Un cementerio para cientos de inmigrantes sin nombre

21 agosto 2012 Última actualización: 16:49 GMT

En el camposanto de Holtville, a 15 kilómetros del límite entre México y EE.UU., se alinean las tumbas de presuntos indocumentados fallecidos en el desierto o en los canales fronterizos. Y la ciencia forense no puede hacer mucho para identificarlos.
Cementerio de Holtville
Son centenares de tumbas sin nombre: en este “cementerio de los pobres” -como se llama en Estados Unidos a los que subvenciona el gobierno cuando los particulares no pueden costear los entierros- hay más de 350 muertos que no han sido identificado, la mayoría de los cuales se presume han sido migrantes fallecidos al tratar de cruzar la frontera, que está aquí a unos 15 kilómetros de distancia.
Cruz de los
Las tumbas de los indocumentados llevan un número y una leyenda: ‘John Doe’ o ‘Jane Doe’, como se denomina en inglés a los NN. Ubicado en Holtville, en el desértico Valle Imperial de California, este cementerio recibe pocas visitas y no tiene más homenaje que unas cruces rústicas con la inscripción “No Olvidados”. En muchos casos, los familiares de los migrantes no saben dónde buscarlos o desconocen que no han logrado pasar con éxito.
Enrique Morones lidera grupo de estudiantes
El activista Enrique Morones, director de la organización Ángeles de la Frontera, visita Holtville con frecuencia. “Se considera el mayor cementerio de civiles no identificados de Estados Unidos, detrás del de Arlington que es de carácter militar para soldados desconocidos. Los entierran sin servicio religioso, sin identificarlos ni avisar a sus familias. Es una verdadera crisis humanitaria”, denuncia ante BBC Mundo.
Martín Sánchez, cuidador del cementerio de Holtville
Desde hace 27 años, el mexicano Martín Sánchez se ocupa de velar por el sector de tumbas sin nombre, que son en su mayoría compatriotas suyos. Como empleado del camposanto, le toca cavar las fosas y rastrillar la tierra. “Se hace bien poco, unas cuatro veces al año. Es un cementerio que no le importa a muchos”, señala. Como la tierra es extremadamente seca, los ataúdes se colocan en cajas de cemento antes de ser enterrados, para darle al suelo más consistencia.
Cruces de madera
En el último año, el número de entierros ha bajado: apenas dos cuerpos sin nombre han llegado a Holtville. Pero no se trata de que haya menos muertes en la zona fronteriza, sino que las autoridades del condado optan por la cremación, que cuesta menos que subvencionar un lote en el cementerio. De aquellos cuerpos que se creman se mantienen muestras de ADN, para permitir los análisis de identidad en el futuro.
Sector pago del cementerio de Holtville
El sector donde están enterrados los migrantes queda en la parte trasera de un cementerio de pueblo. Las diferencias saltan a la vista: mientras que el sector de pago está regado y tan verde como el clima permite, entre las tumbas de los pobres no crece el pasto. “Nos critican, pero hacemos lo mejor que podemos considerando la calidad del suelo y el dinero que recibimos (del condado)”, se defiende el superintendente Chuck Jernigan.
Paula Campos Parra, madre de dos migrantes muertos
Paula Campos Parra vive junto al muro que divide México de Estados Unidos y ha visitado el cementerio de Holtville en dos ocasiones. Ha perdido a sus hijos en la zona fronteriza: uno de ellos falleció en un episodio de violencia y lo enterraron como NN hasta que ella pudo reconocer el cadáver; el otro permanece desaparecido. “No pierdo la esperanza de encontrarlo, pero cada día que pasa se paga un poquito la luz de esperanza”, dice la mexicana.
Muro fronterizo a la altura de El Centro, California
Desde que se inició la construcción del muro divisorio y se intensificaron los controles fronterizos, a mediados de los años 90, se estima que al menos 3.800 personas han perdido la vida intentando cruzar hacia el norte. Pero no existen cifras exactas y algunas organizaciones consideran que el número de víctimas es superior a 6.000. Entre 180 y 280 personas mueren cada año, según datos de grupos civiles.
Vallas antivehículos en la frontera a la altura de El Centro, California
En algunos tramos de frontera del Valle Imperial no existe muro elevado, sino barreras anti-vehículos destinadas a frenar el paso de cargas no autorizadas. Una práctica que, según la Patrulla Fronteriza, se ha intensificado a partir de que el narcotráfico aumentó su presencia en la zona. A la izquierda de esta valla está México. Y aunque es posible cruzar caminando, las autoridades controlan este sector con cámaras de seguridad.
Mástil de agua y alerta roja en el desierto fronterizo
Las temperaturas alcanzan los 50 grados centígrados en este desierto que se cobra la vida de muchos migrantes. Las autoridades estadounidenses han instalado mástiles como éste, con un servicio de llamada de emergencia para aquellos que no tienen fuerzas para continuar. Pero pocos los usan: tocar el botón rojo hará que una patrulla llegue en cuestión de minutos y proceda a detener a quien no tenga permiso de paso.
Gafas rotas halladas en el desierto
En el desierto quedan también huellas de los migrantes en tránsito, objetos de los que no se conoce dueño pero se presume fueron perdidos por quienes pasan caminando. Según la Oficina Forense, encargada de recibir los restos de presuntos indocumentados fallecidos, lo que se ve con mayor frecuencia son bolsos, zapatos, ropas, algún objeto personal como estas gafas y estampas religiosas. Poco más: los que intentan cruzar vienen con lo puesto.
Thomas García, forense
Thomas García es el supervisor de la Oficina Forense de El Centro, donde reciben unos 40 cuerpos al año de presuntos sin papeles fallecidos en la zona de Holtville. Un 40% de ellos logra ser identificado. “Es muy difícil porque no hay registros ni traen nada encima. En algunos casos no podemos siquiera determinar la causa de muerte porque ha pasado mucho tiempo y los restos están deteriorados por la acción de los animales”, indica García.
Vehículo de la Patrulla Fronteriza de EE.UU.
La Patrulla Fronteriza ha aumentado su presencia en la zona, de 800 efectivos que tenía hace unos años a más de 1.200. Los agentes vigilan durante las 24 horas, con tecnología avanzada –como cámaras infrarrojas o sensores de movimiento para la noche- y otros recursos más básicos, como el de alisar la arena con llantas viejas atadas con cadenas al auto policial para que sea más fácil detectar pisadas.
Miembros de la Patrulla Fronteriza junto al Canal All-American
Aunque la deshidratación es la principal causa de muerte para los sin papeles, un tercio de los hallados en esta zona se ahoga en el Canal All-American, la principal fuente de irrigación del Valle Imperial, que corre paralelo al muro y tiene corrientes intensas aunque a primera vista parezca sencillo de cruzar a nado. Algunos cuerpos son hallados a varios kilómetros de aquí, arrastrados por las aguas por canales subsidiarios.
Interior del vehículo de la Patrulla Fronteriza de EE.UU.
Según la Patrulla Fronteriza, en el sector se realizan un promedio de 100 detenciones diarias de migrantes no autorizados. “El trabajo último de nosotros es identificar al ‘coyote’ o ‘pollero’, para ponerle cargos criminales. Aunque alguien no se muera en el grupo, buscamos identificar quién los ayudó a cruzar a cambio de dinero, porque hoy son muy pocos los que cruzan solos”, señala a BBC Mundo el agente Armando García. (Fotos: Valeria Perasso, enviada especial a Holtville).