Viaje a la despedazada capital de la oposición siria

Última actualización: Jueves, 10 de mayo de 2012
Homs

La corresponsal de la BBC ingresó a la zona controlada por la oposición en Homs.

La frágil tregua siria, propuesta por la ONU, se quebró este jueves después de la explosión de dos coches bombas en Damasco.

Según las autoridades hay más de 40 muertos y cientos de heridos. Mientras las autoridades calificaron el ataque de acto terrorista y señalaron a grupos opositores, desde la oposición se acusó al gobierno.

Estas explosiones ocurrieron después de una noche de bombardeos del ejército sirio a la ciudad de Homs, los peores de las últimas semanas según la oposición.

En esta ciudad, la más golpeada desde que comenzó el levantamiento contra el gobierno de Bashar al Asad, se desconoce la cifra de muertos pero los primeros informes de los activistas señalan decenas de fallecidos.

La reportera de la BBC Lyse Doucet se adentró en las entrañas de la que muchos consideran capital de la revolución. Esta es su crónica.

A través de una ciudad fantasma

"Ni un solo edificio parece haber escapado al feroz asalto del ejército sirio. Las estructuras que siguen en pie están salpicadas de metralla, ennegrecidas por el fuego. Los bombardeos indiscriminados han arrancado pisos enteros de grandes bloques de viviendas"

Después de varios meses de brutal conflicto en Homs, deambulamos por una ciudad fantasma con enormes barrios desiertos y construcciones y monumentos maravillosos destruidos.

En algunas calles caminas sobre una alfombra de cristal. Todas las ventanas de los edificios están hechas añicos.

Tanto en la noche como en el día suenan tiroteos con bombardeos ocasionales. Aquí no hay un alto al fuego y no lo habrá durante algún tiempo.

Homs, una vibrante ciudad siria, considerada por muchos como un lugar de coexistencia pacífica, se ha llevado la peor parte de los 14 meses del levantamiento contra el gobierno de Bashar al Asad.

El barrio de Baba Amr ha sido el principal objetivo de las fuerzas del gobierno en una ciudad donde circulan los opositores y que ahora la llaman la Capital de la Oposición.

Ni un solo edificio parece haber escapado al feroz asalto del ejército sirio. Las estructuras que siguen en pie están salpicadas de metralla, ennegrecidas por el fuego.

Los bombardeos indiscriminados han arrancado pisos enteros de grandes bloques de viviendas.

"A ningún gobierno le gusta bombardear a su propio pueblo", comenta el gobernador de Homs, Ghassan Abdulal.

"No teníamos otra opción. Los grupos armados disparaban desde zonas civiles", agrega.

Sociedad dividida

Homs

Edificios enteros han sido destruidos en los bombardeos.

Sólo unas pocas familias han regresado a los lugares que todavía pueden servir como refugio en Baba Amr.

En el camino cubierto de escombros nos encontramos con unos cuantos jóvenes sentados en un banco.

Mientras hablamos con ellos, miembros de sus familias se asoman por las puertas cercanas.

"Damos gracias al ejército sirio por protegernos", exclama el anciano jefe de una familia agitando las manos hacia la ancha avenida donde se ve un pequeño grupo de soldados sirios.

A unas calles de distancia, una mujer nos habla en voz baja. Dice que a su marido y a sus hijos se los llevaron el mes pasado y todavía no tiene noticias de ellos. Su miedo se puede sentir.

Homs es una ciudad dividida, y por lo tanto, peligrosa.

En un barrio céntrico controlado por el gobierno, algunas cafeterías están abiertas y se pueden ver vendedores de frutas y verduras y niños jugando en las calles.

También se ven soldados sirios en puestos de control improvisados.

Francotiradores escondidos

Homs

Otros 11 observadores se sumaron al equipo de la ONU en Homs.

Dos estudiantes universitarios que pasan por allí se acercan y nos señalan los tejados. Nos dicen que había francotiradores posicionados.

A poca distancia de allí, amplias avenidas llenas de piedras y cristales lucen extrañamente tranquilas. No hay autos en la vía. De repente suenan algunos disparos mientras dos hombres armados y vestidos de civil patean una puerta metálica.

Algunas fuentes estiman que entre el 15% y el 20% de Homs estaba controlada por la oposición. Un área similar todavía está en disputa.

Viajamos a Homs, la tercera ciudad de Siria con un equipo de la ONU que llevaba apoyo logístico.

El grupo está conformado por ocho observadores militares y tres civiles.

Los nuevos soldados de la ONU llegaron procedentes de Yemen, otro estado árabe que está viviendo su propia confrontación.

A lo largo de Siria, el contingente de Naciones Unidas incluye 70 miembros, entre ellos 40 militares, y se espera que llegue a 300 observadores a finales de este mes.

Desarmados, se mueven por Homs en vehículos blindados de la ONU.

En las áreas controladas por el gobierno, un policía sirio y una escolta del ejército les acompañan en una patrulla hasta los puestos que delimitan las zonas ocupadas por la oposición.

A partir de ahí, el equipo de la ONU tiene que moverse por su cuenta ayudado por sus contactos.

A medida que avanzamos por un bastión de la oposición, a través de barrios casi borrados por un mes de intensos combates, el convoy de la ONU disminuye la velocidad. Durante el trayecto ningún vehículo o persona pasa a nuestro lado.

Pero al final del barrio de Al Hamidiya, encontramos más movimiento y tráfico, incluidas pequeñas furgonetas repletas de artículos para el hogar y familias en busca de nuevas viviendas.

La canción de los mártires

"A ningún gobierno le gusta bombardear a su propio pueblo. No teníamos otra opción. Los grupos armados disparaban desde zonas civiles"

Ghassan Abdulal, gobernador de Homs

Un antiguo edificio público, pintado con la bandera tricolor de la oposición Siria (verde, blanco y negro), está rodeado de una barrera de sacos de arena. Nos cuentan que el lugar era utilizado por los comandantes del Ejército Libre de Siria.

Un grupo de hombres con pistolas colgadas en sus hombros, sentados en el suelo, beben una taza de té.

"La televisión estatal mostró mi imagen y me llamó terrorista. Además dijo que estaba muerto", exclama un hombre de camisa negra con un pañuelo alrededor de su frente.

"Estas son todas las armas que tenemos", agrega señalando una pistola en una funda de cuero.

Mientras le preguntamos sobre las versiones de que la oposición también está violando la tregua propuesta por la ONU, otro hombre le interrumpe: "ellos nos empujaron a esta violencia. Y lo que estamos haciendo es defendernos".

Nos preparamos para salir y un joven cojea hacia nosotros en ropa deportiva roja y gris manchada de sangre.

Abdul Basit Alsarout, un cantante sirio conocido por su habilidad en el fútbol, es muy popular entre los activistas por su canción para los mártires.

Un grupo de hombres jóvenes y niños escuchan la melodía mártires mientras se oyen disparos a lo lejos.

De repente, llegan los observadores de la ONU para advertirnos de que tengamos mucho cuidado porque la ciudad es peligrosa.

Contexto

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