
Henrique Capriles Radonski después de conocer su triunfo.
Una pregunta que siempre me hacían colegas extranjeros en mis tiempos de corresponsal en Venezuela cuando llegaban al país era ¿dónde están los líderes de la oposición?
Ante la figura imponente del presidente Hugo Chávez les llamaba la atención la falta de una cara, de un líder, un contrapeso del lado de la oposición.
Había una gran polarización en Venezuela. Había marchas opositoras masivas. Había un intenso debate político. Un activismo opositor notable y, a veces, radicalizado.
Pero no había "un líder", observaban angustiados y sin poder comprender por qué el presidente no tenía un equivalente al otro lado de la acera.
Bueno, quizá con estas primarias muchos de ellos hayan tenido la oportunidad de verle no una, sino varias caras al movimiento contrario al gobierno.
El ganador, Henrique Capriles Radonski, será la más visible a partir de ahora y hasta las elecciones del 7 de octubre.
Y aunque nada garantiza que Capriles logre ganarle a Chávez esos comicios, altera la dinámica política que ha manejado a su antojo hasta ahora el presidente.
Cambio de dinámica
Ahora es que empieza de verdad la campaña y Chávez es un fabuloso contrincante que, además, cuenta con las ventajas que siempre -en todo país y en todo sistema- tiene el que aspira a la reelección.
Electoralmente nadie ha podido hacerle sombra al mandatario, cuya alta popularidad es un fenómeno digno de estudio que desafía el axioma del desgaste que se supone que produce el poder.
Pero los contrincantes de las pasadas dos elecciones (2000 y 2006) habían sido figuras escogidas por los dirigentes de los residuos de aquellos partidos tradicionales, figuras que no despertaron emoción.
Buena parte votaba por ellos simplemente porque "no eran Chávez", y esa no parece ser una razón suficiente para elegir un presidente.
Recuerdos de la embajada de Cuba
Un punto débil de Capriles Radonski podría ser su actuación en la embajada de Cuba en Caracas, en abril de 2002, en medio del breve golpe que sacó del poder al presidente Chávez.
Capriles era entonces alcalde del municipio caraqueño de Baruta, donde una turba sitiaba la legación pidiendo la entrega de ministros que supuestamente se habían refugiado
El alcalde trató sin éxito de mediar para evitar la violencia. Al final ingresó a la residencia, aparentemente invitado por el embajador, según se ve en algunos videos de la época.
Sin embargo, la fiscalía lo acusó de daños a la propiedad, violencia privada y violación de domicilio, en un polémico juicio que duró cuatro años, se produjo en dos etapas y participaron unos 30 jueces.
En la primera fase, Capriles estuvo encarcelado por varios meses, luego de que en una primera instancia se refugiara en la clandestinidad.
En octubre de 2004 fue absuelto por un tribunal de apelaciones, pero el Tribunal Supremo revirtió la decisión exculpatoria.
Finalmente en 2006 fue absuelto de todos los cargos.
Capriles empieza la campaña electoral con la legitimidad de ser el preferido por la mayoría de los casi 3 millones de opositores que acudieron a unas inéditas primarias, lo que, aunque no es un piso suficiente para el triunfo, es una buena base a partir de la cual construir su propuesta.
Ni Capriles, ni los demás precandidatos son retoños de los partidos políticos tradicionales a los que el chavismo sacó del poder.
El que llegó de segundo, el gobernador Pablo Pérez, sí contó con el apoyo de esas viejas maquinarias y quizá allí puedan hallarse algunas explicaciones de su derrota.
Pero en su mayoría se trata de nuevas caras, de nuevas organizaciones, incluso figuras independientes, como el caso de la diputada María Corina Machado.
Un detalle generacional crucial que ayuda a los opositores a inocularse contra el discurso anti-pasado que le ha dado tantos réditos al mandatario.
Cambios generacionales
La llamada Revolución Bolivariana encarna las aspiraciones de cambio, de justicia y, en algunos casos, de revancha de muchos desencantados y frustrados con las cuatro décadas previas de hegemonía del socialdemócrata Acción Democrática y el democristiano Copei.
"Capriles empieza la campaña electoral con la legitimidad de ser el preferido por la mayoría de los casi 3 millones de opositores que acudieron a unas inéditas primarias, lo que aunque no es un piso suficiente para el triunfo, es una buena base a partir de la cual construir su propuesta"
Pero Capriles tiene 39 años y, sólo por eso, el presidente podría tener más difícil adosarle la etiqueta del pasado con la que ha neutralizado a cuanto oponente le ha salido al paso.
Capriles empezó su activismo político en Copei, pero dejó la organización con un grupo de jóvenes figuras para formar Primero Justicia, al que algunos consideran como herederos ideológicos de los demócratas cristianos.
Pero durante su campaña, el ahora candidato unitario discursivamente se ha colocado en el centro con la clara estrategia de evitar la etiqueta de "derechista" que buscará ponerle el presidente.
Su estilo busca atraer al llamado voto blando del chavismo y a los independientes que en la polarizada política venezolana siempre han terminado favoreciendo al presidente.
El programa necesario
El otro señalamiento que siempre se hace desde el chavismo es que los que se oponen al presidente no tienen un proyecto de país que se contraponga a la revolución socialista bolivariana.
La labor de la Mesa de la Unidad Democrática será convencer a la mayoría que si tienen un plan de gobierno y que sobre todo eso no implica desmontar los programas sociales que se han instaurado en la era chavista.
Verle "una cara" a la oposición era una inquietud de quienes al no vivir la cotidianidad venezolana desconocían los detalles del trabajo opositor.
Para los votantes venezolanos no se trata sólo de ver nuevas caras, sino de ver programas convincentes.




























