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BBC Mundo y el resto del Servicio Mundial le dicen adiós a su hogar

Última actualización: Miércoles, 29 de febrero de 2012

BBC Mundo le dice adiós a su vieja casa

Al cumplir 80 años, el Servicio Mundial de la BBC se muda de Bush House a un nueva sede en Oxford Circus, en el centro de Londres. Recorra la historia del clásico edificio en este video de BBC Mundo.

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"Bush House nunca fue diseñada para albergar una corporación mediática: el diseño del edificio es confuso y están aquellos que piensan que nadie puede navegar con confianza por sus bloques sin una experiencia de al menos dos años".

Así describe a la sede del Servicio Mundial de la BBC el único libro escrito sobre este medio de comunicación. Y su autor, el periodista Andrew Walker, tiene razón: "Bush" fue construida para ser un centro de convenciones para comerciantes e industriales, pero una bomba en la Segunda Guerra Mundial cambió su destino, como el de tantos otros.

Durante 2012, todos los servicios de idiomas de la BBC se irán de la que ha sido su casa desde hace 71 años para regresar a Broadcasting House, el lugar donde nacieron hace 80 años bajo el pomposo nombre de Servicio Imperial.

Bush House

Bush House no nació para albergar periodistas, pero en la Segunda Guerra Mundial no le quedó otro remedio.

BBC Mundo, el servicio latinoamericano, no es la excepción. En marzo abandonaremos el octavo piso del bloque noreste, dejando atrás dos pasillos vacíos, cuatro estudios de radio huérfanos y decenas de computadoras apagadas.

Ya nos miran con recelo los relojes que han dejado de marcar la hora de Londres, México, Bogotá y Buenos Aires. Desconfían de nuestros preparativos los tarros de café instantáneo a medio llenar, un par de mates rioplatenses, un póster de Macchu Picchu, una pelota firmada por el jugador argentino Osvaldo Ardiles, decenas de diccionarios inglés-español, una invitación para un concierto de Rubén Blades en un teatro londinense y otra para un espectáculo sobre Frida Khalo.

Estamos yéndonos de un edificio que, cuando se terminó su construcción en la década del 30, fue declarado el más caro del mundo. Sus cinco bloques habían costado unos dos millones de libras, 10 millones de dólares para el cambio de la época.

Pero este edificio es eso y mucho más.

La primera mudanza

"Bush House es un micromundo. Un micromundo distorsionado porque el 90% somos periodistas, lo que a nosotros nos parece genial y a los demás terrible. Aquí me di cuenta de que los rusos existen y que los afganos son de verdad. Aquí pasé de ser solo mexicana a ser latinoamericana".

Bush House en 1958

En 1958 el servicio español, con otros idiomas, pasó a Bush House.

Estas palabras pertenecen a Julia Zapata, exeditora del Servicio Latinoamericano y parte del equipo que coordina la mudanza a Broadcasting House. Ella ingresó en estos pasillos por vez primera en 1979. De aquellos años recuerda el miedo por sus familiares de todos los colegas latinoamericanos que habían escapado de los gobiernos militares y a los colegas de Europa Oriental que vivían "con terror permanente, desencajados por las amenazas a sus familias".

El "terror" no era infundado. Un año antes, el periodista búlgaro Georgi Harkov había sido asesinado cuando caminaba hacia Bush House. Un leve pinchazo en su cadera con un paraguas culminó con un envenenamiento con ricino que se llevó su vida tres días después.

clic Vea más información del asesinato de Harkov y de los 80 años del Servicio Mundial en esta galería de fotos.

No era el primer golpe contra Bush House. En 1944 una bomba lanzada por un avión alemán había caído cerca de su fachada y una de las dos estatuas de su entrada perdió un brazo. Pero fue justamente otra explosión la que convirtió este edificio en la sede del Servicio Mundial.

En 1941, una mina alemana fue detonada en las afueras de Broadcasting House, desde donde la BBC transmitía en inglés y siete otros idiomas: afrikáans, árabe, francés, alemán, italiano, portugués y español, los últimos dos para Europa y América Latina. Tras meses de peregrinar, los servicios europeos recalarían en Bush. Los otros servicios se mudarían en 1958.

Una dramática historia para este complejo de cinco bloques que fue construido en 1919 por la compañía estadounidense de Irving T. Bush para tiempos menos beligerantes: su objetivo era atraer a industriales y empresarios de todo el mundo, deseosos de exhibir sus productos y mercancías en un ambiente de lujo y confort, a pocas cuadras del distrito financiero más importante del globo, la City de Londres.

