemas en común. Para los israelíes, encontrar un país musulmán que es tan abierto, tan amable y tan progresista no es algo que podemos dar siempre por sentado".

A principios de este año, la revista Foreign Policy sugirió que la alianza entre Israel y Azerbaiyán se ha profundizado más de lo que muchos se imaginaban al principio.

La publicación informó que Israel había conseguido un acuerdo para utilizar aeropuertos azerbaiyanos en caso de que decida realizar un ataque militar contra las instalaciones nucleares de Irán.

Si es verdad, esto daría a Israel una ventaja táctica significativa. Sin embargo, Israel niega tal afirmación.

"Eso es pura ciencia ficción -dice el embajador-, o tal vez deberíamos dejar la ciencia fuera de eso. El objetivo es tener relaciones muy sólidas con Azerbaiyán".

La población del país del Cáucaso es en su mayoría musulmana chiíta. Sin embargo, su gobierno es fuertemente secular.

En el centro de Bakú solo se puede ver un comercio llamado simplemente "La tienda musulmana", lo que muestra lo poco común que es encontrar expresiones públicas del Islam en la capital.

Por la noche, los restaurantes sirven cerveza turca en la Plaza de las Fuentes. La mayoría de las mujeres no llevan velo. El centro de la ciudad tiene un McDonald's y tiendas de Versace y otras marcas internacionales. Bakú se siente más como Tel Aviv que como Teherán.

"Azerbaiyán naturalmente rechaza la influencia islámica iraní porque es percibida como una amenaza para el Estado", dice Leila Alieva, directora del Centro independiente de Estudios Nacionales e Internacionales en Bakú.

"Por otra parte, el país siempre ha gozado de una muy buena relación con la comunidad judía".

Un ataque "desastroso"

Pero hay personas en Azerbaiyán que están en desacuerdo con la afinidad de su gobierno con Israel.

Ilgar Ibrahimoglu es un clérigo islámico que hace campaña para que el Islam tenga un papel más importante en Azerbaiyán.

Él trabaja en una pequeña oficina en Bakú que también funciona como sala de oración. Los huéspedes están invitados a quitarse los zapatos al entrar con el fin de respetar las costumbres islámicas.

Ibrahimglu entra en la habitación, se sienta detrás de su escritorio y advierte que los periodistas que lo han entrevistado antes lo han hecho parecer estúpido. Por eso asegura que va a hablar en oraciones cortas, tal vez consciente de que el gobierno de Azerbaiyán mantendrá una estrecha vigilancia sobre sus palabras.

"Desarrollamos nuestras relaciones con los demás países en función a nuestros intereses nacionales"

Elman Abdullayev, portavoz de la cancillería azerbaiyana

"Irán es un país musulmán y un vecino cercano de Azerbaiyán", asegura, "pero no voy a decir más. Incluso si esto se tratara de una entrevista en vivo repetiría lo mismo durante cinco horas seguidas".

Pero cuando la trabada conversación se centra en Israel, el clérigo decide relajar sus propias reglas y comienza a hablar de una forma un poco más exhaustiva.

"Azerbaiyán no debe ser amable con un país que lleva a cabo el terrorismo de Estado en contra de otro pueblo, los palestinos. Israel no puede vencer a Irán. No pudo ganar en Gaza o Líbano, y no va a ganar en Irán".

Las palabras del clérigo no harán que Azerbaiyán cambie sus alianzas. En mayo de 2012, dos poetas azerbaiyanos fueron detenidos en Irán acusados de espionaje. Desde entonces el gobierno aconseja a sus ciudadanos que no viajen a la república islámica.

Elman Abdullayev, un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, se ocupa de Irán todos los días. Se disculpa por las renovaciones que se realizan en un edificio que data de la era soviética.

"Azerbaiyán siempre ha sido famoso por su enfoque modernista, por su secularismo", afirma Abdullayev. "Ustedes saben que hemos sido el primer Estado laico en el Oriente musulmán, así que desarrollamos nuestras relaciones con los demás países en función a nuestros intereses nacionales, bien se trate de Israel o de otros países musulmanes."

Abdullayev también rechaza los informes de que Azerbaiyán podría ceder sus bases aéreas a Israel. Pero, ¿qué haría su gobierno si su aliado, Israel, ataca a su vecino Irán?

"Esta es una pregunta hipotética que sería muy difícil de responder", dice. "Creemos que el tema iraní debe ser resuelto diplomáticamente, pacíficamente, políticamente, porque algo así [un ataque militar] sería desastroso para toda la región, para todos nosotros".

Sospechas iraníes

Vista de Bakú

Aunque Azerbaiyán es de mayoría musulmana, el país separa la religión del Estado.

Las relaciones entre Azerbaiyán e Irán son incluso un poco más complicadas. No sólo comparten una frontera, sino una herencia común.

