Las mujeres detrás del escándalo de Watergate

Última actualización: Lunes, 18 de junio de 2012

Hace exactamente 40 años, Bob Woodward y Carl Berstein, periodistas del diario The Washington Post, empezaron a trabajar en lo que se convertiría en uno de los casos de periodismo investigativo más famosos del mundo: Watergate, que terminaría con la renuncia del entonces mandatario de Estados Unidos, Richard Nixon. Uno de los libros publicados por los reporteros se tituló Todos los hombres del Presidente. Pero en el caso de Watergate hubo muchas mujeres que jugaron un papel clave. Aquí les presentamos algunas de ellas.

Judy Hoback, la contadora

Judy Hoback

Judy Hoback, conocida ahora como Judy Miller está a punto de jubilarse de su trabajo en contaduría.

Los observadores del escándalo Watergate saben de "Garganta Profunda", la fuente anónima que se volvió famosa en el libro y la película "All the President's Men", "Todos los Hombres del Presidente". Pero hubo otra fuente de información muchísimo más importante para los reporteros, que se mantuvo en las sombras y fue bautizada como "la Contadora".

Una empleada del Comité para Reelegir al Presidente (CPR, por sus siglas en inglés), Judy Hoback, era una joven viuda cuand Bob Woodward y Carl Bernstein llegaron a golpear en la puerta de su casa.

Conocida ahora como Judy Miller, está ya a punto de terminar su último empleo de contaduría y jubilarse en Florida.

"Mi jefe en el Comité para Reelegir el Presidente era Hugh Sloan. La mañana del 18 recibí una llamada de él y me dijo que habían entrado a la fuerza en el Watergate y que encontraron dinero en los ladrones. Me preguntó si sabía de dónde venía el dinero. Y luego me dijo: de nuestras oficinas".

"(Woodward y Bernstein) me habían llamado antes pero cuando llegaron a mi casa no sabía que ibamos a tener una conversación tan larga".

"Cuando salió un reportaje en el diario que no decía mi nombre pero me identificaba como “contadora”, esto me atemorizó"

"Ellos tenían mucha información y lo pude verificar. Hablamos de una libreta amarilla con los nombres y el dinero que se había distribuido. Yo era la que hacía la contabilidad de ese dinero para Hugh".

"Los dos periodistas me cayeron muy bien. Eran muy insistentes. Me dio miedo y ellos utilizaron eso a su favor. Pero fueron justos conmigo".

"Cuando salió un reportaje en el diario que no decía mi nombre pero me identificaba como 'contadora', eso me atemorizó".

"Hubo ocasiones en que yo llegaba a la casa en la noche y sentía que alguien me seguía. Unos agentes del FBI me explicaron que sabían lo que estaba pasando y que tal vez mi teléfono estaba interferido. Eso sí me asustó. Quería renunciar, pero también quería ver cómo finalizaba todo".

"Carl y Bob me pideron que les permitiera usar mi nombre en su libro, pero un abogado amigo me aconsejó que no lo hiciera. Recibes tu cuarto de hora de fama y luego te molestan a todas horas".

"Siempre traté de mantenerme anónima. Algunas veces surge que una amiga le dice a alguien 'mira, ella es la contadora', entonces hablamos de eso un poco".

Debbie Sloan, la esposa

Debbie Sloan

Debbie Sloan restó importancia al papel que jugó en el caso Watergate, aunque cambió su vida para siempre.

Hugh Sloan, el tesorero del Comité para Reelegir al Presidente renunció al puesto poco después de la entrata forzada de los ladrones a la sede del Partido Demócrata en el Watergate.

Su esposa, Debbie, recibió elogios por ser la columna vertebral y fuerza moral que lo llevó a tomar esa decisión -aunque ella le ha restado importancia a su papel repetidamente.

Debbie invitó a Woodward y Bernstein a su casa y, desde entonces, su esposo se convirtió en una fuente invaluable para los jóvenes periodistas.

En la actualidad es abuela y vive en Michigan. Recuerda aquel momento como el año en que su cambió vida por completo.

Sobre el método que usaban para hablar con los reporteros, Debbie Sloan relata: "Si no contestábamos la puerta (Woodward y Bernstein) esperaban. Algunas veces salíamos por la puerta de atrás a donde amigos y cuando regresábamos, si encendíamos las luces, volvían a tocar puerta. No golpeaban a la media noche, pero ahí estaban desde la madrugada hasta el anochecer".

"Nuestra vida era una fantasía, ambos trabajábamos en la Casa Blanca, teníamos muchos amigos, gran vida social".

"Empezamos a percibir que las cosas no estaban bien y hablábamos de eso todas las noches. (Mi esposo y yo) teníamos los mismos valores. Hablamos de lo que ocurría pero nunca consideramos mentir al respecto"

"Después del robo al (edificio de) Watergate, J Gordon Liddy (uno de los hombres del presidente) entró y dijo, ‘agarraron a mis muchachos anoche’. Yo me pregunté: '¿de qué habla?'"

"Empezamos a percibir que las cosas no estaban bien y hablábamos de eso todas las noches. (Mi esposo y yo) teníamos los mismos valores. Hablamos de lo que ocurría pero nunca consideramos mentir al respecto".