La gente

Poema de Hamid Ismailov, periodista uzbeco del Servicio Mundial, a Bush House

Desde mi infancia en una cabaña de arcilla en un pueblo montañés en Uzbekistán

A mi vida en la Unión Soviética en un precario departamento de dos ambientes

Solía soñar con una gran casa

Con escaleras de mármol

El sueño era repetitivo

Sin ninguna intención, soñaba una y otra vez con esa casa de columnas y escaleras de mármol

Que me llevaban hacia arriba

Leí a Freud, leí a Jung, leí otras interpretaciones tratando de saber qué significaba ese sueño

Una gitana que leía la fortuna me dijo en Sverdlovsk: "Tienes una gran casa en tu futuro, una casa de columnas de mármol y escaleras que te conducen hacia arriba"

Mi vida está a punto de terminar, pero viviendo en un edificio de los que administraba mi municipio me he preguntado, muy seguido, qué fue de aquella promesa vacía, de aquel sueño que nunca se cumplió

Pero dejando los sueños de lado de repente me comprendí que por los últimos 18 años, casi un tercio de mi vida, he vivido en una casa de columnas de mármol con escaleras en su interior que llevan hacia arriba

No me había dado cuenta hasta que nos dijeron que debíamos irnos

Bush House, el Arca de Noé de las naciones

La pista por la que despegan las voces que vuelan sobre la Tierra

El reino donde el eco de los muertos se mantiene vivo

El cerebro que piensa, el ojo que vigila, la lengua afilada y el corazón bondadoso de los meridianos

Bush House, un pub inglés, una chay-khana uzbeca, una taberna española, una cabaña africana, un kabak ruso

Donde visiones y opiniones vuelan hacia todo el globo y lo hacen vibrar

Bush House, un frío espejo en frente de ese viejo, hermoso y furioso mundo

La Bush House de mi inadvertido pero finalmente cumplido sueño.

En su libro sobre el Servicio Mundial, Walker describe a Bush House como "un edificio fantásticamente amigable: las puertas de las oficinas están generalmente abiertas, los encuentros casuales se repiten en los pasillos, y el pub y el bar son verdaderas instituciones. Como lugar de trabajo parece inspirar afecto e irritación por partes iguales, pero el afecto gana con lo justo la partida".

El resultado de ese enfrentamiento imaginario entre el afecto y la irritación del que habla Walker depende, perdón, dependía, de la gente que ha trabajado en este edificio, gente como Josephine Hazeley, Hamid Isamilov y Delia Radu.

Josephine llegó en 1989 al servicio africano de la BBC desde Sierra Leona. "Bush" le parecía un lugar "confuso pero majestuoso", aunque una de las primeras características de sus nuevos compañeros captó inmediatamente su atención:

"Uno encontraba más africanos en la sala de comidas, limpiando o trabajando como cajeros, que en la redacción de mi servicio. Allí la mayoría eran británicos… y hombres. Por suerte la situación ha cambiado en las últimas décadas".

Cinco años después la BBC encontró a Hamid Ismailov en Alemania y lo contrató para el nuevo servicio de Asia Central. El escritor uzbeco, que debió dejar Uzbekistán en 1992 tras ser declarado persona non grata, fue invitado a Bush House donde, según recuerda hoy entre risas, su trabajo durante seis meses fue "representar la uzbequistanidad".

"Como era el único uzbeco que la BBC tenía, me llevaban por las oficinas mostrándome mientras decían 'es un uzbeco real'. Al principio me daba miedo Bush House. Tantas veces había escuchado que la BBC era la voz del enemigo, que temía convertirme en un 'enemigo del pueblo'. En realidad ya era considerado en mi país un 'enemigo del pueblo', pero ahora temía que ese rol iba a estar institucionalizado justamente por este edificio".

Otros cinco años después, Delia Radu se integra al servicio rumano en Bush House luego de haber trabajado como colaboradora en Bucarest. Hasta 1989 había sido maestra. Escuchaba el Servicio Mundial "como una bocanada de aire fresco, como una normalidad". Tras la caída del comunismo comienza a trabajar como periodista.

