Londres 2012: crónicas de una ciudad olímpica (II)

Última actualización: Domingo, 5 de agosto de 2012

Boris bus - 05/08/12

Boris Johnson en la audiencia de la competencia de natación

Boris Johnson (en el centro) está en todas partes.

"Hola amigos, soy el alcalde de Londres". ¿Qué hace él aquí?, me pregunté desde el segundo piso del bus en el que viajaba esta mañana.

Pero él no estaba allí, era su voz saliendo por la megafonía del vehículo. En un escueto mensaje, Boris Johnson, el alcalde conservador de la ciudad, advertía a los londinenses que por los Juegos Olímpicos era buena idea planificar mejor los traslados por la ciudad y prever que los viajes demorarían más de lo habitual.

En los 6 años que llevo aquí, esta era la primera vez que por el sistema de comunicación de un bus de Londres escuchaba la voz de un político o cualquier otra que no fuera la de las grabaciones que anuncian la próxima parada, el destino del bus, un cambio de recorrido o al enojado conductor gritándole a alguien que pague el pasaje.

Pero Johnson tiene la habilidad de meterse en esos rinconcitos cotidianos en los que menos uno se lo espera. Por ejemplo, logró que a las bicis de alquiler del sistema público de la ciudad todos las llamen "Boris’ bikes" y no "Barclay’s bikes", que es el nombre del auspiciante de la iniciativa o "Ken’s bikes", que es el nombre de pila del anterior alcalde de la ciudad (Ken Livingstone) e impulsor original del proyecto.

La importancia de llamarse Oteng – 04/08/12

Elvis Mamishzada vs. Tgstsogt Nyambayar

A Elvis Mamishzada tal vez le hubiera gustado recibir menos gritos...y menos golpes.

En el escenario del boxeo olímpico se logró una atmósfera fantástica. Incluso, para añadir un toque de dramatismo, los peleadores salen a su cita con el cuadrilátero a través de un túnel con luces rojas intermitentes.

El este de Londres, sede principal de los Juegos, tiene una fuerte tradición boxística, así que las multitudes que conforman la audiencia de estos encuentros saben bastante del deporte.

Pero en los Olímpicos, lo que me ha hecho reír es el comportamiento de los fanáticos británicos cuando ninguno de los boxeadores representaba su bandera.

No teniendo a quien apoyar de corazón, decidieron que lo mejor era corear al pugilista cuyo nombre era más fácil de pronunciar.

Así, pues, cuando el puertorriqueño Jeyvier Cintron Ocasio combatía al bostwano Oteng Oteng, los fanáticos británicos gritaron "Oteng, Oteng, Oteng, Oteeeeeeeng...Oteeeeng, Oteeeeng", al son de "olay, olay, olay, olay".

(Nota de la Redacción: para nada, porque Ocasio lo despachó. Pero el perdedor se llevó al menos el calor de unos aplausos y unas coreadas con su nombre).

Otro boxeador africano que se benefició de esto fue Benson Njangiru de Kenia. Durante su pelea con Hesham Abdelal de Egipto, la audiencia se decantó por...BenSOOOON...BensOOOOON. ¡Benson (palmada, palmada, palmada)! ¡Benson (palmada, palmada, palmada)!

Del mismo modo, Elvin Mamishzada de Azerbayán puede darle las gracias a su padres por haberle dado ese nombre, que le garantizó el respaldo frente a Tgstsogt Nyambayar de Mongolia. Elviiiiiiiiiiiin, Elviiiiiiin, Elviiiiiiiiiiin, gritaron todos, ¡como si fueran fanáticos de toda la vida!

(Nota de la Redacción: Benson y Elvin también perdieron sus encuentros. Quizás a ninguno de los tres le hubiera importado sacrificar algunos gritos, a cambio de recibir menos golpes...)

Creo que los fanáticos del boxeo británicos sólo quieren mantener las cosas simples.

Cuando se desborda el espíritu británico - 03/08/12

Ciclismo

El jueves les describía la ceremonia de apertura de Londres 2012 desde la barrera, este viernes les puedo hablar del desbordante espíritu británico desde el interior del velódromo olímpico en una de las jornadas más emocionantes de los juegos: el debut del equipo británico, campeones olímpicos en Pekín.