"Una vez sintió que lo presionaban para que jurara en falso y él se negó hacerlo. Le di toda la razón. Con la renuncia (de Hugh) nos dimos cuenta deque ya no teníamos nada que hacer en Washington."

"Tuvimos algunos amigos que nos apoyaron, pero muchos sospechaban de él, pues el presidente seguía en la Casa Blanca."

"Cuando Bernstein golpeó a mi puerta (por primera vez) me puse muy nerviosa pero traté de mantener la compostura para que no presumiera cosas que no eran verdad".

"En el momento en que hablamos con ellos Hugh ya había renunciado. Ellos fueron muy comprensivos. Le dijeron: ¡guau, usted fue el único que renunció! Todos los demás ceraron filas".



Marilyn Berger, la reportera

Marlyn Berger

Mucho después, Marlyn Berger se convirtió en madre al adoptar un niño de Etiopía.

La veterana reportera diplomática Marilyn Berger no tenía la menor intención de formar parte de la saga de Watergate.

Pero cuando un antiguo empleado del diario The Washington Post que había pasado a ser parte del círculo interno de la Casa Blanca trató de impresionarla cuando tomaban unas copas, descubrió la información que ayudó a establecer una conexión entre los "juegos políticos sucios" y la administración del presidente Nixon.

Cuando compartió lo que aprendió con los periodistas del Post, se convirtió en parte de la noticia.

Ahora, con 70 años, Berger es madre por primera vez, criando un niño adoptado de Etiopía.

"Hubo un hombre, Ken Clawson, que había trabajado en el Post y me dijo, 'me haces sentir como en la universidad, vamos a tomarnos una cerveza'. Le contesté 'si quieres una cerveza ven a mi casa y te doy una pero no puedo salir'".

"A los tres minutos de haber entrado a mi casa me dijo 'yo escribí la Carta Canuck'".

(La carta Canuck fue una carta falsificada enviada al diario New Hampshire durante las primarias demócratas en 1972 que decía que Edmund Muskie se refería a los canandienses despectivamente como 'canucks'. La acusación ocasionó el retiro de Muskie de la carrera presidencial).

"Fui repetidamente donde Carl (Bernstein) y Bob (Woodward) a decirles que tenía información pero ellos me decían que volviera más tarde. Finalmente me pusieron atención"

"Creo que Ken pensaba que la carta era parte de la política y que la política estaba llena de juegos sucios".

"Fui repetidamente donde Carl (Bernstein) y Bob (Woodward) a decirles que tenía información pero ellos me decían que volviera más tarde. Finalmente me prestaron atención".

"Ken luego me preguntó si les había dicho dónde habíamos conversado (sobre la Carta Canuck). Le dije que sí, en mi apartamento. Se alteró y me dijo: 'Estoy casado, tengo una esposa, hijos, un gato'".

"Ken Clawson era un fiel creyente en el lema de Henry Kissinger que 'el poder es el mejor afrodisíaco'. Y Ken pensó que me estaba mostrando lo poderoso que era con su información".

"Tuve un papel muy pequeño en Watergate. Pero no se atravesaron muchas noticias como esa en mi camino".

Martha Mitchell, la asistente de campaña

Martha Mitchell

A Martha Mitchell nadie le creyó sus denuncias. Murió en 1976 después de contar su historia en un programa de TV.

La esposa del entonces fiscal general, John Mitchell, y una de las primeras integrantes del Comité para Reelegir al Presidente, Mitchell frecuentemente sonaba la alerta sobre las irregularidades del comité.

Sin embargo, su exagerada personalidad y los rumores que tenía problemas con el alcohol hizo que muchos la ignoraran.

Tiempo después, los psicólogos acuñaron el término "el efecto Martha Mitchell" para la gente a la que diagnostican como enferma mental porque están diciendo una verdad que parece demasiado descabellada para creer.

Martha Mitchell murió en 1976, pero dos años antes aceptó la invitación del veterano presentador británico David Frost para contar su historia.

Estos son algunos apartes:

"Yo no solo era la esposa del fiscal general o la esposa del jefe de campaña. Yo era una de tres personas importantes en el Comité para Reelegir el Presidente. Tenía mi propio equipo de trabajo, mi propia oficina, lo que hacía a muchos celosos."

"Estuve involucrada en todos los aspectos de la campaña. Viajaba por todo el país, trabajando día y noche para hacer este hombre presidente".

"Desde el 68 me di cuenta de las cosas que estaban planeando pero me lavaron el cerebro, me dijeron que eso es lo que sucede en las campañas"

"Desde el 68 me di cuenta de las cosas que estaban planeando pero me lavaron el cerebro, me dijeron que eso es lo que sucede en las campañas".

"De la entrada en el Watergate no supe sino cinco días después. Creo que el Sr. Nixon siempre estuvo enterado. Apostaría mi vida a que él lo planeó todo".

"Todo eso es increíble. Es como leer una novela de James Bond. No podía creer lo que había pasado conmigo".

"La noche en que Nixon renunció fue la primera vez que sentí toda la verdad de la situación. Me di cuenta de lo que había pasado y ese fue el inicio para decirme a mí misma: tengo dos piernas y debo sostenerme."

"Ahora vivo día a día, nunca pensé que esto me fuera a ocurrir. He perdido la confianza en la naturaleza humana."

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