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El tesoro caribeño que se disputan Colombia y Nicaragua

Johnny Key, parte del archipiélago de San Andrés y Provicencia

La disputa es por aproximadamente 50.000 kilómetros cuadrados del mar Caribe y varios islotes deshabitados en una zona que, por su belleza, bien podría ser un pedazo del paraíso.

Pero lo más importante parece estar bajo del agua.

Es el diferendo limítrofe que enfrenta a Colombia y Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que esta semana les dio a ambos países la oportunidad de presentar sus alegatos finales.

El juicio inició en 2001 y seis años después la Corte emitió una primer resolución en la que ratificó la soberanía de Colombia sobre las islas caribeñas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, pretendidas por el país centroamericano.

En esa oportunidad, sin embargo, el tribunal también dejó pendiente el tema de la posesión de varios cayos deshabitados ubicados al norte de esas islas y se declaró competente para revisar los límites marítimos entre ambas naciones, tal y como pedía Nicaragua.

Eso significa que la próxima decisión de la Corte –para la que todavía hacen falta varios meses- tendrá implicaciones para la futura explotación de una zona rica en recursos pesqueros y, aparentemente, también en petróleo.

Y, para muchos, ahí está la clave del actual litigio, por más que sus antecedentes se remontan a más de 200 años.

En negro secreto submarino

"Nicaragua, a través de las concesiones otorgadas a la empresa Noble Energy, ya identificó yacimientos de petróleo liviano de buena calidad a sólo diez kilómetros de la zona en litigio", le dijo a BBC Mundo Iris Valle, oficial de incidencia para megaproyectos de energía e hidrocarburos de la organización ecologista nicaragüense Centro Humboldt.

Una disputa bicentenaria

El litigio que está intentando dirimir la Corte Internacional de Justicia de La Haya en cierta forma inició en 1803, cuando la corona española decidió trasladar la responsabilidad del archipiélago de San Andrés -ubicado a 220 kilómetros de Nicaragua y a 775 km de las costas colombianas- al entonces Virreinato de Nueva Granada.

Ya como naciones independientes Colombia y Nicaragua intentaron poner fin a varios años de disputas mediante el tratado Bárcenas-Esguerra, firmado en 1928. El tratado reconocía la soberanía de Colombia sobre las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y hacía del meridiano 82 la frontera marítima entre ambos países.

En 1979, sin embargo, Nicaragua dejó de reconocer el tratado aduciendo que el mismo había sido suscrito cuando el país estaba intervenido por Estados Unidos, el que había decidido utilizar las islas como moneda de cambio para compensar a Colombia por la pérdida del territorio panameño.

El caso fue llevado a La Haya en 2001 y en 2007 la corte ratificó el derecho de Colombia sobre las islas. El tribunal, sin embargo, se dijo dispuesto a revisar la validez de la actual frontera marítima y el derecho sobre los cayos Roncador, Quitasueño y Serrana.

Su sentencia será inapelable.

"No están identificadas las cantidades, pero sí la calidad del petróleo. Y posiblemente también tenga un manto de gas", agregó.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, decidió por su parte interrumpir la exploración petrolera en la zona en octubre del año pasado, aduciendo razones medioambientales.

Pero, según el investigador del departamento de geociencias de la Universidad Nacional de Colombia Carlos Alberto Vargas, se estima que la llamada Cuenca de Los Cayos podría contener cerca de 6.000 millones de barriles de petróleo equivalentes (mbpe).

Mar de siete colores

Así las cosas, la posibilidad de que en el futuro cualquiera de los dos países permita la explotación petrolera en la zona es motivo de inquietud tanto para los ecologistas nicaragüenses como para los colombianos.

Y, sobre todo, preocupa a los habitantes de las islas, que hacen parte de un territorio declarado Reserva de la Biósfera por la Unesco hace ya 12 años.

"La Reserva representa el 70% de los corales de Colombia y es uno de los corales y ecosistemas coralinos mas conservados del Caribe", le dijo a BBC Mundo Arne Britton, subdirector de mares y costas de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Coralina.

"Y una de las características que tiene la reserva es 'el mar de los siete colores': un mar transparente, un agua cristalina que tiene un potencial ecoturístico bastante importante", agregó.

De hecho, el turismo ya es, junto con la pesca, la actividad económica más importante del archipiélago.

Y, para Britton, la exploración y la explotación de hidrocarburos representa una amenaza para ambas.

Paraíso en riesgo

Por esta razón, Coralina está intentando hacer que la justicia colombiana prohíba definitivamente la actividad petrolera en la Cuenca de Los Cayos.

"Recibimos con mucho beneplácito la decisión del presidente (de no permitir exploraciones de hidrocarburos en la zona), pero a nosotros podríamos dormir más tranquilos si se lograra que el tribunal fallara a favor de nuestra acción popular", explicó Britton.

Y la posibilidad de que un fallo a favor de Nicaragua en La Haya permita que el país centroamericano empiece a extraer petróleo en las proximidades del archipiélago es algo que también preocupa al funcionario.

"Eso es lo que más tememos, no serían buenas noticias para la reserva, las áreas marinas protegidas y para todo lo que hemos hecho en todos estos años hará garantizar el uso sostenible de los recursos naturales, sobre todo para la comunidad pesquera", afirmó.

La explotación petrolera en esa zona del Caribe, sin embargo, tampoco atrae a los ecologistas nicaragüenses, que también parecen dispuestos a dar batalla.

equipo defensa de colombia en La Haya

El equipo de Colombia en La Haya lo encabezan los excancilleres Julio Londoño Paredes (izquierda) y Guillermo Fernandez de Soto (centro)

"El petróleo puede representar una importante fuente de ingresos, pero el riesgo ambiental es demasiado alto", le dijo a BBC Mundo Iris Valle, quien también considera que las industrias extractivas por lo general generan distorsiones y dependencias que atentan contra los proyectos de desarrollo sostenible que necesitan países como Nicaragua.

Y, según Valle, incluso el empleo que pudieran generar las plataformas petroleras es limitado y requiere de una mano de obra demasiado tecnificada como para beneficiar a las comunidades de la zona que, de por sí, verían afectadas sus ocupaciones tradicionales.

En cualquier caso, la ecologista nicaragüense no considera que el riesgo sea mayor en el lado nicaragüense que en el lado colombiano.

"La principal diferencia es que en Nicaragua el proceso de exploración está más avanzado. Pero los dos países parecen igual de comprometidos con las concesiones petroleras", dijo.

Lo que parece sugerir que la disputa por el futuro de este paraíso caribeño podría extenderse más allá de la resolución de La Haya.

Contexto

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