RJ Brewer, el luchador antiinmigrantes

Es de Phoenix y se dedica a la lucha libre. Al ring lleva también sus posiciones políticas xenófobas y se dedica a pelear contra los mexicanos.
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Lo reciben con abucheos y silbidos cada vez que pasea su cuerpo escultural camino al ring. A la hora de pelear, RJ Brewer saca a relucir sus artimañas más sucias, pero nada es tan violento como su discurso antiinmigración.
Brewer, nacido en realidad como John Stagikas, es un experimentado deportista de lucha libre. Y como el negocio de la pelea cuerpo a cuerpo televisado para 80 millones de hogares estadounidenses necesita de malos malísimos, allí está él.
Encarna a un patriota ultra conservador, defiende los valores de la religión y la familia y -según su biografía autorizada- le gusta pasar sus horas libres "ayudando a la Patrulla Fronteriza". Tiene el discurso listo cuando se trata de atacar a los indocumentados: vienen a robarle el trabajo a los estadounidenses, dice a viva voz. Y lo dice frente a una audiencia compuesta en un 70% por inmigrantes latinos.
"La frontera tiene que estar más segura, yo apoyo el control estricto del borde. Tenemos tantas tropas en Irak y Afganistán que deberían venir de regreso y concentrarse en la seguridad interior", afirma el hombre, de 32 años.
La retórica política, colada entre volteretas y candados, es la especialidad de Brewer. Con esos recursos se ha integrado a Lucha Libre USA, una compañía que ha importado el formato de contienda tradicional mexicana hacia Estados Unidos y ahora se transmite a través de dos señales de la cadena MTV.
"Lucha Libre USA está integrada mayoritariamente por luchadores mexicanos, pero necesitaba diversidad. Creo que para estar en TV aquí necesitaban más personajes estadounidenses", señala a BBC Mundo.
Rudo y malo

Brewer tiene un grupo de luchadores con los que hace camarilla: "La Derecha".
Con diez años de experiencia en la lucha americana, Brewer vio la oportunidad de brillar en un ring "a la mexicana". ¿Qué faltan personajes angloparlantes? Pues ahí fue él, sin escatimar nacionalismo.
Para empezar, se autoproclama hijo (imaginario) de "una mujer muy poderosa de Arizona": la gobernadora Jan Brewer, defensora de la estricta ley contra la migración indocumentada SB1070. Como su progenitora, el luchador cree en penalizar a los que violan las normas "porque para algo están".
En torno al ring, tiene un grupo de luchadores con los que hace camarilla: se autodenominan "La Derecha" y caminan juntos en la cruzada anti inmigración. Es además un rudo, como se llama en la disciplina a aquellos que no tienen miramientos en romper los códigos de conducta, por contraposición a los técnicos, que pelean según el reglamento.
Tiene además otra misión auto asumida: la de "limpiar" el negocio de la lucha libre. Prefiere recuperar, según dice, la práctica del wrestling original, volver la contienda menos mexicana y más estadounidense. Tan pronto sea campeón, intentará antes que nada erradicar las máscaras.
"Me niego a usar una. No es parte de la cultura estadounidense y para mí es como tratar de esconder algo", señala.
Realidad y ficción
La ficción que necesita el negocio de Lucha Libre USA está puesta a rodar y, con el fin de mantener la ilusión a toda costa, es difícil que los luchadores se aparten del discurso establecido por mandato de marketing.
Lizmark Jr., de México a Albuquerque
Desde Acapulco, marcado con tatuajes y cargando con su historia familiar, Lizmark Junior cruzó la frontera para ser parte de la liga de lucha libre en Estados Unidos.
Veía a mi papá luchador con sus máscaras y sus equipos y desde muy pequeño él me llevó a entrenar. Lo llevo como herencia en la sangre, señala el mexicano.
Su trabajo, dice, es también una manera de mantener viva una disciplina arraigada en su país natal y mostrarle que la esencia es distinta al wrestling que hacen aquí.
Me interesa por ejemplo que, sea los estadounidenses o los inmigrantes de otras partes, conozcan sobre los diseños de las máscaras mexicanas, expresa.
La mayoría de latinos en las butacas, dice, hacen el ambiente más grato: Me he sentido como en casa. Hay mucha retroalimentación y uno se vuelve como un superhéroe arriba del ring".
¿Es Brewer ficción o realidad? Quizás un poco de ambas. Su retórica enardecida ciertamente levanta pasiones junto al ring y, una vez creado el personaje, es difícil dar vuelta atrás.
"La idea es mostrar la realidad cultural de la comunidad hispana en Estados Unidos, por eso incorporamos personajes que tienen que ver con lo que le ocurre a este grupo", dice a BBC Mundo Steve Ship, presidente de la compañía.
En tiempos de un agitado debate migratorio que afecta en gran mayoría a la comunidad hispana, el ring refleja la polémica frente a una audiencia donde los latinos son más de dos tercios.
"Táctica de identificación", la llama Ship. Desde que fue presentado, Brewer se convirtió en objeto de odio de la mayoría de los espectadores en vivo –unos 3.000 en la arena que hace las veces de estudio televisivo en Albuquerque, Nuevo México- y de muchos más a través de la TV.
RJ Brewer cree que, artificios al margen, su personaje cumple una función social.
"Incluso aquellas cosas que digo en las que no creo 100% están ahí porque alguien las piensa, porque son parte del debate", opina el luchador.
Inmigrantes al ring
La liga estadounidense, creada por Ship hace cuatro años, quiere ser fiel a la esencia de la lucha libre mexicana, más acrobática que el llamado World Wresteling Entertainment local.
"La lucha mexicana tiene una mayor tradición e historia, es más rica y colorida y hay toda clase de personajes, todo tipo de cuerpos y personalidades. Son cosas que no se ven aquí", señala el presidente de la empresa, que ahora planea expandirse a India.
Muchos de los luchadores son, de hecho, venidos desde México, como Súper Nova, Mascarita Dorada, Lizmark Junior o La Tigresa Caliente.
"La mayor parte de lo que digo es de todos modos lo que creo"
RJ Brewer
Ellos, inmigrantes e hispanos, tienen que medirse en llaves y ataques acrobáticos con el intransigente RJ.
"Así como tiene que haber un personaje a quien todo el público ame, siento que Brewer es un personaje que cubre perfectamente el lugar del maldito. Está muy a tono con la audiencia: la gente sí lo odia, no sólo es cuestión del ring", opina Lizmark, en diálogo con BBC Mundo.
Es cierto, se trata de buscar efecto. Pero, ¿no se alimenta gratuitamente la confrontación con un tema crítico para muchos?
"Hay que mirar a las cuestiones reales que nos afectan. Para los que siguen las noticias, es claro que mi personaje es importante, muestra una parte de la realidad. Y la mayor parte de lo que digo es de todos modos lo que creo", revela Brewer.
"Nosotros queremos traer temas actuales, lo hacemos todo el tiempo. Y con cada personaje buscamos un efecto", afirma Ship.
La disputa está servida. Es hora del show.































