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La soledad del mejor amigo del Solitario Jorge

Última actualización: Miércoles, 27 de junio de 2012
Don Fausto Llerena junto al Solitario Jorge Foto: gentileza Dirección del Parque Nacional Galápagos

Don Fausto Llerena fue el principal cuidador del Solitario Jorge durante tres décadas. Fotos: gentileza Dirección del Parque Nacional Galápagos

Con la muerte del Solitario Jorge, el mundo perdió al último sobreviviente de una subespecie y Ecuador al gran símbolo de las islas Galápagos. Pero don Fausto Llerena perdió a su mejor amigo.

Solitario Jorge Foto: gentileza Dirección del Parque Nacional Galápagos

El Solitario Jorge había sido hallado en el 72 en la Isla Pinta.

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Durante tres décadas, Llerena fue el cuidador principal de la tortuga gigante de más de 100 años, último sobreviviente de la subespecie Chelonoidis Abingdoni. Y su devoción al solitario Jorge y a la conservación fue reconocida incluso en el nombre del centro donde habitaba el quelonio, el Centro de Crianza de Tortugas Gigantes Fausto Llerena, en la isla Santa Cruz.

El pasado domingo, cuando el guardaparque de 72 años fue a visitar a su amigo, como solía hacer incluso en sus días libres, notó que no fue a recibirlo como siempre y lo halló muerto en un sitio en su corral.

"Venía a mi encuentro, se paraba enfrente y estiraba el cuello y abría la boca. Y ahí se quedaba parado con la boca abierta un buen momento, con la mirada fija, sin parpadear, como si quisiera decirme algo"

Fausto Llerena

"Yo estuve cuidándolo desde el año 1983, siempre venía a dar el encuentro", dijo Llerena a BBC Mundo.

El solitario Jorge tenía una "personalidad compleja", y sólo "aceptaba hasta tres personas en su corral a un mismo tiempo, si no, se retiraba. Si estaba yo solo era cuando se quedaba más tiempo".

"Yo sentía mucho afecto por él, incluso lo iba a visitar los fines de semana. Venía a mi encuentro, se paraba enfrente y estiraba el cuello y abría la boca. Y ahí se quedaba parado con la boca abierta un buen momento, con la mirada fija, sin parpadear, como si quisiera decirme algo".

"Yo lo acariciaba en la cabeza, le daba unas palmaditas y él estiraba más el cuello, y cuando yo salía del corral él se iba al lugar donde descansaba".

Para Llerena, cuando subía la cabeza y estiraba el cuello, el solitario Jorge "quería comunicar un saludo, darme la bienvenida, como si me preguntara, ¿cómo estás?".

"¿Qué te pasa?"

El cuidado de la tortuga incluía la limpieza del corral y la laguna donde se bañaba, así como proveer su dieta de vegetales como porotillo y otoy.

Solitario Jorge Foto: gentileza Dirección del Parque Nacional Galápagos

"Comunicaba mucho con la mirada". El Solitario Jorge tenía más de 100 años y murió sin dejar descendencia.

Llerena cuidó al solitario Jorge las dos veces en que la tortuga gigante sufrió quebrantos de salud. "Una vez estaba más lento, no se movía, y yo le decía, ¿qué te pasa? Y él sólo alzaba la cabeza y miraba". En una primera ocasión un episodio de indigestión fue curado con papaya. "Le dimos primero un cuarto de papaya, luego una mitad y finalmente una entera hasta cuando estaba bien y se suspendió la papaya".

"Otra vez se le cayo una uña. No se movía, fui a verlo y tenía inflamado el brazo. Los veterinarios le pusieron unas inyecciones y ya se compuso".

La fascinación de Llerena con las tortugas comenzó a los 12 años, cuando el guardaparque, que había nacido en la provincia de Tungurahua, en el centro del país, llegó por primera vez con su familia a Galápagos.

"Mi ambicion era tener una tortuga en mi casa, en aquellos tiempos no había todavía un parque nacional. Yo traje una tortuga y la tuve en mi casa 20 años, hasta que se escapó del corral".

Llerena conoció al solitario Jorge desde que fue rescatado en 1972 en la isla Pinta, durante una misión para remover cabras, una especie introducida por el hombre que devastó el hábitat de las tortugas.

"Yo siempre tuve en mi pensamiento que alguna vez se iba a morir, siempre estaba pensando en eso. Tenía la esperanza de que dejaría un descendiente de él pero no fue así"

Fausto Llerena

Se cree que en el pasado existieron cerca de 300.000 tortugas gigantes en las Galápagos, pero fueron diezmadas por piratas que las cazaban por su carne y que introdujeron especies depredadoras.

Desde que fue hallado en la Pinta, Jorge integraba el programa de crianza en cautiverio del Parque Nacional Galápagos, pero no logró dejar descendencia.

"Yo siempre tuve en mi pensamiento que alguna vez se iba a morir pero no se sabía cuando, siempre estaba pensando en eso. Tenía la esperanza de que dejaría un descendiente de él pero no fue así", dijo Llerena a BBC Mundo.

Los científicos batallaron para evitar la extinción de la subespecie a la que pertenecía la tortuga gigantes y se intentó cruzarlo con hembras de características genéticas similares, como las de la especie del volcán Wolf en la isla Isabela.

Pero la tortuga se tomó su tiempo. Sólo después de 15 años de contacto con las hembras Jorge se apareó con una de ellas, pero los huevos no fueron fértiles.

El legado de Jorge

El solitario Jorge murió sin dejar descendencia, pero no sin dejar un gran legado para la lucha por la conservación de especies.

"Hay que ser fuerte y continuar con el mismo ánimo nuestro trabajo porque aquí hay muchas tortugas, tenemos 70 adultas y más de mil pequeños, entonces no tenemos que decaernos"

Fausto Llerena

"Hay que ser fuerte y continuar con el mismo ánimo nuestro trabajo porque aquí hay muchas tortugas, tenemos 70 adultas y más de mil pequeños, entonces no tenemos que decaernos. Tenemos que coger más fuerza porque tenemos más especies que recuperar. No están perdidas todavía pero si nos descuidamos puede suceder algo grave con esas especies, todavía están en peligro".

Llerena cree que la muerte del solitario Jorge es una perdida no sólo para Ecuador sino para todo el mundo y tiene un mensaje especialmente para la juventud. "Tenemos que tener más conciencia sobre las especies naturales, especialmente aquí en Galápagos".

El guardaparque no oculta su sensación de soledad. "Yo le tenia mucho cariño, la primera visita al centro siempre era a él, y ahora ya no hay quien reciba".

"Siento como que se ha ido el mejor amigo, hay un vacío y me da mucha pena, especialmente cuando veo las fotos. En mi corazón es como que no estoy convencido que se ha muerto".

"Pero hay que resignarse y seguir adelante y tener al solitario Jorge siempre en el corazón y en el pensamiento toda una vida".

Don Fausto Llerena junto al Solitario Jorge Foto: gentileza Dirección del Parque Nacional Galápagos

"Hay que resignarse y seguir adelante y tener al Solitario Jorge siempre en el corazón y en el pensamiento toda una vida".

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