Llegué al Parque Olímpico pletórico con una entrada que gané en una rifa entre mis compañeros. Era mi primera vez en unos Juegos Olímpicos y no sabía que iba a aterrizar en un torbellino de emociones, banderas erizadas, gritos de júbilo, medallas y récords mundiales de ciclismo.

Después de atravesar el parque, sembrado de edificios dentados y futuristas, vi el velódromo o, mejor dicho, "la papa pringle", como le dicen los británicos, por su forma cóncava. En el camino zigzagueaba familias luciendo la bandera en todas sus formas posibles: camisas, sombreros, vestidos para embarazadas.

Una vez adentro, y sentado frente la estilizada pista de carreras, comenzó a bullir la adrenalina colectiva.

"Y ahora con ustedes los campeones que vienen a defender el título. El Team GB (equipo británico)", antes de terminar la presentación comencé a sentir un aleteo de banderas en mis orejas. Todo el recinto era un aleteo de banderas y sonrisas.

A partir de ahí, tanto en las pruebas clasificatorias de sprint masculino y femenino y persecución por equipos, como en la medalla de oro que refrendó el equipo británico comandado por el supervelocista Chris Hoy, el público zarandeaba el velódromo cada que se asomaban los cascos del Team GB.

"Go, go, go" (vamos, vamos), se escuchaba de un extremo al otro del recinto como una descarga eléctrica cargada de tensión, palpitaciones, rostros sudorosos, miradas dilatas… hasta que llegaba un "Yes" sonoro y brutal que inundaba el velódromo como una represa que de repente se revienta.

Aquella jornada el equipo británico rompió cuatro marcas mundiales y ganó la medalla de oro masculina en sprint. Pero no fueron las únicas emociones que recorrieron el velódromo.

Dos ciclistas, una china y otra británica, fueron descalificadas en medios de las protestas del público. Y el británico Philip Hindes, justo en la largada, en el momento de más ansiedad de triunfo, se cayó aparatosamente obligando la repetición de la prueba.

En los intermedios la gente hacía la ola, unas veces rápida y otras veces en cámara lenta. "Slow, slow" (lento, lento), exclamaba el presentador mientras en una pantalla de televisor se veía al sonriente primer ministro británico, David Cameron, que también se había apuntado a la fiesta del ciclismo.

Al final de la jornada el Parque Olímpico era un río de gente contagiado por la alegría del triunfo británico.

Ceremonia desde la barrera - 02/08/12

Vista del estadio Olímpico

Vista del estadio Olímpico desde los alrededores. (Foto: Maite Vidal)

Ante los altos precios para ver la ceremonia de apertura de los juegos y lo difícil de obtener boletas, decidí acercarme a los alrededores del estadio de Stratford para contagiarme un poco del espíritu olímpico.

Algunos colegas y amigos me dijeron que era una locura por las aglomeraciones que iba a encontrar pero, precisamente, esa fue una de las cosas que no encontré.

No recuerdo otro día donde pudiera viajar tan tranquilamente en el metro como el día de la inauguración de los juegos. Desde muchos meses atrás la ciudad estaba llena de anuncios que advertían sobre el caos y la congestión que traerían los olímpicos. Y, sin duda, surtieron efecto para mi suerte.

Pude llegar cerca del estadio (sólo cerca porque en medio estaban las vías del tren), treparme en un puente peatonal y ver como los F16 de la fuerza aérea dibujaban la bandera británica sobre unos cuantos turistas despistados.

Luego todos nos metimos en el único bar de la zona. A medida que avanzaba la ceremonia el lugar comenzó a llenarse de gente de todas las nacionalidades y de familias británicas que venían desde pueblos lejanos para contagiarse como todos del espíritu olímpico. Tampoco llevaban entrada pero sí mochila, cámara y hasta sandwichs que desplegaban sobre las mesas como si fuera un picnic.

Y entonces comenzó el desfile de países. Del atiborrado bar de repente surgían gritos de emoción, de orgullo patrio de los países más disímiles e incluso desconocidos para mí. Había colombianos, italianos, sauditas, jordanos, chinos y hasta un hombre de rasgos asiáticos que se veía pletórico cuando desfiló la representación de Micronesia, unas islas diminutas de Oceanía.

