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El rostro oculto del secuestro en Colombia

Última actualización: Miércoles, 4 de abril de 2012
Afiche en apoyo de Judy Correal, víctima de secuestro

La familia de Judy Correal no se sintió apoyada por las autoridades porque el caso no era una "operación especial".

Cuando una camioneta de pronto interceptó el taxi que la transportaba y un hombre encapuchado se acercó hasta su puerta, Judy Correal supo que no podía esperar nada bueno.

"Pensé que me iban a matar", le dijo a BBC Mundo, recordando el día que pasó a engrosar la larga lista de colombianos víctimas del secuestro.

Los recuerdos -y los temores- están frescos, pues Judy, de 27 años, apenas recobró la libertad el pasado 26 de febrero, después de haber pasado tres meses en poder de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, ELN.

El ELN es el segundo grupo guerrillero de Colombia y dice luchar por mayor justicia y equidad social en el país. Pero con el secuestro de Correal no perseguía ningún objetivo político, sino dinero.

Esa es, de hecho, la motivación detrás de la mayoría de los secuestros que se producen en Colombia, incluyendo los perpetrados por los grupos insurgentes.

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Pero el involucramiento de las guerrillas hace que el problema del secuestro en Colombia no sea comparable con el de otros países también víctimas del flagelo como Venezuela y México.

Así, hasta este lunes, la mayor parte de la atención pública colombiana, y los esfuerzos del gobierno, parecían estar concentrados casi exclusivamente en el destino de los soldados y policías secuestrados por las FARC con el objetivo de forzar un intercambio de prisioneros.

Y aunque muchos esperan que luego de la liberación de los últimos diez uniformados estos esfuerzos ahora se vuelquen en los civiles víctimas de secuestros extorsivos, que se cuentan por cientos, otros temen que su suerte sea salir definitivamente de la agenda.

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"Totalmente solos"

Judy recuerda como se sentía cuando, en cautiverio, escuchaba los programas radiales dedicados a los secuestrados.

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Los secuestrados civiles

Según la organización antisecuestro País Libre, entre 2002 y 2011 las FARC perpetraron 2.678 secuestros y en la actualidad hay por lo menos 405 civiles secuestrados de los que no se tiene noticia.

"Aún hay cientos de personas cautivas que el grupo debe liberar si realmente pretende que la sociedad colombiana confíe en su anuncio de proscribir el secuestro como arma de guerra”, dijo Olga Gómez, directora ejecutiva de organización.

Según País Libre, la delincuencia común es la principal responsable de los secuestros que actualmente se cometen en Colombia. Pero las FARC son el actor individual con mayor responsabilidad.

"Nosotros pedimos hechos concretos, no pronunciamientos", le dijo Gómez a BBC Mundo, en referencia al anuncio del grupo guerrillero anunciando el fin de secuestros con fines extorsivos.

"Que podamos hablar de cuantos secuestrados en verdad tienen, cuántos están vivos, cuántos están muertos", pidió.

Y el presidente Juan Manuel Santos se hizo eco de ese llamado. "No basta con dejar de secuestrar, hay que liberar a los secuestrados civiles que tienen en su poder", declaró.

"Todo el mundo se centraba en los militares, y el miedo era: 'Bueno, van a liberar a los militares, pero uno que es civil ¿no cuenta? ¿Cuando salgan ellos, el mundo se va a olvidar de que hay más gente adentro que necesita ayuda?'", le dijo a BBC Mundo.

"Duele. Es como si nosotros no existiéramos", explicó.

Esa sensación de soledad también acompañó a su familia durante todo su cautiverio.

El objetivo original de sus captores no era extorsionar a sus padres, de escasos recursos, sino a la empresa detrás del proyecto de construcción de un oleoducto con el que la joven estaba vinculada laboralmente.

Pero su familia nunca se sintió apoyada por los socios del proyecto ni por la consultora que había contratado a la muchacha para que se desempeñara como gestora social en el departamento de Arauca, ni por el gobierno.

