
El gobierno chileno lanzó el Plan Escuela Segura para combatir los casos de abuso sexual a menores.
La acumulación de denuncias por abuso sexual a menores en colegios de distintas ciudades de Chile, que no son decenas sino cientos, ha alarmado de tal manera a la población, que ha llegado a calificarse de "psicosis".
Esa fue al menos la palabra con la que un fiscal encargado de investigar las denuncias de la Región Metropolitana describió la situación que se vivía. Solo que los hechos descartaron que se tratara de un desequilibrio mental colectivo y hoy se indagan más de 200 casos sólo en Santiago y sus alrededores.
El gobierno de Sebastián Piñera acaba de lanzar un plan para evitar la violencia y los abusos sexuales al interior de los centros de enseñanza, en respuesta a la sensación de vulnerabilidad respecto de lo que pueda ocurrir en cualquier escuela, liceo o colegios.
Esa percepción se agudizó para algunos al enterarse de que las acusaciones también han brotado en establecimientos exclusivos del sector más adinerado de la sociedad: si ocurre ahí puede ocurrir en cualquier parte, piensan, según explicó en conversación con BBC Mundo el secretario regional ministerial (seremi) de Educación, Alan Wilkins.
"Como hay casos emblemáticos en el sector oriente (el más adinerado), donde la prensa y los medios le han dado mucha repercusión, más familias se han atrevido a denunciar y también se preocupan más de sus niños", añadió.
No hay psicosis
Entre las medidas que implementará el ministerio de Educación se incluye una fiscalización intensiva y la posibilidad de impartir, desde el primer curso de la enseñanza básica, material para la prevención del abuso sexual.
"No estamos viviendo una psicosis, sino una concientización, y ha sido un proceso necesario"
José Andrés Murillo, Fundación para la Confianza
Éstas se sumarán a un paquete de iniciativas que incluyen crear un registro nacional de pederastas, endurecer las penas y mejorar el sistema para que los menores afectados puedan presentar su testimonio una sola vez.
José Andrés Murillo es uno de los denunciantes del hoy condenado sacerdote Fernando Karadima, quien fue párroco titular del exclusivo barrio de Santiago El Bosque y cercano al colegio Verbo Divino.
Murillo lidera el trabajo de la ONG Fundación para la Confianza y estima que se debe fomentar que las víctimas den su testimonio hasta terminar con "el silencio en que descansan los agresores".
"No estamos viviendo una psicosis, sino una concientización, y ha sido un proceso necesario. Hablar de psicosis me parece errado y me parece además peligroso, porque desacredita las voces de los niños", opinó en conversación con BBC Mundo el doctor en filosofía.
Esta postura es compartida por el seremi de Educación, quien señaló que "algunos hablan de psicosis, pero la verdad es que creo que las personas se están atreviendo a presentar sus denuncias, cosa que a lo mejor antes se callaba. Y creo que también ha ayudado para que las familias e incluso los profesores estén más atentos al tema".
Figuras de la iglesia cuestionadas
El escándalo de pederastia en Chile que ahora se extiende a las escuelas es de larga data y ya ha manchado a sacerdotes prominentes.
La Iglesia católica chilena vivió uno de los momentos más duros de su historia cuando el sacerdote Karadima, en su tiempo amigo del santo chileno Alberto Hurtado, fue denunciado por abusos sexuales contra menores y el Vaticano lo condenó.

La Conferencia Episcopal confirmó el envío al Vaticano de los antecedentes contra Precht.
Y en los últimos días los problemas resurgieron con fuerza cuando el religioso John O'Reilly, uno de los máximos representantes en el país de los Legionarios de Cristo, fue acusado por la familia de una niña de seis años que estudia en el colegio Cumbres, donde parte de la elite política y económica educa a sus hijos.
El renombrado sacerdote ha negado ser culpable mientras se realiza la investigación judicial y canónica en su contra, y es fuertemente apoyado por la comunidad del colegio donde oficiaba como capellán y líder espiritual. Pero la duda persiste mientras se esperan los resultados de las indagaciones.
El sector de la centro izquierda chilena también se vio golpeado por estas imputaciones cuando la Conferencia Episcopal confirmó el envío al Vaticano de los antecedentes contra Cristián Precht, quien fue uno de los curas que lideró la lucha contra el régimen de Augusto Pinochet y la defensa a las víctimas a través de la Vicaría de la Solidaridad.
Son 20 denuncias que se remontan a fines de 1970 y que fueron declaradas "verosímiles" por una iglesia local que trabaja reforzando sus labores seminaristas para desterrar estas prácticas.
Afecta la credibilidad
"Afecta, cuestiona la confianza, la credibilidad. Y por supuesto constituye, en la medida en que esto pudiera ser cierto, un problema no solamente para la vida de la iglesia, sino para toda nuestra comunidad pastoral", le dijo a BBC Mundo Jaime Coiro, vocero de la Conferencia Episcopal.
José Andrés Murillo, quien junto a otros tres compañeros abrió el camino de denuncias contra religiosos al dar a conocer lo que vivió con Karadima, cree que existe "una realidad bastante extendida en nuestro país" y estima que el surgimiento de estos casos es positivo para crecer como sociedad.
"Yo no le tengo miedo a estas figuras que de pronto van a derrumbarse, y es necesario que se derrumben para que surjan incluso en la iglesia personas comprometidas con los derechos de los niños, con una espiritualidad integrada y sana y verdaderamente religiosas", subrayó.






























