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Enrique Peña Nieto, presidente electo de México

Última actualización: Viernes, 31 de agosto de 2012
Enrique Peña Nieto

Enrique Peña Nieto ya puede ser considerado presidente electo.

Enrique Peña Nieto al fin respira tranquilo. Tras casi dos meses de incertidumbre, el exgobernador del estado de México ya puede decir que es el hombre que le devolvió el poder al Partido Revolucionario Institucional, el PRI, quien hace 12 años perdió la presidencia y su hegemonía.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de México declaró este viernes que Peña Nieto fue el vencedor de las presidenciales realizadas el domingo 1 de julio. Esto se presenta menos de 24 horas después de que el mismo tribunal hubiera desechado la demanda por nulidad presentada por el partido del candidato opositor, Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador ya anunció que desconoce el resultado y llamó a la desobediencia civil.

Peña Nieto, de 46 años, había cantado victoria en la noche del 1 de julio, cuando se proclamó vencedor de las elecciones frente a López Obrador, un veterano de la izquierda.

Pero el PRI tuvo que aplazar la fiesta cuando el mismo López Obrador impugnó el resultado de los comicios, alegando que Peña Nieto se excedió en sus gastos de campaña y que utilizó fondos procedentes de lavado de dinero, acusaciones que el priísta rechazó.

Peña, su peinado impoluto y su perenne sonrisa, casi desaparecieron de la vida pública durante los dos meses que duró el complejo proceso legal del Tribunal Electoral de México.

Un hito para un político que se mueve cómodo entre cámaras de televisión, sabedor de su telegenia. Un candidato que recurrió a cinematográficos spots y campañas de mercadotecnia electoral nunca vistas en el país.

El tribunal acabó rechazando las denuncias de la izquierda, dando por válida la elección y por tanto, la victoria del PRI.

Protesta

Grupos opositores prometieron manifestaciones de protesta en contra del fallo.

"No vamos a volver al pasado"

Es el triunfo de la nueva cara del partido que gobernó el país durante más de 70 años y que fuera descrito por el escritor Mario Vargas Llosa como "la dictadura perfecta".

Es ahora cuando Peña Nieto tendrá que demostrar en el gobierno que su forma de ejercer el poder no es la misma que la de sus antecesores priístas.

Y es que sus opositores señalan que Peña Nieto está lejos de ser una cara nueva.

Sus orígenes políticos están en el llamado Grupo Atlacomulco, un exclusivo grupo formado por políticos que nacieron en este pueblo y que suele ser caricaturizado como un dinosaurio de pesada cola que ha manejado los hijos de muchas administraciones priistas.

En Atlacomulco todavía le recuerdan como un adolescente pulcro, organizado y de buenos modales, una fórmula que según sus analistas sigue aplicando.

Graduado en derecho por la Universidad Panamericana, vinculada al Opus Dei, su carrera política se disparó en pocos años como gobernador del Estado de México, el más poblado del país (2005-2011).

Durante su legislatura firmaba compromisos ante notarios, una estrategia que le dio fama de político fiable y que volvió a aplicar en la campaña presidencial.

"Somos una nueva generación. No vamos a volver al pasado. Mi gobierno tendrá la mirada puesta en el futuro. México ya ha cambiado", proclamó desde la sede nacional del PRI en la noche de la elección presidencial.

Una pareja mediática en Los Pinos

Enrique Peña Nieta y Angélica Rivera

La vida personal de Peña Nieto ha sido seguida paso a paso por la prensa local.

Descrito a menudo como "el político más guapo de México", Peña Nieto no oculta su lado mediático: su rostro ha ocupado casi tantas páginas en los diarios políticos como en las revistas del corazón.

Desde la muerte de su primera esposa en 2007, sus años como padre viudo de sus tres hijos y su boda en noviembre de 2010 con la actriz de telenovelas Angélica Rivera, conocida como La Gaviota por una popular telenovela que protagonizó, su vida personal ha sido seguida paso a paso por la prensa local.

Las imágenes de la pareja saliendo de la catedral de Toluca (capital del Estado de México) el día de su boda fueron repetidas hasta la saciedad por los medios mexicanos.

Ahora, las revistas del corazón se frotan las manos ante la llegada a Los Pinos de una primera dama que en su juventud posó en sus portadas en bikini o del brazo de cantantes y actores de moda.

Inmune a escándalos

A pesar de sus deslices culturales y de casos de corrupción que han afectado al partido, la imagen de Peña Nieto ha salido airosa.

Su incapacidad para nombrar o recordar un libro que había influido en él, más allá de la Biblia, cuando le preguntaron en la Feria del Libro de Guadalajara, o su desconocimiento del precio de la tortilla (un alimento básico para los mexicanos) argumentado que no era "la señora de la casa", ahora se ven como anécdotas.

"Este señor tiene derecho a no leerme", dijo el difunto escritor Carlos Fuentes en una entrevista para BBC Mundo al referirse a Peña Nieto después de que éste atribuyera la autoría de su libro La silla del águila al también mexicano Enrique Krauze.

"Lo que no tiene derecho es a ser presidente de México a partir de la ignorancia, eso es lo grave", subrayó Fuentes.

Sin embargo, los resultados de las elecciones señalan lo contrario.

Y es que ni las críticas ni la revelación de infidelidades ni los dos hijos que tuvo con amantes durante su primer matrimonio ni los casos de corrupción que afectaron al gobernador de Coahuila y presidente del PRI, Humberto Moreira, hicieron mella en la popularidad de Peña Nieto.

Las críticas personales y políticas, dice Peña Nieto, vienen de opositores envidiosos.

Hay quienes piensan que su triunfo es proporcional al cansancio de la sociedad mexicana por la lucha del PAN contra el narcotráfico, aunque Peña Nieto ha subrayado después de atribuirse el triunfo de las elecciones que "no habrá pacto ni tregua con el crimen organizado".

Eso sí, se ha comprometido ante notario en reducir el número de homicidios, secuestros y extorsiones que afectan a la sociedad mexicana.

El hombre que devuelve el poder al PRI gobernará sin mayoría de su partido en el Congreso, como sí lo hicieron otros presidentes priístas.

Y tendrá que esforzarse para satisfacer a todos aquellos que aún recelan de esas siglas o piensan que el largo proceso judicial en el tribunal electoral cuestiona la legitimidad de su triunfo.

Sea o no verdadero el ánimo conciliador con el que Peña Nieto se ha presentado a los mexicanos, cuando en diciembre se convierta en presidente le tocará gobernar un país que se parece poco al de la época dorada de su partido.

Contexto

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