"Ellos estuvieron totalmente solos y a uno le duele", dijo Judy.

"Igual la empresa no iba a pagar (el rescate exigido por los secuestradores), pero uno espera que por lo menos haya un apoyo de tipo psicológico para la familia, de tipo moral, y no lo hubo".

"Le cerraron totalmente las puertas a mi familia", lamentó.

Sin apoyo del estado

El problema del secuestro en Colombia es tal que el estado colombiano dispone de estructuras y leyes específicas para atender el flagelo y apoyar a sus víctimas.

Pero según una de las hermanas de Judy, Janeth, el único apoyo con el que ellos sintieron que podían contar fue con el del Comité Internacional de la Cruz Roja, gracias al cual supieron que Judy estaba con vida, y la Fundación País Libre, que colaboró con asesoría jurídica y apoyo psicológico.

"Hasta la fecha no sabemos qué hizo realmente el GAULA", dijo Janeth refiriéndose a la unidad antisecuestros de la policía colombiana.

"Lo único que nos decían era: no pueden decir nada, no pueden llamar a nadie, tienen que bajarle el perfil a la niña".

Manifestación antisecuestro en Colombia

Un número no determinado de civiles víctimas de secuestro extorsivo siguen en poder de los grupos armados ilegales en Colombia.

Desesperada, la familia llegó al extremo de enviar una carta al Presidente de la República.

"Era un derecho de petición para que nos trataran igual que trataban a los policías y que trataron a la hija de un alcalde que habían secuestrado en la misma zona y que todo el mundo se movió", explicó Janeth.

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"Y la respuesta fue simplemente que nos remitían a las autoridades que manejaban estos casos, que era el mismo GAULA".

En otras palabras, para exigir la liberación de Judy nunca se produjeron manifestaciones multitudinarias, aunque sus padres nunca faltaban a las marchas antisecuestro convocadas a lo largo y ancho del país. No se consideraron operaciones especiales. Las autoridades tampoco hicieron llamados públicos pidiendo específicamente su liberación.

Un asunto de familia

Durante todo ese tiempo, Judy llegó a pensar que su destino iba a ser morir en la selva, donde la mantenían prisionera.

"Yo dije: 'No pues: mi familia no tiene con que pagar, la empresa no va a responder, aquí me voy a quedar'", le dijo a BBC Mundo.

"Pero encontré fortaleza en la palabra de Dios y en saber que mis papás me estaban esperando, así que yo tenia que aguantar hasta donde mas pudiera".

Fue gacias a los esfuerzos de su familia que esa parte de la pesadilla sólo duró tres meses.

Manifestación por la liberación de otros rehenes de la guerrilla

En la selva, Judy y otros civiles secuestrados como ella se sentían abandonados a su suerte, dijo a la BBC.

"Mi familia se tuvo que mover mucho, buscar mucha ayuda… pero esa parte no te la puedo decir", se disculpó Judy.

Y ahora tanto ella como sus padres, hermanas y demás seres queridos están luchando para dejarlo todo atrás, como si fuera un mal sueño.

"Emocionalmente estamos muy mal. Yo todavía tengo pesadillas, aunque creí que de pronto iba a salir más fuerte, porque adentro tuve mucha fortaleza y no me dejé caer tan fácil. Pero es mentira: tu sales y encuentras todo tu mundo afectivo patas arriba, tu familia vuelta una nada, endeudada, luchando económicamente. Ver todos lo que ellos tuvieron que sufrir es duro", le dijo Judy a BBC Mundo.

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Correal no olvida además a los cientos de colombianos que han compartido su suerte.

"Y me duele mucho saber que hay mucha gente todavía allá adentro que lleva muchos años", le dijo a BBC Mundo.

En medio de todo, sin embargo, la joven intenta mantenerse positiva.

"Poder abrazar a mis padres, poder despertarse uno debajo de un techo, dentro de tu casa, protegido. Después de estar secuestrado, uno aprende a valorarlo muchísimo", concluyó.

Contexto

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