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Sindicatos de niños defienden su derecho a trabajar

Última actualización: Martes, 12 de junio de 2012
Miguel Valenzuela

Hay niños, como Miguel Valenzuela, que defienden su trabajo mientras sea digno.

Trabajar "les niega (a los menores) la oportunidad de ser niños". Eso es lo que considera la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, no todos están de acuerdo.

En la actualidad unos 215 millones de niños trabajan en todo el mundo, según los datos de la OIT.

El organismo intenta poner fin a esta práctica, por lo que creó el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil.

En 2002, designó el 12 de junio el Día mundial contra el trabajo infantil.

Pero hay quienes no piensan que deberían erradicarse todas las formas de empleo de menores. Y algunos de ellos son niños que trabajan.

Agrupados en diversos movimientos nacionales, miles de chicos en América Latina se oponen a celebrar el Día mundial contra el trabajo infantil y en vez le piden a las autoridades que se enfoquen en mejorar las condiciones de quienes trabajan.

"Lo que habría que erradicar son las peores formas de trabajo: la prostitución, la trata de niños, el trabajo en minas, la venta de drogas, esos son delitos. Nosotros apoyamos el trabajo digno, como el mío", le dijo a BBC Mundo Miguel Valenzuela, de 14 años.

Miguel es peruano. Por las mañanas va a la escuela. Pero todas las tardes trabaja tres horas en el negocio de su madre vendiendo productos para fiestas infantiles.

"Mi mamá me llevaba al negocio desde pequeño. Ella también empezó a trabajar joven, a los 12 años", contó Miguel.

Hace cinco años se enteró por una compañera de clase que cerca de su casa había una sede del Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (Manthoc) y decidió unirse. Ahora es su delegado nacional.

Niños en movimiento

Niño vendiendo flores

En varios países del continente se han formado especies de sindicatos de niños.

El Manthoc es una agrupación que reúne y que está dirigida por menores que trabajan. Les ofrece un espacio para que puedan realizar actividades recreativas, charlas y debates.

Pero más allá de lo social, uno de sus objetivos primordiales es defender los derechos de los niños trabajadores y con ese fin busca persuadir a las autoridades de que implementen medidas que mejoren la calidad del empleo infantil.

Algunos equiparan su función a la de un "sindicato de niños".

Creado en 1976, el Manthoc inspiró a fines de la década de 1980 toda una serie de movimientos similares, tanto en Perú como en otras partes de América Latina.

Hoy Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay y Venezuela tienen sus propias organizaciones, que se coordinan bajo el paraguas del Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (Molacnats).

"Estos movimientos realmente han logrado ganar protagonismo en la región", le dijo a BBC Mundo Erika Alfageme de Save the Children en Perú, una ONG dedicada a promover los derechos de los niños.

Para Alfageme, el gran aporte que hacen es que "permiten hacer una valoración crítica del trabajo infantil".

Erradicar o proteger

Niños con ovejas

En la sociedad andina, que los niños trabajen es perfectamente normal.

Muchas organizaciones dedicadas a la niñez apoyan la campaña de la OIT para erradicar el trabajo infantil. Pero algunas, como Save the Children, se debaten entre manifestarse absolutamente en contra del trabajo infantil o aceptar esta realidad y enfocarse en erradicar las prácticas más abusivas.

"Nuestro foco es proteger a los niños y estamos debatiendo cuál es la mejor forma de hacerlo", explicó Alfageme.

Diversos gobiernos también se encuentran ante la misma disyuntiva. Tal es el caso de Bolivia que, como otras 184 naciones, es miembro de la OIT y por ende se ha comprometido a combatir el trabajo infantil.

No obstante, para el Día del niño, en abril pasado, el presidente Evo Morales se reunió con chicos que forman parte de la Unión de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (Unatsbo) y defendió el derecho de esos menores a trabajar.

"Mantienen a su familia, un trabajo sano, honesto, por eso prohibir el trabajo del niño no compartía, otra cosa es el trabajo y otra la explotación, pero trabajan por necesidad y ellos que trabajan tienen más conciencia social", señaló el mandatario.

