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Colombia y el conflicto que no cesa

Última actualización: Viernes, 14 de octubre de 2011
Policia de Toribío

A raíz del ataque contra Toribío, en julio pasado, el ejército aumentó su presencia en la zona.

En las montañas ubicadas al norte del departamento del Cauca el conflicto colombiano parece estar más vivo que nunca.

La evidencia está en las casas destruidas que rodean el cuartel de la policía de Toribío, y en los soldados que constantemente patrullan las calles con el dedo índice en el gatillo de sus rifles Galil.

Está en los retenes militares ubicados a la salida del pueblo de Caloto y en el creciente número de efectivos del ejército que ahora ocupan las instalaciones deportivas de la localidad.

Está en las escuelas de los resguardos indígenas de la zona, que han tenido que rodearse con mallas metálicas para intentar mantener fuera a los grupos armados durante los combates.

Y está en la casa de Abel y Miriam Coicué: en las marcas de metralla visibles en las paredes externas y en la profunda tristeza que ahora alberga en su interior.

Ahí, una vela permanentemente encendida y una humilde ofrenda floral intentan llenar parte del vacío dejado por la muerte de su hija Maryi Vanessa, de 11 años de edad, fallecida el pasado 16 de septiembre durante un enfrentamiento entre soldados del ejército y la guerrilla de las FARC.

Maryi se encontraba en casa con su madre, su hermano y otros familiares, cuando una bomba explotó a pocos metros de la humilde vivienda.

Pobladora del resguardo de Huellas herida por la explosión

La bomba que mató a Maryi Coicué también hirió a otras cinco personas.

"Yo escuché cuando mandaron el explosivo y me pregunté '¿ahora donde irá a caer?'", le dice a BBC Mundo Miriam Coicué.

"Me iba a sentar cuando en ese momentico sentí algo, una explosión. Cuando abrí los ojos estaba oscuro, había polvo, había hojas, había de todo y yo no sabía qué había pasado. Nosotros estábamos temblando, porque todo se movió. Y escuché los gritos", recuerda la madre, con la voz entrecortada por el llanto.

A su lado esta su esposo Abel, un periodista de la indígena radio Pa'Yumat.

"Yo trabajando en esto vi llorar muchas familias, vi caer muchos compañeros en otras comunidades, otras veredas", dice Abel.

"Creo que me preparé para todo menos para llorar un niño o una niña".

Entre dos fuegos

Su dolor es el dolor de todo el pueblo Nasa, la nación indígena que puebla estas montañas de importancia estratégica para las FARC.

Las montañas no sólo les ofrecen cobijo, sino que son parte de uno de los principales corredores del narcotráfico.

Abel Coicué

"Yo trabajando en esto vi llorar muchas familias, vi caer muchos compañeros en otras comunidades, otras veredas. Creo que me preparé para todo menos para llorar un niño o una niña".

Abel Coicué

Por aquí pasa, hacia el Océano Pacífico, buena parte de la droga que mantiene vivo al conflicto interno colombiano.

Y a raíz del ataque contra el pueblo de Toribío, el 19 de julio pasado, el norte del Cauca es también escenario de una renovada ofensiva militar.

Atrapados entre dos fuegos, los Nasa se resisten, sin embargo, a abandonar sus territorios y engrosar así la extensa lista de desplazados por el conflicto armado que desde hace casi medio siglo afecta al país.

A la hora de los combates, los habitantes de los caseríos afectados nada más se dirigen a los denominados "sitios de asamblea permanente" definidos para cada resguardo, los que se identifican con humildes banderas blancas.

Estas señales, sin embargo, no siempre son respetadas por el ejército o por la guerrilla. Y así, para los Nasa, el aumento de la presencia del ejército en la zona no se ha traducido en mayor seguridad.

"Ambos (ejército y guerrilla) nos perjudican a nosotros, que la gente ande armada siempre es un problema para nosotros", le dice a BBC Mundo Floresmiro Palomo, coordinador del sitio de asamblea permanente de El Credo, un caserío del resguardo indígena de Huellas, en el municipio de Caloto, ubicado a aproximadamente 40 minutos de camino de la casa de Maryi Coicué.

Montañas del norte del Cauca

Los habitantes de los resguardos indígenas de las montañas viven atrapados entre dos fuegos.

Y del relato que hace Floresmiro se desprende que el día de la muerte de la pequeña el sitio de asamblea permanente no era un lugar particularmente seguro, pues a pesar de las solicitudes de la comunidad estaba siendo ocupado por soldados que habían llegado desde la cabecera municipal en busca de la guerrilla.

"Unos disparaban de aquí para abajo, los otros de allá, por encima de nosotros, y la gente ahí. Nosotros lo que hablábamos, no nos prestaban atención".

"Y entonces siguió el combate, y siguió, hasta que ya empezaron a tirar esos cilindros bomba, y el ejército también de la montaña tiraba, y cuando ya a las 3:50 de la tarde cayó esa bomba ahí en la casa del compañero Abel".

Nuevos ataques

Los enfrentamientos de este tipo son constantes en la zona, aunque muy pocos logran capturar la atención de los medios de comunicación.

Mientras Floresmiro habla, todo parece tranquilo en el caserío, pero las radios de la Guardia Indígena de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN), a la que él pertenece, dan cuenta de fuertes combates en el municipio de Suárez, en el occidente del departamento.

Y Floresmiro advierte que los Nasa ya están cansados de pagar por un conflicto que no consideran suyo.

"Vamos a seguir actuando con total contundencia contra los grupos armados, no habrá descanso"

Juan Carlos Pinzón, ministro de Defensa

"Aquí la comunidad, con todo lo que pasó, tomó la decisión de hacer algo drástico. La gente aquí, en asamblea, tomó la decisión de que si volvían a ver a la guerrilla en estos lugares los iban a desarmar y que le iban a meter candela a todos los fusiles, todo lo que le quitaran. E igual con el ejército", dice.

Pero las únicas armas de la Guardia Indígena de la ACIN son sus palabras y los bastones de madera adornados con cintas que los identifican. Y eso no parece suficiente para detener las ofensivas del ejército ni los ataques de la guerrilla o para garantizar la tranquilidad de la región.

A inicios de esta semana, por ejemplo, un ataque de las FARC en el corregimiento de El Palo - por donde se pasa para llegar hasta El Credo y la casa donde murió Maryi Coicué- dejó siete soldados muertos y volvió a llevar la mirada de los medios y de los más altos mandos del ejército hacia la región.

El propio ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, se trasladó inmediatamente a la zona para coordinar personalmente las operaciones.

"Vamos a seguir actuando con total contundencia contra los grupos armados, no habrá descanso", aseguró Pinzón.

Y así, en el norte del Cauca, el conflicto continúa.

Ajeno a las demandas del pueblo Nasa y a sus esfuerzos por proteger su territorio y la vida.

Contexto

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