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Siria: "¿Por qué arriesgo mi vida para atender manifestantes?"

Última actualización: Miércoles, 28 de marzo de 2012
Médico en Deraa

Desde que comenzó el levantamiento en Siria, hace un año, más de 8.000 personas han muerto y muchas más han resultado heridas.

Otras miles están sufriendo de torturas y detenciones sistemáticas, entre ellas niños, según le contó a la BBC la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Navi Pillay.

Este martes, el gobierno sirio se comprometió a aplicar el plan de paz seis puntos propuesto por Kofi Annan, enviado especial de Naciones Unidas y la Liga Árabe.

clic Lea también: Los seis puntos del plan de Kofi Annan para Siria

Sin embargo, las agencias de noticias informan que los combates entre el ejército y los opositores prosiguen en varios puntos del país.

Las víctimas tienen miedo de cómo serán tratados en los hospitales oficiales y están buscando ayuda en clínicas clandestinas. Un cirujano de Damasco le contó su historia a la BBC.

Estaba en casa, mirando una manifestación por la ventana, cuando vi un auto que pasaba muy rápido. Dos hombres de las fuerzas de seguridad se asomaron y empezaron a disparar al azar contra los asistentes. Disparaban a matar.

Los manifestantes no estaban haciendo nada, sólo gritaban a favor de la libertad. Había muertos y heridos en el suelo.

Muchos corrieron hacia el interior de una mezquita y algunos comenzaron a gritar a través de los altoparlantes: "¡Dejen de matarnos, no tenemos armas, somos pacíficos, hay heridos, tenemos que tratarlos!". Pedían médicos, enfermeras, suministros de auxilio y bolsas de sangre.

Tomé un equipo médico y fui a la mezquita por calles laterales para evitar a los francotiradores. Dentro, el panorama era terrible. No había suministros, había pocos médicos y demasiados heridos. La gente se estaba muriendo ante mis ojos.

Les pedimos que fueran al hospital, pero dijeron: "No podemos, ayer trasladaron gente a los hospitales y ahora no sabemos qué fue de ellos". Sus amigos les habían dicho que ir al hospital es prácticamente una sentencia de muerte. Allí las fuerzas de seguridad podían detenerlos, torturarlos e incluso matarlos.

Un colega que estaba trabajando en un hospital militar en Damasco me contó que vio una gran cantidad de heridos -algunos de ellos con heridas leves- y que todos ellos fueron asesinados.

Le pregunté, "¿estás seguro de eso?". Y me dijo, "Sí, estoy seguro. Todos estaban muertos".

Morfina de contrabando

Uno de los hombres heridos a los que atendí en un hospital civil tenía una fractura en el hueso de la cadera, había recibido un disparo, y le pregunté: "¿Por qué tiene una fractura? Una bala no provoca este tipo de lesión".

Cómo empezó todo

"Todo comenzó con un médico, luego fueron dos, luego seis, luego doce. Ese fue el núcleo de nuestra organización.

Cada médico tiene su red, y cada una tiene sus propias, lo cual a veces estamos trabajando en la misma organización, pero no nos conocemos.

De esta forma si alguien está atrapado y lo fuerzan a dar nombres, evitamos que queden arrestados muchos médicos.

Hemos creado hospitales improvisados en sótanos, granjas, edificios abandonados y hasta automóviles.

Al comienzo de las revueltas, solíamos ir un día antes a las zonas donde iba a haber manifestaciones y preparábamos un hospital de campaña.

Pero después de Ramadán se hizo más complicado, porque hubo manifestaciones todos los días y las muertes ocurrían todos los días".

Me dijo que un efectivo de las fuerzas de seguridad había saltado sobre su pierna en el hospital y que por eso la tenía rota. Se las arregló para escapar y vino a donde nosotros.

Atendemos dos tipos de lesiones: las de bala y las de tortura o golpes. Las más peligrosas son las lesiones por arma de fuego. Podemos tratar las lesiones en las piernas, las manos, los hombros. Pero con un disparo en el pecho o el abdomen no podemos hacer nada. Los pacientes se mueren.

Necesitamos morfina para aquellos que sienten dolor agudo, pero no podemos conseguirla. A veces tratamos de conseguirla a través del contrabando, pero es arriesgado. A muchos activistas los mataron por contrabandear medicamentos.

Cada pocas semanas, nos enteramos de que las fuerzas de seguridad entraron en un hospital clandestino y se llevaron todos los suministros o detuvieron a un médico.

Ellos tienen sus propios espías, incluso entre nosotros. No puedes confiar en todo el mundo: a veces, el hombre que está llevando a un manifestante herido al hospital de campaña es un espía.

Sangre en el cerebro

Uno de los médicos fue detenido y las fuerzas de seguridad le mostraron un video en el que ayudaba a los manifestantes en el hospital de campaña. Por lo tanto el video fue hecho por un espía, que fingió que estaba con nosotros. Él también había dado información sobre la ubicación de nuestro hospital.

En las circunstancias en las que trabajamos, cuando no podemos hacer nada por los pacientes es muy decepcionante.

Nos sentimos sin esperanza porque cuando ves que alguien se te está muriendo entre las manos y el hospital público está a sólo cinco minutos, se te parte el corazón. Me duele la humanidad.

Los únicos que reciben atención médica son los que apoyan al gobierno. Es inhumano.

Herido en Idlib

Ir al hospital público puede suponer la muerte.

Al principio contaba el número de personas a las que no podía salvar, pero no las voy a contar más. Queda escrito en tu cerebro, en tu cabeza. Los recuerdos, las imágenes, la sangre, los gritos.

"Teníamos miedo a trabajar"

Es muy peligroso. Al principio teníamos miedo de trabajar. Pero necesitamos saber, en nuestros corazones, que somos humanos. Nuestro papel, como médicos, es tratar a los heridos, sean quienes sean.

Si un a médico lo descubren atendiendo a un manifestante, pueden detenerlo o incluso matarlo. Hace dos días, un médico en Homs fue asesinado con un cuchillo en el cuello. Y hace cinco días, a otro médico también lo mataron con un cuchillo, junto con su esposa y sus tres hijos.

Hasta ahora, creo que han matado a 54 miembros del personal médico, entre enfermeras, médicos y estudiantes de medicina.

¿Qué me motiva? Mi honor, mi deber como médico.

Cuando nos graduamos de la escuela de medicina hicimos el juramento hipocrático. Y es la forma en que me crié, mi religión, todo: soy parte de la raza humana y tengo que honrar este juramento, como médico y como ser humano.

Contexto

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