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¿Cómo sigue latiendo el corazón?

Última actualización: Sábado, 17 de diciembre de 2011

Cada semana, la revista BBC Focus resuelve algunas dudas de sus lectores. A continuación, una selección de algunas de las respuestas para los curiosos.

¿Cómo sigue latiendo el corazón?

Corazón y rastro de electrocardiograma

Un corazón humano late más o menos una vez por segundo durante 70 u 80 años en promedio.

Trate de apretar su mano haciendo un puño con esa frecuencia y verá que los músculos de sus dedos estarán exhaustos después de un par de minutos.

Pero el músculo cardíaco tiene una estructura diferente, con mucha más hemoglobina para poder llevar oxígeno y extra mitocondrias para generar energía.

Las células del músculo cardíaco no están separadas: la misma membrana celular las une a todas en una estructura llamada sincitio (o sincicio o cenocito).

Eso permite que los impulsos nerviosos se propaguen rápidamente por el corazón.

El ritmo está controlado por las células marcapasos, que se contraen espontáneamente, sin necesidad de la interferencia directa del cerebro.

¿Le puede dar cáncer a un árbol?

Las células de la plantas sólo se dividen en los ápices de crecimiento y no tienen un sistema circulatorio que permita que las células cancerígenas hagan metástasis en el organismo.

Esas dos características limitan la vulnerabilidad de las plantas al cáncer.

Sin embargo, muchas plantas producen tumores cuando se infectan con ciertas bacterias.

Rhizobium radiobacter, por ejemplo, causa unos tumores conocidos como "agallas" o "tumores de cuello" en la zona en la que se unen la raíz y el tallo.

¿Cuál es el futuro de la humanidad?

Según el autor de ciencia ficción dura (aquella que concede especial importancia a la precisión científica) Stephen Baxter, "quizás conquistemos una galaxia. O quizás nos explotemos.

Hombres aterrados

Pero hay una posibilidad en el medio.

Suponiendo que la civilización colapsara antes de que pudiéramos escaparnos de la Tierra, debido al cambio climático, la guerra, la caída de un asteroide u otra calamidad, la humanidad probablemente sobreviviría.

Es fácil matar vastas cantidades de humanos pero somos flexibles, listos y difíciles de exterminar por completo".

"Sin embargo -continúa respondiendo Baxter-, probablemente nada parecido a la civilización moderna volverá a existir.

Nos hemos gastado todos los metales y combustibles fósiles fácilmente accesibles: a la Tierra le tomará decenas o cientos de millones de años reemplazarlos.

Sin la agricultura moderna, la capacidad de manutención del planeta será mucho más reducida. Seremos unos pocos millones, en vez de miles de millones.

En todo caso, seguiremos dominando el mundo".

Baxter agrega que "los cazadores de la Edad de Piedra parecen haber estado implicados en la extinción de la megafauna que sobrevivió la Edad de Hielo, como los mamuts y los osos de cuevas.

No permitiremos la evolución de animales que representen una amenaza, particularmente ningún nuevo tipo de inteligencia.

Y nosotros tampoco evolucionaremos significativamente, pues seremos lo suficientemente listos como para manipular nuestro entorno sin tener que adaptarnos a él.

Será una Edad de Piedra sin final".

Y, concluye el autor, "cuando el Sol deje que calentar la Tierra y la historia de la humanidad llegue a su fin, dejaremos un estrato en el globo terráqueo de una profundidad de un billón de años, con capas sobre capas de hogares, piedras moldeadas y huesos humanos".

Ese, según Stephen Baxter, es el futuro de la humanidad.

¿Se siguen identificando elementos químicos?

Sí, pero cada vez es más difícil.

Cada elemento que es más pesado que el plomo (elemento 82) es inestable y entre más pesados sean, más corta es su vida media (promedio de vida de un núcleo antes de desintegrarse).

El ununoctium (elemento 118), por ejemplo, tiene una vida media de apenas 0,89 milisegundos. Desde 2002, sólo se han producido tres o cuatro átomos de ununoctium.

Puede ser que existan elementos más estables, pero hacerlos es difícil pues es necesario juntar elementos muy raros y de corta vida.

Contexto

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