En ese momento sentí realmente la magnitud de la Babel en la que estaba: Londres. Después salimos todos a ver el perfil del estadio, más pequeño y más opaco que en la televisión, sin imaginarnos que en ese momento estaban encendiendo la llama olímpica y que Paul MacCartney se preparaba para cantar Hey Jude.

Nosotros veíamos unos fuegos artificiales inconexos que brotaban del estadio.

El poder del color y el sonido - 01/08/12

Aficionada brasileña

La última vez que fui a Earl's Court, un enorme centro de convenciones del oeste de Londres, fue a ver un show de perros – uno en el que no se entregaban premios. Era solamente una oportunidad de mirar (y rascarle las orejas) a toda clase de canes y de hablar con sus excéntricos dueños.

Anoche Earl's Court estaba muy diferente. Ruidosa, llena de gente, electrizante y con premios. Pero igualmente excéntrica.

Voleibol era la palabra que sonaba como un zumbido. Primero Australia derrotó fácilmente a Reino Unido, frente a una multitud moderadamente ruidosa y bien educada en los dos bandos. Pero a continuación los niveles de ruido se duplicaron y el color cambió completamente.

El amarillo y verde de Brasil opacó completamente al blanco y azul de Rusia. Los dos ex campeones mundiales se enfrentaron en un Earl's Court ensordecido por los gritos, chillidos, silbidos, patadas en el piso y cualquier otro sonido imaginable.

Y entonces sentí por primera vez lo apasionado que un fanático deportivo puede ser. Cada punto que ganaba el equipo brasileño era celebrado por cada compatriota como si fuera el logro propio de toda una vida. Jóvenes y viejos, y también de la mediana edad; hombres, mujeres y niños se meneaban al son de la música que escapaba a todo volumen de los enormes altavoces, mientras ondeaban banderas y se dejaban ver en pueriles abrigos de seda, llevando pelucas, lentes amarillos gigantes y sombreros de bombín igualmente pueriles.

También me di cuenta de otra cosa. Un espectador neutral se vería arropado por esta energía de color y sonido y quedaría persuadido fácilmente de unirse al bando brasileño. Y uno podía casi sentir cómo esta energía se transfería a los jugadores.

Los rusos fueron apabullados. Y me refiero tanto a los jugadores como a sus simpatizantes. Mostraron, sí, algo de resplandor técnico (los jugadores, quiero decir), pero todo se sentía como desinflado de su lado.

Así que la pregunta es la siguiente: si eres un jugador en medio de un campo, que enfrenta una pared de color y ruido que es mucho más fuerte que la de tu oponente, ¿te da eso una ventaja? Si la multitud está actuando como otro jugador a tu favor, ¿es esto juego justo?

Creo que el Comité Olímpico Internacional debería investigar…

Olímpicos hasta en las iglesias - 01/08/12

La fiebre olímpica llega a las iglesias

La fiebre olímpica llega a las iglesias

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¿No era que en Londres llovía? - 31/07/12

LLuvia en el Parque Olímpico

¿Y nadie se acordó de que en Londres llueve?

¿Ni siquiera el verano más lluvioso en años (con un nivel de precipitaciones en junio que no se alcanzaba desde 1860) les recordó que en esta ciudad europea llueve?

Este domingo ingresé por primera vez al complejo olímpico de Londres 2012 y mi fascinación por esta experiencia inédita en mi vida fue, literalmente, pasada por agua.

Y cuando el aguacero cayó sin clemencia sobre las miles de personas que caminábamos desde el estadio a la cancha de hockey, desde el velódromo hasta la piscina de waterpolo, todos descubrimos que no había ningún lugar para guarecerse: ningún refugio, lona, techo a donde correr.

Los únicos refugios posibles eran el local de una firma de comida rápida, la tienda olímpica para comprar souvenirs, el local de una casa de productos electrónicos y unas sombrillas que cubren las mesas donde puede uno sentarse a comer (aunque si la lluvia cae un poco de costado, tu hamburguesa quedará más mojada que la pelota de waterpolo).