Los azeríes vivieron alguna época bajo el Imperio Persa. En 1813, el tratado de Gulistán firmado después de la primera guerra ruso-persa dividió al pueblo azerí en dos.

Los que están en el norte vivían bajo el dominio ruso, soviético entonces, y ahora están en un Azerbaiyán independiente. Los del sur vivían bajo el Imperio Persa, ahora la República Islámica de Irán.

Hoy en día, unos nueve millones de personas de etnia azerí viven en Azerbaiyán. Pero más azeríes viven del otro lado de la frontera, en Irán. Las cifras indican que hay alrededor de entre 10 y 20 millones de azeríes en Irán, alrededor de una quinta parte de la población de ese país. Otros cuantos Millones de iraníes tienen ascendencia azerí, incluyendo el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

Entre muchos azeríes hay un deseo de reunificación.

Simon Aruz es un iraní de la etnia azerí. Trabajó como escritor y activista político e hizo campaña por más derechos para el pueblo azerí en el estado persa. En 2009, huyó del país y se mudó a Azerbaiyán.

"Estábamos acostumbrados a vivir bajo presión en Irán", dice. "Siempre estamos pensando en nuestros hermanos, nuestras hermanas, nuestra familia. Espero que puedan estar libres pronto".

Tales palabras hacen que Irán sospeche. El gobierno de la República Islámica está preocupado de que Azerbaiyán quiera robarles tanto tierra como gente, una acusación que rechaza el gobierno de Azerbaiyán. Las tensiones por una herencia común, ahora dividida, se ven magnificadas por las diferentes formas en que cada gobierno ve el mundo.

Tensión en la frontera

El tren nocturno desde Bakú a la ciudad fronteriza de Astara sale a las 23:00 y se abre camino lentamente hacia el sur, a lo largo de la costa del Mar Caspio. Algunos viajeros se duermen inmediatamente. Otros beben y escuchan el coro de las ranas que hay en el exterior.

"Pregúntame cualquier cosa sobre los iraníes", dice un hombre que asegura que viaja a Astara simplemente para llevarles un CD de música a sus amigos. "Yo los conozco mejor que ellos mismos”.

Temprano en la mañana, el tren llega a Astara. Tomo un taxi junto a mis colegas para ver la frontera iraní.

La república islámica está al otro lado. Las casas con paredes blancas y tejados rojos son claramente visibles en todo el valle. Coches en el norte de Irán se dirigen hacia la frontera con Azerbaiyán.

Después de unos minutos las fuerzas de seguridad llegan y le piden a mis colegas y a mí que los acompañemos a su base.

Inspeccionan las imágenes de televisión que hemos filmado y que no muestran más que campos del norte de Irán. De inmediato nos piden que las borremos.

Ismail, azerbayano en la frontera

Ismail llevó a su hijo enfermo a Irán después de sentir que en Azerbaiyán no obtenía la respuesta que esperaba.

Nos explican que se pueden meter en problemas si las imágenes son transmitidas. Aseguran que no quieren hacer nada que aumente la tensión con su vecino islámico.

En el cruce fronterizo en sí, una multitud de azeríes cargar sus autos con cajas de comida y dulces. Algunos productos cuestan menos del otro lado de la frontera.

"Vamos a Bakú", me cuenta Ali Mani, un vendedor de alfombras de Irán. "Nuestros amigos nos invitaron. Hay algunas restricciones en Irán que no vemos aquí. Es interesante”.

"No tengo ningún problema con Azerbaiyán y conozco su idioma ", añade su amigo en inglés.

Nuestro intérprete les pregunta en azerí si les gustaría hablar sobre Irán e Israel. Dicen que no y también se niegan a tomarse una foto.

Junto al cruce de la frontera me encuentro con Ismail, un conductor que espera al lado de su coche. En el asiento delantero está desplomado su hijo de 23 años, tratando de ocultarse del sol y casi sin poder moverse. Regresan de un hospital en Teherán.

"Mi hijo estaba en tratamiento aquí en Azerbaiyán, pero sin resultado", dice Ismail. "Los médicos no sabían cuál era su problema. Por eso algunas personas me aconsejaron ir a Teherán", cuenta.

"Fuimos allí, llevaron a cabo una operación de estómago y fue un éxito. Mi actitud [con Irán] es muy positiva. Fui allí con grandes esperanzas de que mi hijo se curase, y como todo salió bien estoy feliz".

Ismail dice que la operación le costó US$6.000. Ya le pagó una primera cuota al hospital iraní y le prometió que va a desembolsar el resto.

Azerbaiyán e Irán comparten tanto la historia como la desconfianza en el vecino. Pero para los azeríes en la frontera con Irán todo es más sencillo. Es un lugar más barato para comprar y la única esperanza para salvar la vida de un hijo.

Contexto

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