La OIT hizo referencia a esta ambivalencia en un comunicado que publicó este lunes.

"Aún persiste una gran disparidad entre la ratificación de los convenios sobre trabajo infantil y las acciones que los gobiernos emprenden para enfrentar el problema", advirtió el organismo internacional en ocasión de este décimo aniversario del Día mundial contra el trabajo infantil.

¿Trabajo infantil = explotación?

Quienes abogan por los derechos de los niños a trabajar piden que se haga una distinción clara entre los empleos "dignos" y la explotación de menores, a la que se oponen tajantemente.

"No podemos permitir que la erradicación del trabajo infantil retroceda en las prioridades de la agenda de desarrollo, todos los países deberían esforzarse para alcanzar este objetivo, individualmente y colectivamente."

Juan Somavia, Director General de la OIT

A diferencia de la OIT, rechazan la idea de que cualquier empleo es malo para un menor.

"Afirmamos que el trabajo en sí no es negativo, ni dañino a nuestra condición de niños, niñas y adolescentes sino depende de las condiciones en que se trabaje", sostienen los miembros del Movimiento Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes del Perú (Mnnatsop), desde su página oficial en internet.

Muchos, como el propio Miguel, creen que, lejos de perjudicarlos, trabajar puede ser positivo para los niños.

"En mi trabajo refuerzo las matemáticas porque tengo que calcular los precios y también tengo que tratar con los clientes, lo que ayuda con mi desarrollo social", aseguró.

Para Janeth Urcuhuaranga, coordinadora del Manthoc, "el trabajo dignifica a la persona, más allá de la edad".

Urcuhuaranga no está de acuerdo con quienes creen que los niños sólo deberían dedicarse a estudiar.

"La educación, el trabajo y la recreación van mano en mano", aseguró, algo con lo que Miguel estuvo de acuerdo: "estudiar, trabajar y jugar completan el desarrollo personal de un niño", opinó.

Según Save the Children, la vasta mayoría de los menores que participan en movimientos de trabajo infantil asisten a la escuela y tienen empleos acordes con sus capacidades.

Tradición cultural

Niños trabajando en panadería

Algunos niños defienden su derecho a trabajar y no son necesariamente explotados.

Alfageme destacó que existe una concepción muy distinta del trabajo infantil en los países desarrollados y en los del tercer mundo, y dijo que a veces las diferencias culturales pueden llevar a una doble moral.

"En Estados Unidos o Europa está totalmente aceptado que un niño reparta diarios o corte el pasto para ganar dinero, o que un adolescente trabaje como mozo o en una cadena de comida rápida", ejemplificó.

"En cambio, en muchas partes de América Latina es normal que los niños ayuden desde pequeños con las tareas del hogar o que colaboren con el trabajo de los adultos, en especial en zonas rurales", detalló.

"¿Quién determina lo que constituye explotación infantil?", preguntó.

No es casual que la mayoría de los movimientos de niños trabajadores surgiera en la región andina. Allí -como resaltó el presidente boliviano- es común que los niños ayuden a mantener a su familia.

"En la región andina los niños son considerados parte activa de la sociedad y de la economía familiar y desde pequeños cumplen un rol en la comunidad", observó la experta.

"Hay una visión muy diferente de la europea, que piensa al niño como un ser incapaz o limitado", opinó.

Poca cabida

Por ahora, los movimientos de niños trabajadores han tenido un éxito limitado a la hora de defender su derecho a trabajar.

La OIT desmerece su importancia, porque considera que son poco representativos.

En efecto, en términos numéricos, los miembros de las diferentes organizaciones nacionales representan una fracción muy menor del total de niños y adolescentes que trabajan en esos países.

Por ejemplo en Perú, donde comenzó el movimiento hace más de tres décadas, se estima que menos de 3.000 niños son miembros de organizaciones de trabajadores.

No obstante, en países como Bolivia y Venezuela las autoridades han dado mayor cabida a estos grupos.

Para Alfageme, no hay que quedarse en los números, sino en la importancia del mensaje.

"Estos movimientos nos muestran nuevas formas de pensar la infancia y debemos escucharlos", sentenció.

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