No quiero creer en teorías conspirativas capitalistas, aunque el centro comercial gigantesco en la entrada del complejo olímpico haga repensar el deseo de no creer en teorías conspirativas capitalistas.

No quiero imaginarme que las tiendas de los que financian los Juegos son, por una estrategia intencional y bien planificada, los únicos refugios para la lluvia londinense.

Pero me sorprende que a nadie se le haya ocurrido en toda la ciudad que podía llover durante los juegos.

Yo, de la bronca, ni el paraguas de Londres 2012 compré en la tienda de souvenirs. Y aquí estoy, digno pero resfriado. O resfriado pero digno. Ponga usted lector el orden que le parezca más adecuado.

Mucha opción, mucha confusión - 30/07/12

Sede de la gymnasia olímpica

Durante la gimnasia olímpica uno no pude ver todo lo que ocurre a la vez.

El fin de semana viví mi primer evento olímpico de cuerpo presente. Ví gimnasia artística masculina.

Como en cualquier deporte, al verlo en carne y hueso se accede a la totalidad, al continuo, que la TV inevitablemente interrumpe y segmenta. Y se entiende mejor.

Pero no todo es ventaja. El problema de seguir la gimnasia en el estadio es que hay que elegir hacia dónde mirar, y al decidir concentrarse en uno de los aparatos, uno inevitablemente se pierde los ejercicios en los otros (a veces se logra ver alguna pirueta o caída con el rabillo del ojo, apenas).

Puede resultar frustrante. En la tele el director de cámaras elige por uno, no se vive la sensación de estar perdiendo algo. O al menos, uno con fe ciega cree que le están mostrando lo más importante.

Y esto también es válido al hablar de la cobertura televisiva en general. Estos son los primeros Juegos en que, al menos para los que estamos en Reino Unido, hay semejante cantidad de opciones para ver los eventos por TV e internet. Por la tele hay opciones interactivas para pasar entre tres o cuatro transmisiones simultáneas.

Pero lo verdaderamente espectacular está en internet. La BBC ofrece a los británicos hasta 24 canales web simultáneos para elegir qué ver. Y en cada uno, no sólo puede consumirse el evento preferido en vivo, también se puede rebobinar y hasta ver los momentos más salientes cuantas veces uno quiera (los goles, por ejemplo).

Pero el problema, como en el estadio de gimnasia artística, es el mismo: la cantidad de opciones y el saber qué elegir. ¿Estaré mirando para el lado correcto? ¿Será esta la disciplina que vale la pena seguir en este instante? ¿Y si cambio a water polo?

En algunos momentos preferiría tener un solo canal que tan solo me muestre lo fundamental, lo imperdible. Tal vez un solo programa por día, un buen resumen. Pero son momentos de debilidad, luego reconozco que es apasionante tener tanto para ver y vuelvo a encender la PC y a saltar de ping pong a equitación, de voley a remo, de halterofilia a hockey. Y a la noche miro, como en todos los Olímpicos que he vivido, el resumen que da la tele. No vaya a ser que me haya perdido algo.

Anillos flotantes - 30/07/12

Aros olímpicos

Los aros olímpicos en su camino por el Támesis hacia el Tower Bridge. Al fondo pueden ver la catedral de San Pablo.

La otra noche, mientras paseaba por la orilla del Támesis, tuve el privilegio de contemplar esta bellísima imagen. Pero no fue casualidad, ya que una amiga y yo habíamos pasado un par de horas "persiguiendo" los anillos a lo largo del río.

Los habían movido de su emplazamiento original cerca de Battersea Park - al sur de la ciudad - y nos costó un rato localizarlos de nuevo, pero tras hacerlo, emprendimos camino para observarlos junto a Tower Bridge; posiblemente el puente más bonito de Londres, engalanado para la ocasión con luces rosadas y violetas.

No era una noche cualquiera, ya que una estampa multicolor adornaba a su vez otros edificios incluido City Hall - el ayuntamiento londinense – sobre cuya fachada se proyectaba una sucesión interminable de siluetas olímpicas de luz en mil colores.

Si tienen ocasión de hacerlo, acérquense a este punto de la ciudad y contágiense como yo del espíritu olímpico que inunda Londres estos días.

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