En fotos
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Esta foto de José Luis Borges, tomada en 1978, forma parte de la muestra del fotógrafo argentino Daniel Mordzinski que se inauguró esta semana en el Instituto Cervantes de Londres. Fue la primera foto que le tomó a un escritor y con la que empezó a elaborar –sin saberlo en ese entonces- un atlas de la literatura hispanoamericana.
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Mordzinski evita retratar a los escritores trabajando en sus despachos. Para sacar a un escritor de su pose de escritor nada mejor que ponerlo en otra pose, le dice a BBC Mundo. En la foto vemos a Luis Sepúlveda, el escritor chileno con quien compartió una amistad de 20 años. Juntos recorrimos la Patagonia, cruzamos el estrecho de Magallanes, buscamos al Golem en Praga, visitamos escritores que admiramos en cementerios de Moscú….
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Con Vargas Llosa decidieron recrear una escena de su infancia. El escritor le contó como su madre lo retaba porque se quedaba leyendo hasta tarde. Para evitar más regaños Vargas Llosa se escondía bajo la cama y leía con una linterna. En la foto, Mordzinski la reemplazó por una vela, y la lectura se transformó en escritura. Es una fotinksi, dice el fotógrafo, una palabra inventada que describe su manera particular y juguetona de fotografiar.
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El humor es otro de los elementos siempre presentes en las fotos de Mordzinski. Aquí vemos a Gonçalo M. Tavares, Andrés Neuman y Eduardo Halfon haciendo malabares con manzanas. Estábamos cenando y me pidieron que les haga una foto de recuerdo y en vez de hacer una foto tipo grupo de familia, todos en una línea, vi que en la mesa había unas manzanas y se me ocurrió eso, dice Mordzinnksi.
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"Cuando miro esta foto de Carlos Fuentes tomada durante el Hay Festival de Cartagena de Indias 2012 pienso que su desaparición es una perdida irreparable, solo me queda el consuelo de ver su rostro lleno de inteligencia y bonhomía. Quizá esa sea la gran virtud de la fotografía: hacer perdurar instantaneas de vida", dice el fotógrafo.
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Mordzinksi todavía recuerda los nervios que sintió antes de tomarle esta foto a Gabriel García Márquez, y eso que ya lo había fotografiado antes en muchas ocasiones. La sesión, dice, se prolongó por más de una hora. Estaba todo vestido de blanco, con sus zapatos blancos, la camisa amarilla…. Cuando lo vi llegar me empezó a temblar el corazón.
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La primera vez que vi la fotografía que Philippe Halsman le tomó en 1966 a Nabokov cazando mariposas, sentí vértigo y una cosita en el estómago. Ese es el momento en el que te das cuenta de que hay cosas que distinguen al arte del resto de las tentativas. Hay quien lo llama magia, suerte, inspiración. Desde entonces cuando siento esa cosita en el estómago sé que estoy en presencia de una foto especial, como esta imagen de Andrés Neuman, cuenta Mordzinksi.




























