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Las brasileñas no quieren ser empleadas domésticas

Última actualización: Domingo, 14 de agosto de 2011
Trabajadoras domésticas

Las jóvenes pobres de Brasil no quieren seguir los pasos de sus madres y abuelas.

Barbara José Baptista creció viendo cómo su madre, Odilea, iba a trabajar como mujer de la limpieza, tal y como lo hizo su abuela.

Para las mujeres más desfavorecidas de Brasil -con poca o ninguna educación escolar- dedicarse al servicio doméstico no sólo es natural, sino casi siempre inevitable. Es uno de los pocos empleos disponibles para ellas.

Pero Bárbara, de 24 años, quería que su madre se sintiera orgullosa.

"No seguí los pasos de mi mamá porque ella siempre me apoyó y animó a que buscara una profesión que me proporcionara un mejor nivel de vida", dice esta residente de Río de Janeiro.

"Ser una mujer de la limpieza permite pagar las facturas, pero no es posible progresar con ese sueldo".

Bárbara sólo lamenta que Odilea, que murió en 2005, no viviera para verla graduarse en biotecnología e iniciar un máster que espera le permita tener un trabajo dedicado a la investigación del cáncer.

Valorada en el trabajo

Historias como la de Bárbara son cada vez más comunes a medida que crece la economía en Brasil. La cantidad de personas viviendo en la pobreza decae y los niveles de educación aumentan gradualmente.

Trabajadoras domésticas en Brasil

  • Hay seis millones de mucamas, mujeres de la limpieza y cuidadoras.
  • El 93% son mujeres.
  • El 62% son de raza negra.
  • La edad media en el sector aumentó de 35 a 39 durante la última década.
  • La cantidad de asistentas con edad entre los 18 y los 24 años ha caído casi a la mitad. Hoy representan el 9,9% de total.
  • El 28% tienen contratos formales (la mayoría tienen acuerdos informales).
  • El 75% han finalizado su educación primaria.
  • El 23% completó la escuela secundaria.

Incluso con una educación básica, oportunidades de trabajo en supermercados, telemarketing, compañías de limpieza, restaurantes y oficinas abundan para aquellas mujeres que antes se habrían dedicado a ayudar a familias de clase media.

"Deben ganar menos (que siendo empleadas del hogar), pero tienen beneficios sociales y más seguridad laboral, así como perspectivas de crecer laboralmente", explica el consultor Renato Meirelles, del instituto de estadística Data Popular.

La gente joven, afirma, rechaza cada vez más la idea de ser empleada del hogar.

Puede que las situaciones varíen, pero según la socióloga Luana Pinheiro, la relación entre la empleada del hogar y el dueño de la casa suele ser de "sumisión".

"Aunque la carga de trabajo es fuerte, el empleo es simple, por lo que nunca es realmente valorado", dice Pinheiro, del Instituto de investigación de Economía Aplicada (IPEA).

Angela Conceicao Vaz empezó a trabajar como empleada doméstica para una familia en Río de Janeiro cuando tenía 13 años. Sin embargo, ella siempre supo que quería algo mejor.

Por ello, asistió a clases nocturnas para completar su educación básica y continuó haciendo cursos de informática e inglés.

Durante 14 de sus 35 años ha trabajado como secretaria de una empresa de telemarketing y ya es dueña de su propia casa.

Su hija mayor, de 17 años, planea ir a la universidad y su hija de 12 asiste a una escuela privada.

"Trabajan para tener un mejor futuro. Estoy tan orgullosa", dice Ángela.

Los costos aumentan

La falta de mujeres disponibles para trabajar como empleadas del hogar ha hecho que los salarios en este campo aumenten, aunque aún son bastante bajos.

Mariana y Thiago Lago

Mariana y Thiago están pensando en mudarse para poder permitirse una empleada doméstica.

Los pagos varían pero se basan en el salario mínimo que es de 545 reales (US$350).

Muchas mujeres brasileñas de clase media están acostumbradas a tener una asistenta que cocine y limpie por ellas, pero el incremento de su costo ha hecho que ahora tener una empleada del hogar sea un lujo para pocos.

Esto podría suponer cambios significativos para los individuos y la sociedad.

Mariana Lago, cuyos padres siempre han tenido una asistenta, admite no haber realizado muchas tareas del hogar hasta que se casó.

Después de que ella y su marido, Thiago, tuvieron su primer bebé ya no podían permitirse a la mujer de la limpieza.

Ha sido un "infierno" acostumbrarse a las tareas domésticas, trabajar y ser madre al mismo tiempo, dice Mariana, una profesora de literatura.

"Tratamos de ser organizados y tener la casa razonablemente limpia, pero la ropa para lavar se amontona, y de repente el baño está tan sucio que tienes que parar de hacer cosas para limpiarlo".

Con un segundo bebé en camino, han decidido mudarse a la ciudad vecina de Niteroi, para escapar del aumento de los precios de las propiedades en Río y así poderse permitir una empleada del hogar.

"Una asistenta es esencial para cuidar de los niños y continuar trabajando", asegura Mariana.

"Liberación"

Además de cambiar los hábitos de la gente, Luana Pinheiro cree que la escasez de mucamas presionará al gobierno para que desarrolle políticas que permitan a las mujeres cuidar de sus hijos y mantenerse en el mercado laboral.

Odilea

Odilea pertenecía a una generación de mujeres que tenía pocas opciones aparte del servicio doméstico.

El desarrolo del trabajo femenino en Brasil empezó por el empleo doméstico, explica Marcelo Neri, un economista de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

"Cuando la presencia de mujeres en el mercado laboral creció, las mujeres recibieron el apoyo de las trabajadoras domésticas, quienes les permitieron dejar la casa e ir a trabajar".

Muchas mucamas también tienen a alguien que las ayuda a cuidar de sus hijos mientras ellas trabajan.

"Los cambios que estamos presenciando en el mercado llevarán a la liberación de las trabajadoras domésticas de la categoría de trabajo no cualificado", dice Neri.

Bárbara, quien vive en un área pobre en los suburbios de Río con su tía, también empleada del hogar, está orgullosa de sus comienzos humildes y de su éxito.

"Me alegra compartir esta sensación de logro con los demás", dice.

Contexto

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