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Una escuela para aprender a ser Papá Noel en tiempos de crisis

Última actualización: Jueves, 22 de diciembre de 2011
Santa Claus dando clase

Una de las enseñanzas más importantes es no prometer nada a los niños para evitar su decepción.

Cómo recortar prolijamente la barba, ajustarse el cinturón con estilo y arrancar un hohoho desde abajo del diafragma, estruendoso y cálido pero lo suficientemente suave como para no asustar a los niños: todo esto forma parte de la currícula en la escuela de Papá Noel más antigua de Estados Unidos.

En la localidad de Midland, estado de Michigan, el instituto Charles W. Howard se jacta de haber entregado el diploma a la promoción número 75 de aspirantes a Santa Claus. Y, acorde con el clima de crisis económica que vive Estados Unidos, los consejos sobre cómo lidiar con las expectativas navideñas de los pequeños fueron parte de las lecciones.

"Nuestro trabajo es escuchar, alimentar el sueño. Los padres son los que dan los regalos, no Santa, y nosotros no podemos hacernos cargo de esa responsabilidad. Si son buenos, reciben un regalo: ése es el mensaje", señaló a BBC Mundo el decano de la escuela, Tom Valent.

La rutina no es nueva, señala el director: desde que se iniciaron los cursos, parte de la misión en los tres días que dura el entrenamiento es dar herramientas a los futuros Papá Noel para conseguir que padres e hijos queden contentos y no haya decepciones al pie del árbol.

"Es difícil en plena crisis saber cuánto pueden dar los padres. Trato de recordarles que los juguetes son para todos, que quizás no me entren todos en el trineo… No mentimos a los niños, pero tenemos que manejar las expectativas", relata Thom McCague, un veterano estudiante que asistió ya cuatro veces a la escuela y, con 62 años, hace las veces de mentor para los debutantes.

Dinero o beneficencia

Fundada en 1937, la escuela fue concebida por un Papá Noel consagrado: Charles Howard era el gordo bonachón del popular desfile callejero de la tienda Macy’s, en Nueva York, y también oficiaba de asesor en una película navideña emblemática, "Milagro en la calle 34".

Howard se impuso como misión preservar la historia del hombre del polo norte y sostener las tradiciones con tanto profesionalismo como fuera posible, cansado quizás de ver émulos con barba ensortijada y ataques de mal genio ante un gentío de pequeños chillones.

"Nuestro trabajo es escuchar, alimentar el sueño. Los padres son los que dan los regalos, no Santa, y nosotros no podemos hacernos cargo de esa responsabilidad. Si son buenos, reciben un regalo: ése es el mensaje"

Tom Valent, decano de la escuela de Santa Claus Charles W. Howard

A su muerte, Tom Valent tomó la posta y mudó la escuela a Michigan en 1987. Por entonces, sólo recibían una decena de estudiantes al año; ahora, acaban de graduarse 115.

El aumento en el número de postulantes es para muchos señal inequívoca de la crisis misma: hay quienes van a aprender los rudimentos de lo que esperan se convierta en un empleo redituable, con horas de buena paga en un centro comercial.

Otros, en cambio, sólo quieren dar vida a Papá Noel por nostalgia o con espíritu benéfico. La escuela es, al fin de cuentas, una organización sin fines de lucro, que no hace campañas de marketing ni publicidad y basa su fama en el boca a boca.

"Cuando era niño, un amigo de mi abuelo que había asistido a la escuela venía a casa todos los años. Era muy lindo sentir que había un Papá Noel y que le importaba mi familia", relata a BBC Mundo Andrew Becerra, Santa Claus flamante y de origen mexicano, radicado en el estado de Arizona.

Como veterano de guerra -con dos campañas en Irak y un retiro reciente por incapacidad-, Becerra se dedica ahora a ser el repartidor imaginario de regalos ad honorem en hogares de niños.

"Es importante hacer redes de contactos si quieres conseguir empleo, en el curso insisten mucho en eso. Los otros Santa también dan consejos. Para muchos, es su fuente de ingreso", afirma el exmarine, de 30 años.

McCague, en tanto, lleva ocho años combinando la labor social con el trabajo en un centro comercial, además de visitas particulares, avisos publicitarios y dos apariciones en vivo en la TV de Atlanta. Todo un Papá Noel multimedia.

Renos y psicología

Para el decano de la organización, la popularidad del personaje navideño por antonomasia ha aumentado en los últimos años y, en cierta medida, se ha beneficiado con la crisis porque, según dice, "hay más espacio para recuperar las cosas importantes y las familias quieren abrazar este estado festivo asociado a los buenos tiempos".

"Santa es una leyenda y representa una serie de cosas que la gente quiere en su hogar: generosidad, entrega, buenos augurios. La escuela enseña el espíritu de Santa", indica Valent.

"La instrucción básica es nunca prometer algo a los niños. Jamás. Nunca generar un compromiso que no sabemos si los padres podrán cumplir, sea de un juguete carísimo o de la cosa más simple"

Thom McCague, graduado de la escuela y Papá Noel en ejercicio desde 2004

Pero no sólo de espíritu se nutren los aspirantes: en clase se enseñan nociones básicas de contabilidad, ejercicios físicos para estar en buen estado y resistir largas jornadas, lenguaje gestual y canto básico de villancicos. Hasta interactúan con los dos renos de la escuela, para poder hablar con propiedad de los animales del trineo.

También algo de psicología aplicada para saber cómo hablarle a los niños y a los padres, cómo establecer un vínculo momentáneo con los menores y hacer participar a la familia en la construcción de la ilusión. Y se debaten reglas de conducta, como la de mantener las manos siempre a la vista, para evitar cualquier posible acusación de abuso.

"Parece fácil, pero no lo es. Hay muchos detalles por observar para que una ilusión frágil se mantenga", indica la cabeza de la escuela.

Expectativas

Sin embargo, la crisis no parece haber modificado la dinámica de los niños con los regalos. Después de todo, los pedigüeños y los insaciables no son novedad, dicen los Papá Noel con más experiencia.

"La instrucción básica es nunca prometer algo a los niños. Jamás. Nunca generar un compromiso que no sabemos si los padres podrán cumplir, sea de un juguete carísimo o de la cosa más simple", indica McCague.

"Las niñas piden ponis y caballos. ¡No muchos padres están dispuestos ni pueden comprárselos! Yo les explico que vengo del polo norte y hace mucho frío para que los animales puedan ser transportados desde allí, lo que en general es aceptado por los niños y celebrado por los padres", relata Becerra.

Como es predecible, la publicidad ubicua y el acceso a internet han ampliado la variedad de regalos que los niños traen en sus listas. Pero los juguetes clásicos -muñecas, trenes- son imbatibles y conviven con los pedidos tecnológicos, dicen los graduados.

Otros pedidos reflejan el clima económico, como el de "consígueme un trabajo para mi papá". ¿Qué hacer entonces? "La regla es simple -dice McCague-. Papá Noel se concentra en los juguetes. "Eso respondemos, no podemos hacer más".

Contexto

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