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¿En qué se parece la crisis de la eurozona al colapso de Roma?

Última actualización: Domingo, 3 de junio de 2012

Ni Roma ni la eurozona se hicieron en un día...

No había noticieros de televisión en el siglo V. Pero si los hubiera habido, algunos titulares nos dejarían al menos una extraña sensación de deja vu de largo aliento.

"Las noticias en Europa empeoran", podría verse en alguno. "Panorama negro para la economía en la zona de la moneda", diría algún otro.

Las historias hablarían de inflación, de "desórdenes en las calles, con pronósticos de anarquía en algunas partes de Europa occidental", de un "creciente descontento" y de "temores sobre el surgimiento de grupos radicales y movimientos populistas de derecha", ante un cuadro de creciente inflación y desempleo.

Comentaristas describirían una "caída general en la moralidad" y una "apatía" generalizada, con la clase adinerada retirándose a sus mansiones en el campo para esconder su dinero.

¿Suena conocido?

La misma agua

Mucha agua ha corrido debajo del puente entre el declive del Imperio Romano y la eurozona de Ángela Merkel. Aunque a veces parezca que la misma agua ha vuelto al mismo puente, 1500 años después, argumenta el historiador Michael Woods.

En el siglo V, en lo que hoy se conoce como Gran Bretaña, el impacto de los cambios políticos y la erosión económica fue particularmente duro.

Las ricas piezas de cerámica y artículos de lujo que corresponden a épocas anteriores parecen haber desaparecido por completo de los sitios arqueológicos correspondientes a esta época.

La moneda simplemente dejó de ser utilizada, le dice Woods a la BBC.

Los británicos regresaron a una Edad de Hierro de la economía rural. De la autosuficiencia y el trueque terminaron emergiendo eventualmente las sociedades medievales y modernas.

¿Se puede aprender algo de esta experiencia?

Lecciones del pasado

Claro que median muchos años, y las condiciones entonces eran muy diferentes. Para empezar, apunta Woods, las democracias de masas son mucho más complejas que el mundo romano.

"La caída de Roma sirve para recordarnos que las sociedades complejas pueden quebrarse, y de hecho se quiebran (...) Pero en su momento la sociedad se recupera. Después de todo, las sociedades están hechas de personas"

Michael Woods, historiador

"Pero la historia nos dice que las sociedades complejas sí colapsan. Y la gran constante, además del clima y las fuerzas económicas, es la naturaleza humana. Las sociedades, antes como ahora, están hechas de personas, y frecuentemente son destruidas por las personas", señala.

Además del poder de las armas y la influencia del cristianismo, que algunos autores consideran clave en el colapso de Roma, algunos opinan que hay otros factores que jugaron un papel decisivo. Y que son relevantes hoy.

Primero, explica Woods, está la creciente desigualdad entre las clase sociales.

"Cuando los ricos y los pobres comienzan a vivir de forma completamente diferente, esto lleva (tanto antes como ahora) a que los pobres decidan prescindir o 'salirse' del Estado. Todos los estudios sugieren que la sociedad está más contenta cuando se reduce la distancia entre los pobres y los ricos", explica el historiador.

"Incrementa esa diferencia, y afectarás los valores y actitudes de una sociedad, así como la posibilidad de lograr cosas a través del cobro de impuestos", añade.

Los aristócratas del siglo V, cuya fortuna estaba basada más sobre la propiedad de la tierra que sobre las finanzas, contribuían mucho menos que sus antepasados a la defensa y el gobierno.

Eso llevó -como hoy- a un problema de credibilidad entre las personas comunes y los burócratas.

Sentimiento grupal

Según Michael Woods, otros aspectos del colapso de Roma son más difíciles de cuantificar, pero giran alrededor del "sentimiento grupal", esa especie de pegamento que mantiene a los miembros de una sociedad trabajando por objetivos comunes.

Woods recuerda que las sociedades complejas pueden colapsar. Pero los motivos son complejos.

"Todo lo que hicieron nuestros líderes para tratar de salvar la situación terminó teniendo el efecto contrario. La sociedad se convirtió en presa de disputas corrosivas y el disenso, ira hacia los ricos y un oportunismo político desatado, que no distinguía entre lo bueno y lo malo", decía el historiador británico Gildas en el siglo VI.

Otro elemento que notó Gildas fue el influjo de extranjeros desde el continente, que aprovecharon la falta de un orden central para crear subreinos romanos. Siempre estuvieron en minoría, pero tuvieron un tremendo efecto en la cultura británica, apunta Woods.

El final del Imperio Romano fue testigo del surgimiento gradual de identidades regionales, "lo que frecuentemente ocurre en la historia en tiempos de crisis".

"Roma no fue construida en un día, ni cayó en un día. Su sombra todavía nos cobija, un recuerdo impreso casi como información genérica, un recuerdo al que todos pertenecemos", señala.

¿Pero también nos cobija como un espejo distante de nuestra crisis presente?

"La caída de Roma sirve para recordarnos que las sociedades complejas pueden quebrarse, y de hecho se quiebran. Rara vez eso se debe a un solo motivo. Más bien hay múltiples causas que se unen en una tormenta perfecta, como ocurrió alreedor del siglo V d.C.", opina el experto.

"Pero en su momento la sociedad se recupera. Después de todo, las sociedades están hechas de personas. Uno se imagina que las que se recuperan más rápido son las más adaptables, y quizás las que tienen un sentido más fuerte de identidad e historia. El más fuerte sentido de 'sentimiento grupal'".

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