
La consecuencia más lógica para cualquier presidente que pierda seis ministros por denuncias de corrupción en sólo medio año sería un derrumbe de su popularidad y una crisis de su gobierno. Pero en esto la brasileña Dilma Rousseff parece un caso especial.
En Brasil se respiró un aire de normalidad este lunes, al día siguiente de que el ministro de Trabajo, Carlos Lupi, se convirtiera en el sexto miembro del gabinete de Rousseff en renunciar bajo acusaciones de corrupción desde junio, todo un récord en el país.
Las conversaciones en la calle están más relacionadas con el campeonato nacional de fútbol que ganó Corinthians que con política.
Nadie aquí habla de una grave crisis de gobierno ni de un debilitamiento presidencial. Al contrario, muchos creen que lo que ocurre en Brasil puede fortalecer la imagen de Rousseff, que asumió el cargo en enero.
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Entonces, ¿cuál es el secreto de la presidenta?
Una clave para entenderlo es que Rousseff, lejos de ser percibida por los brasileños como parte del problema de corrupción que afecta a su país, es vista más bien como una solución al mismo, opinan analistas.
Pero la razón principal por la cual la jefa de Estado mantiene índices de aprobación en torno a 50% está, según los expertos, en los mismos bolsillos de la población.
"Lo que define la alta popularidad de ella es la economía", explicó Alberto Almeida, un especialista en opinión pública del Instituto Análise, una consultora con sede en Sao Paulo, en diálogo con BBC Mundo.
"Más importante"

Para algunos economistas, el secreto está en el buen ritmo de la economía brasileña.
Bajo el mandato de Rousseff, Brasil mantiene tasas positivas de crecimiento económico a pesar de que el ritmo de expansión se ha desacelerado por la crisis internacional con epicentro en Europa.
El nivel de desempleo de los brasileños llegó a un mínimo histórico de 5,8% en octubre, el consumo de las familias siguió siendo un motor de la actividad y las autoridades aseguran tener la inflación controlada.
"Lo más importante para la población, que es la economía, sigue yendo bien", comentó Cristiano Noronha, analista político de Arko Advice, con sede en Brasilia.
Mientras esto ocurre, varios ministros de Rousseff han ido cayendo como en una fila de dominó por denuncias de manejo indebido de fondos por lo general publicadas en la prensa.
"El día a día"
El primero en dejar el cargo en junio fue el ministro de la presidencia, Antonio Palocci, bajo sospechas de enriquecimiento ilícito. Desde ahí dimitieron por denuncias de irregularidades o desvíos de fondos los ministros de Transportes, Agricultura, Turismo, Deportes y Trabajo.
Todos ellos rechazaron las acusaciones en su contra y algunos hasta fueron apoyados al comienzo de los escándalos por la presidenta, pero su suerte cambió a medida que asomaron más detalles en su contra.
Todas las carteras de gobierno afectadas tratan temas importantes para Brasil, pero son sólo un puñado de los 38 ministerios que tiene el país, y la impresión de muchos es que el gobierno y la economía siguieron su rumbo pese a los escándalos.
"El cambio de estos ministros no interfirió de forma alguna en el día a día de la población", indicó Noronha a BBC Mundo
"Efecto teflón"

Antonio Palocci, el primer ministro de Dilma que dimitió, es el único de su mismo partido.
Algunos analistas creen que Rousseff goza además del mismo "efecto teflón" que tuvo su antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, que impide que las denuncias de corrupción contra su gobierno se adhieran a su imagen.
"De cierta forma hasta está siendo beneficiada, porque es percibida como una persona que está haciendo una limpieza en un gobierno que ella heredó prácticamente armado", dijo Noronha.
Eso tiene que ver con el modo en que en Brasil se construyen coaliciones de gobierno a cambio de cargos ministeriales, para que la presidencia cuente con mayorías legislativas para impulsar su agenda.
De hecho, de todos los ministros de Rousseff que han renunciado, el único que pertenece al Partido de los Trabajadores (PT) de la presidenta es Palocci.
Diversos observadores afirman además que Rousseff ha mostrado más firmeza que sus antecesores en el combate a la corrupción.
"Tanto Lula como el ex presidente (Fernando Henrique) Cardoso prácticamente cerraron los ojos ante la corrupción de los ministerios", dijo David Fleischer, profesor emérito de ciencia política en la Universidad de Brasilia.
"Dilma es diferente: mostró que no iba a tolerar eso", agregó y recordó que su limpieza o "faxina", como se la denomina en Brasil, implicó además la remoción de decenas de funcionarios en los ministerios de Transportes y Turismo.
¿Popular para siempre?

¿Mantendrá Rousseff los niveles de popularidad como Lula?
Otros analistas como Almeida recuerdan que, durante su gestión, Lula logró recuperar su popularidad tras un escándalo surgido en 2005 por la presunta compra de votos parlamentarios por miembros de su partido.
"Era un escándalo que llegaba muy próximo de Lula y ninguno de los escándalos de ahora llega muy próximo de Dilma", dijo Almeida y notó que el apoyo popular a ambos presidentes es similar, sobre todo entre las clases bajas.
La pregunta a futuro es si Rousseff logrará como Lula mantener sus niveles de aprobación con una crisis internacional que ya comenzó a afectar la economía brasileña y nuevas denuncias que asoman.
El mismo domingo que renunció Lupi, Rousseff pidió a su ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Fernando Pimentel, que aclare acusaciones de presuntas irregularidades que aparecieron en la prensa.
Pero los analistas creen que, más allá de la "faxina", la popularidad de Rousseff seguirá dependiendo sobre todo de la economía y de su capacidad para mantener el optimismo de los brasileños.
"Si ella consigue eso", dijo Noronha, "es posible que incluso en un escenario internacional más adverso preserve una popularidad elevada".































