A la caza de rocas espaciales

Última actualización: Domingo, 25 de septiembre de 2011

En comparación con esta búsqueda, encontrar una aguja en un pajar parecería un juego de niños.

Meteoro

La bola de fuego, que se ve a la izquierda, se movió de occidente a oriente por el cielo.

Los científicos están intentando dar con los restos de lo que se sospecha es un meteorito que iluminó la semana pasada los cielos del sudoeste de Estados Unidos. ¿Cómo saben dónde deben buscar? Y, ¿por qué se molestan en hacerlo?

El meteorito, que apareció como una estela de fuego deslumbrante, era probablemente, según los científicos, un trozo de roca espacial del tamaño de una pelota de fútbol.

Se cree que partes pequeñas del meteoro –meteoritos- podrían haber sobrevivido a la caída a la Tierra y los astrónomos ya comenzaron a reunir datos que les puedan ayudar en su investigación.

La bola de fuego cruzó de oeste a este el cielo del sur de California, fue observada en Nevada y Arizona hasta que la vieron desintegrarse sobre Phoenix, la capital de este último estado.

Muchos de los que presenciaron el fenómeno telefonearon a las autoridades después de haberlo captado con las cámaras de sus móviles. Esas imágenes inundaron Twitter y los noticieros del día siguiente.

"Estaba más cerca que una estrella fugaz y se pudo ver cómo se rompió en pedazos", dijo el sargento Mark Clark del departamento de policía de Scottsdale, en Arizona, quien fue testigo del resplandor.

Si llegaran a encontrarlos, los meteoritos podrían aportar pruebas sobre los orígenes de nuestro sistema solar y la composición química y la estructura física de otros cuerpos celestes.

Pilares del Universo

"La mayoría de los meteoritos son más viejos que cualquier roca que pueda encontrarse en la Tierra", apunta Peter Brown, profesor de astronomía de la Universidad del Oeste de Ontario.

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Muchos filmaron o le tomaron fotos a la bola de fuego.

"Son, esencialmente, las piedras fundacionales del sistema solar".

La bola de fuego fue muy probablemente una roca espacial que se incendió mientras se movía a 32 kilómetros por segundo y a una altura de 30 kilómetros.

"Bolas de fuego como ésa se producen en la Tierra todos los días", señala Paul Chodas, investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

"Ésta apareció en una zona poblada a una hora buena, a media tarde, y por eso fue muy vista y se informó mucho sobre ella".

Se vio alrededor de las 19:45, hora local, del miércoles 14 de septiembre.

Ahora, los científicos están consultando diversas fuentes para intentar limitar el área que vale la pena explorar.

La investigación incluye entrevistas a testigos y la revisión de materiales audiovisuales grabados por satélites, cámaras astronómicas, radares, videoaficionados, cámaras de seguridad.

"Nuestros colegas intentarán utilizar los datos y videos de los que disponen para triangular la zona y así calcular dónde es probable que cayera el meteorito", sugirió Chodas.

"Sólo con descripciones orales no es suficiente".

Una roca entre tantas

Los meteoritos que resisten una caída tan fuerte y atraviesan la atmósfera de la Tierra continúan viajando decenas de kilómetros hasta que llegan al suelo.

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El meteorito que cayó en Sudán fue rastreado desde el espacio y luego encontrado en dos horas.

Para encontrarlos, los investigadores también deben tener en cuenta la dirección y velocidad del viento en las capas altas de la atmósfera terrestre.

Una vez que el procedimiento de búsqueda ha sido modelado, los científicos suelen hacer un llamado al público general para que los ayude en la caza, preguntándole a los habitantes de la zona sobre posibles tejados o autos dañados y pidiéndoles que se unan a la pesquisa.

"El problema es que hay muchas rocas en el mundo y la gran mayoría de rocas raras que la gente cree que pueden ser un meteorito no lo son", indica Alan MacRobert, editor de la revista Sky and Telescope (Cielo y telescopio).

"Si atrae a los imanes y tiene una capa delgada y oscura de un milímetro o dos, es una buena señal".

En 2000, un grupo de investigadores recuperó un kilo de meteoritos en un área de 64 kilómetros cuadrados en el Territorio del Yukon, en Canadá, después de que un piloto local descubriera los primeros fragmentos cuando manejaba sobre un lago congelado.

Jim Brook recogió las muestras sin tocarlas, las colocó en bolsas de plástico y las almacenó en su heladera hasta que pudo entregárselas a los astrónomos.

Ocho años más tarde, un equipo de más de 40 investigadores, entre los que se encontraban estudiantes y empleados de la Universidad de Jartum, halló 47 meteoritos en el desierto nubio, en el norte de Sudán.

En aquel caso, los científicos habían seguido al meteoro en su caída desde espacio a través de un telescopio en Arizona y, gracias a esto, predijeron el área aproximada en la que se iba a producir el impacto.

Testigos presenciales en la ciudad de Wadi Halfa y en una estación de trenes situada entre esa localidad y Jartum aseguraron haber visto una bola de fuego, algo que los satélites estadounidense también percibieron.

"Simplemente reunimos a 45 personas e hicimos una inspección del terreno", afirmó el Doctor Peter Jenniskens, un astrónomo que trabaja en el Instituto Seti de California y que colaboró en la búsqueda.

"Caminamos por el desierto, separados los unos de los otros por 10-20 metros", contó.

"Nos tomó dos horas, pero eso fue porque sabíamos dónde buscar".

Brown, de la Universidad del Oeste de Ontario, quien está familiarizado con los meteoritos de Sudán, apuntó que las rocas espaciales se encontraron a sólo 100 metros de lo que se había predicho.

En el caso de la bola de fuego de Arizona, si es que produjo meteoritos, los investigadores tienen la ventaja de que podrían haber caído en una zona más poblada que el norte de Canadá o el desierto de Sudán.

"Hemos poblado tanto nuestro país que es muy probable que algo haya caído sobre un edificio o un auto", comenta Jenniskens.

"Eso sería de gran ayuda", concluye.

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