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Las orquestas penitenciarias en Venezuela les devuelven la esperanza a los presos

Última actualización: Domingo, 7 de agosto de 2011
Orquesta en cárcel de Coro

Los sonidos de la música clásica viajan a través de la brisa a través del enorme patio de cemento de la cárcel de Coro, en el oeste de Venezuela.

El patio interior de esta cárcel mixta, rodeado por los cuatro lados por altos muros o cercas y vigilado desde arriba por una torre de vigilancia y un sinnúmero de cámaras de circuito cerrado, es un lugar árido y hostil.

Pero la música es un indicio de que no todo es tan sombrío en esta cárcel.

En el auditorio, más de 300 presos se preparan para demostrar sus habilidades musicales.

Aproximadamente la mitad están aprendiendo a tocar un instrumento - violín, tuba, contrabajo o saxofón - mientras que los otros han estado entrenando sus voces durante los ensayos del coro.

La orquesta y el coro son, con diferencia, las actividades diarias más populares entre los prisioneros; más que el trabajo de carpintería, de metales o de costura. Más de la mitad de los internos de Coro participan de las actividades musicales.

"Me siento bien cuando estoy tocando, muy orgulloso, y también es una responsabilidad muy grande para mí", dice Elisaul Salas, interno y primer violín.

"Ser el primer violín es una responsabilidad muy grande, y que ellos hayan tenido la confianza en mí como para elegirme para este rol me da ganas de seguir adelante".

¿Instrumentos o armas?

La orquesta de la cárcel es un proyecto que se enmarca en el celebrado sistema de música de Venezuela.

Creado hace 36 años, el programa, conocido como El Sistema, es famoso por su trabajo pionero en la enseñanza de música clásica a los niños de familias pobres y ha engendrado la famosa Orquesta Juvenil Simón Bolívar.

Coro

La música también les ayudará cuando queden en libertad.

Fue a un ex alumno de la Orquesta Juvenil y abogado de derechos humanos, Lenin Mora, a quien se le ocurrió expandir el plan en las cárceles del país.

"Al principio hubo algunas dudas, porque hay instrumentos que pueden ser convertidos en armas, por ejemplo, las cuerdas de un contrabajo o un violín pueden ser utilizadas para colgar a alguien", dice.

"Gracias a cómo se dieron las cosas en las cárceles en las que hemos entrado, eso nunca pasó. Los reclusos cuidan sus instrumentos, ya que los ven como una responsabilidad suya".

Los presos deben demostrar tener un historial de buena conducta antes de que puedan unirse a la orquesta, y los profesores de música es insisten para que acudan a las clases limpios y aseados.

El horario es intenso: deben asistan a clases o talleres de ocho horas al día durante cinco días a la semana.

El programa ya funciona en siete cárceles y se ampliará a tres más a finales de este año.

Éxito

Los organizadores esperan que en algún momento haya clases de música en cada una de las 33 cárceles del país, pero las condiciones en algunas cárceles indican que eso es muy poco probable, al menos en el corto plazo.

Los disturbios y la violencia son frecuentes en muchas cárceles, donde el hacinamiento es moneda corriente.

El Rodeo

El hacinamiento es moneda corriente en las cárceles venezolanas.

En la cárcel de El Rodeo, a las afueras de la capital, Caracas, más de 20 personas murieron durante una pelea en junio. La posterior búsqueda de la policía de armas y drogas provocó tres muertes más y un largo enfrentamiento con los internos.

Sin embargo, en Coro, la cárcel más nueva de Venezuela, funcionarios y presos coinciden en que la orquesta es un éxito.

"Hemos visto una gran mejora en los internos", dice el director de la prisión, Abel Jiménez.

"De estar entre los reclusos con peor comportamiento, muchos pasaron a ser ejemplos en esta comunidad, con un expediente de más de dos años de buena conducta”, explica.

Hay indicios de que los beneficios continúan mucho tiempo después de los presos recuperan la libertad.

En Caracas me encuentro con Ramiro Rondón, de 28 años. Este ex pandillero estuvo más de tres años preso en Mérida, donde aprendió a tocar el clarinete.

Hace un año que está libre y ahora está aprendiendo a reparar y restaurar instrumentos. Además sigue tomando clases de clarinete una vez por semana.

"Mi vida ha cambiado un 100%", dice. "Al principio fue difícil, pero ahora he cambiado, estoy trabajando duro y tratando de sacar lo mejor de cada cosa".

Contexto

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