Siria: el papel de Rusia y la falta de un plan B en la comunidad internacional

Última actualización: Lunes, 28 de mayo de 2012
Sergei Lavrov

En su declaración del lunes, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, manifestó que Rusia respeta la soberanía siria y quiere la paz.

¿Hasta qué punto el apoyo de Rusia al crítico comunicado de la ONU contra la última matanza en Siria demuestra un cambio de posición? Y ¿traerá esto más presión sobre el presidente Bashar Al Asad?

En la último comunicación del ministro de Relaciones Exteriores ruso parece evidenciarse cierto viraje, pues dijo que para Rusia no era importante quién estaba exactamente en el poder en Siria. La soberanía del país tiene que ser respetada, dijo, pero sobre todo Rusia quiere que la violencia en Siria termine.

China también apoyó el comunicado de la ONU. Pero es Rusia el actor principal en este drama, porque mantiene una relación cercana –económica, política y militar– con el régimen sirio.

Con Washington hablando cada vez más de una posible transición en Siria del estilo de la que hubo en Yemen, la opinión y el conocimiento desde adentro de Moscú pueden ser incluso más importantes.

Influencia

Sin embargo, incluso su influencia no debería ser sobreestimada. El plan de Kofi Annan para un cese al fuego y el comienzo de un proceso político de transición, que Rusia apoyó firmemente, no está funcionando.

"Ambas partes son culpables"

El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, expresó su profunda alarma por la masacre de Hula de este fin de semana, en la que murieron al menos 108 personas, pero dijo que tanto el gobierno como la oposición eran culpables del asesinato de víctimas inocentes. En una conferencia en Moscú celebrada con su homólogo británico, William Hague, Lavrov añadió que quién esté en el poder en Siria es menos importante que acabar con la violencia. Tanto Lavrov como Hague se reafirmaron en la creencia de que el plan de paz del enviado especial de la ONU en la zona, Kofi Annan, es el mejor camino para resolver la crisis siria.

Los observadores de la ONU simplemente están confirmando lo que ya sabíamos antes de que la comitiva de esa organización llegara a Siria: que la violencia continúa.

El problema es que ni la ONU ni la comunidad internacional tienen una alternativa, un plan B.

Ciertamente, no hay apetito para una intervención militar en esta instancia.

De manera tajante se le ha pedido al presidente Asad que ceda el poder y él no está preparado para hacerlo.

A medida que el derrame de sangre continúa y la frustración aumenta, la posibilidad de que Siria entre en una cruel guerra civil es inminente.

Y hay cada vez más señales de que esos países en el Golfo que ven como única solución armar a las oposición siria están redoblando ya sus esfuerzos.

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