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Comayagua y la realidad de las cárceles centroamericanas

Última actualización: Jueves, 16 de febrero de 2012

"Estos penales son una bomba"

Un preso guió al enviado especial de BBC Mundo en Honduras en un recorrido por la Penitenciaría de La Paz, a sólo media hora de la cárcel de Comayagua donde esta semana fallecieron más de 350 personas en un incendio.

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El incendio de la prisión de Comayagua, en el que perdieron la vida 350 reclusos, ha puesto de relieve los problemas del sistema penitenciario hondureño.

La cárcel, con capacidad para 500 reos, albergaba a 800 al momento de producirse la tragedia, la peor de su tipo a nivel mundial en la última década.

Pero la sobrepoblación de las prisiones, que dificultó la evacuación y seguramente contribuyó al elevado número de muertos, no es un problema exclusivo de este país centroamericano.

"Desafortunadamente, el caso de Honduras es típico de la región", le dijo a la BBC el profesor Andrew Coyle, del Centro Internacional para Estudios Penitenciarios (ICPS, por sus siglas en inglés).

Y, según el experto, las dos posibilidades que se están manejando como probables causas del incendio -una falla en el sistema eléctrico o un incendio provocado para encubrir un intento de fuga- también remiten a dos deficiencias estructurales típicas de las prisiones centroamericanas.

"La infraestructura está en tan mal estado que este tipo de accidentes -si es que fue un accidente- es una típica tragedia anunciada", explicó Coyle.

"Y prisiones como las de Comayagua no sólo están sobrepobladas, sino que las autoridades virtualmente no tienen ningún control de lo que ocurre al interior de los centros penitenciarios", dijo.

Hacinados

Particularmente preocupante es el hecho de que la situación en las cárceles hondureñas -donde según el ICPS unos 11.846 reclusos se hacinan en prisiones que oficialmente tienen capacidad para 8.230- es, de hecho, un poco mejor que en la mayor parte de Centro América.

Las 28 cárceles de El Salvador, por ejemplo, oficialmente pueden albergar a 9.060 reclusos, pero a diciembre del 2010 el número oficial de prisioneros era 24.283.

Esto equivale a una ocupación del 253,5%, por "apenas" 137,9% en el caso de Honduras.

Familiar de preso

La tragedia dejó al descubierto los problemas del sistema carcelario.

En Panamá, por su parte, las últimas cifras del ICPS reflejan una tasa de ocupación del 171% (12.293 presos para 7.187 lugares) y ésta es del 159% en Guatemala (11.140 reos, 6.974 plazas).

Las cosas funcionan un poco mejor en Nicaragua (aunque sus cifras de hacinamiento no son muy diferentes a las de Honduras) y en Costa Rica, pero todos los países de la región tienen más presos que espacio en sus prisiones.

Estas cifras dan cuenta del nivel de un nivel de hacinamiento que hace que la mayoría de los reclusos vivan en condiciones que no puedan calificarse sino como infrahumanas.


Pero el elevado número de prisioneros también pone a las autoridades en situación de desventaja y limita su capacidad para asistir a los reos en caso de emergencia.

"Estamos hablando de sectores en los que hay celdas para ocho personas en las que hay hasta 30, 40 reclusos. En esas condiciones las autoridades apenas pueden entrar a de manera segura", le dijo a BBC Mundo José Luis Sanz, periodista de El Faro de El Salvador, un periódico digital que lleva casi un año documentando la realidad de las prisiones centroamericanas.

"Y las celdas se abren y se cierran manualmente, con llave y cerrojo. Son bombas de relojería", agregó.

Para Sanz, el problema es particularmente serio en las cárceles El Salvador, Honduras y Guatemala.

"Ahí se vive de manera inhumana y se muere de manera inhumana", afirmó.

Políticos desinteresados

Otra constante de los sistemas penitenciarios centroamericanos es el alto número de reos que nunca han sido juzgados.

El problema de la lentitud de la justicia es particularmente grave en Panamá, donde seis de cada 10 reos aún no han ido a juicio.

El promedio es de 54,4% en Guatemala mientras que en Honduras alcanza el 50,1%, es decir, poco más de la mitad de la población carcelaria.

Aunque esto no ha evitado que a través de las redes sociales muchos hayan celebrado el incendio de Comayagua como un "justo merecido" para los presidiarios.

De hecho, Sanz considera que la situación de las cárceles centroamericanas es, en buena medida, resultado de la radicalización del debate sobre justicia y seguridad que ha acompañado al aumento de la criminalidad en Centro América.

"En el triángulo del norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) la presión que la ciudadanía siente por la inseguridad ha aumentado unas ansias de venganza que han terminado convirtiendo el debate sobre la justicia en un debate sobre como ser más duros y más crueles con los criminales", le dijo a BBC Mundo.

"El resultado es que las condiciones de las prisiones no es un tema que le interese a los políticos, porque no es rentable políticamente", explicó.

Así las cosas, el periodista de El Faro tiene dudas sobre cuánto cambiarán las cosas luego del incendio de Comayagua.

"En una cárcel de Honduras ya murieron calcinadas 100 personas hace 10 años y no pasó nada", recordó.

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