"Lo que me impresionó de Bush House fue el archivo de diarios y revistas antiguos -donde uno encontraba información de Rusia, Stalin y los gulags- y el archivo de efectos especiales, con miles de discos con sonidos de rifles, de pasos en la nieve, de viento. Teníamos una audiencia tan inteligente que si uno usaba un efecto equivocado, nos llegaba una carta diciendo algo así como 'el sonido de disparo usado pertenece a un rifle de los años 30 y no de los años 50 que era el tema de su programa'".

Guerra, noticias y un matrimonio

Para cuando el bloque central de Bush House fue terminado en 1923, el sueño de un centro de convenciones del empresario Irving T. Bush se había derrumbado, el comercio mundial sufría una depresión que se haría crónica siete años después.

Julia Zapata

La guerra del Atlántico Sur significó días duros para el Servicio Latinoamericano de la BBC, pero para Julia Zapata también fue una muestra de la solidaridad que hay entre colegas en Bush House.

Los bloques restantes fueron adaptados entonces a usos más convencionales, pero los sueños de lujo permanecieron en el mármol de las escaleras; e incluso en la cancha de badminton, el cine y una piscina que nunca fueron usados (sobre la piscina terminaron alojándose los estudios de teatro del Servicio Mundial).

Aunque se convirtió rápidamente en un emblema de la BBC, la corporación mediática nunca fue su dueña. "Bush" perteneció a muchas y variadas manos, desde la Iglesia de Gales hasta el Correo Británico. Su propietario actual es una compañía japonesa.

Es complicado que los nuevos dueños entiendan los fantasmas que quedarán en este edificio; las millones de voces en decenas de idiomas de líderes mundiales, perseguidos políticos, artistas, exiliados y escritores grabadas en cintas magnetofónicas, audio digital, video. Es difícil que puedan valorar nuestros recuerdos, nuestras historias, como la fascinación por los archivos de Delia Radu, el asombro de Josephine Hazeley, el trabajo "de uzbeco" de Hamid Ismailov y, como olvidarlo, el romance de Julia Zapata:

¿Pero quién quiere oír de amor cuando estamos hablando de despedidas? Está bien: corría abril de 1982, tiempos de guerra en las Islas del Atlántico Sur. En el Servicio Latinoamericano, cada transmisión en vivo en la que se reciben llamados angustiados de los oyentes termina con los periodistas en estado de conmoción y tristeza. Muchos tienen seres queridos tanto en Argentina como en Inglaterra.

"Se empezó a correr la voz en el edificio que nosotros finalizábamos nuestro trabajo y quedábamos muy mal, entonces los colegas ingleses comenzaron a llegar después de cada programa con té, café y pasteles".

"Como buenos ingleses, no decían por qué estaban ahí ni hablaban de la guerra, pero para el final del conflicto ya eran unas tertulias masivas", recuerda Julia, quien terminaría casándose con uno de esos ingleses de té, café, pasteles y respetuoso silencio.

La segunda mudanza

Redacción de BBC Mundo

BBC Mundo planea su partida para mediados de marzo, al igual que otras secciones.

En el octavo piso del bloque noreste, donde tuvo lugar aquel romance entre un periodista inglés y una periodista mexicana, los mapas de América del Norte, América Central y América del Sur permanecen mudos, clavados en sus paredes sin conocer su suerte.

En una vitrina aguardan la mudanza los premios y las menciones que ha ganado el servicio latinoamericano a lo largo de su historia, incluyendo el Ortega y Gasset concedido en 2007 en la categoría de periodismo digital.

Alguien se ha llevado, no sabemos si con o sin permiso, otro de los trofeos más importantes, la copa obtenida por el equipo de fútbol latinoamericano en el simulacro de Mundial de Fútbol disputado entre todos los servicios en el año 2002.

Algunos objetos se mudarán con nosotros al quinto piso de Broadcasting House, donde todos los idiomas estarán juntos en lo que ya se considera la redacción de noticias más grande de Europa. Otros serán donados, repartidos, olvidados.

Pero en el octavo piso del ala noreste de Bush House quedan las voces que llegaron siendo mexicanas, colombianas, argentinas, españolas, venezolanas, uruguayas, cubanas, peruanas, bolivianas, paraguayas, nicaragüenses, chilenas, salvadoreñas, guatemaltecas, ecuatorianas, hondureñas y aprendieron a ser -como decía Julia Zapata- latinoamericanas.

Eso le debemos a Bush House... eso y mucho más.

Contexto

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