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El Tea Party no da su brazo a torcer en la crisis de la deuda de EE.UU.

Última actualización: Viernes, 29 de julio de 2011
Activistas del Tea Party

Los activistas del Tea Party rechazan cualquier aumento de impuestos.

Las negociaciones sobre el déficit fiscal entre ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos y el presidente, Barack Obama -para elevar el techo de la deuda nacional antes del 2 de agosto y evitar lo que podría ser una catastrófica cesación de pagos- se han caracterizado por la falta de concesiones.

Ambas partes se han acusado mutuamente de ser obstinadas, tercas, recalcitrantes -hasta engañosas- y responsabilizan a la otra en caso de que no se llegue a un acuerdo antes de la fecha plazo.

Cualquier plan que se negocie tiene que ser aprobado por las dos cámaras del Congreso. Pero la Cámara de Representantes está dominada por los republicanos y el Senado tiene mayoría demócrata así que, hasta ahora, ambas han neutralizado las diferentes propuestas, prolongando el estancamiento.

En anteriores ocasiones de control dividido en el Congreso, los partidos siempre habían logrado llegar a un consenso a pesar de sus diferencias ideológicas. No obstante, el panorama político en EE.UU. cambió con la elección en 2010 de un buen número de representantes republicanos adeptos al derechista movimiento Tea Party.

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Misión sagrada

Estos nuevos republicanos llegaron a la Cámara Baja basando sus campañas en la absoluta desconfianza del gobierno federal y en la misión casi sagrada de restringir severamente el gasto público.

Karlyn Bowman, analista del American Enterprise Institute, una organización no gubernamental de inclinación conservadora, explicó a BBC Mundo que estos políticos están convencidos de que el presidente Obama es el culpable de que el gobierno tenga un tamaño excesivo, por haber introducido programas como la ley para el estímulo económico o la reforma de salud aprobada en 2010.

"Ellos están decididos a tirar las riendas del gobierno y no están de ningún humor para hacer concesiones", señaló.

"Esta ala derechista interpreta cualquier colaboración con el presidente Obama como una derrota"

Pat Garofalo, ThinkProgress.com

Las dos posturas básicas en el debate sobre el presupuesto son: 1) aplicar recortes a algunos programas sociales, incluyendo la defensa, combinados con el cierre de lagunas impositivas favorables a las corporaciones y los más ricos -como proponen el presidente y los demócratas- y 2) efectuar profundos recortes al gasto público, sin tocar la defensa y ni un centavo más en impuestos -propuestos y apoyados por los republicanos.

Esta segunda tendencia es la que más impulso ha tomado y que, como líder de la mayoría republicana, apoya el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, quien sabe muy bien que la mayoría y la fuerza de su partido en el recinto legislativo se debe a estos nuevos conservadores del Tea Party.

Hasta hace unos días, Boehner venía negociando un acuerdo con Obama que hubiese sido aceptable para ambos partidos, pero las conversaciones llegaron a un abrupto final, con el presidente tildando a los republicanos de recalcitrantes y Boehner asegurando que el ejecutivo había cambiado su oferta inicial.

"La situación es que esta ala derechista interpreta cualquier colaboración con el presidente Obama o cualquier cosa que aparente ser una ganancia para el presidente como una derrota", señaló Pat Garofalo, editor de política económica del sitio ThinkProgress.com, de tendencia demócrata. "Literalmente, no quieren hacer nada que lo pueda beneficiar".

Oferta "inaudita"

Garofalo dijo a BBC Mundo que, en su opinión, el presidente recibió un país en recesión e invirtió para energizar la economía. Al margen de eso, dice, el déficit fiscal es una acumulación de cosas que han pasado a través de décadas, "guerras por las que no se ha pagado, enormes recortes en los impuestos" y otros programas muy costosos.

Pero Karlyn Bowman dice que en las primeras etapas de las negociaciones sobre el presupuesto, el presidente Obama se había comprometido a traer a la mesa lo que sonaba como recortes muy sustanciales "muy reales".

Barack Obama y Harry Reid

La propuesta de los demócratas hubiera sido bien recibida por los republicanos hace unos años, aseguran analistas.

"Nunca entraron en la discusión", asegura Bowman. "Por eso los republicanos están tan escépticos con lo que propone el presidente en términos de recortes".

La analista añade que los nuevos representantes republicanos quieren volver a sus electores en 2012 con la prueba de que cumplieron en Washington con el cometido para el que fueron electos: recortar como sea el gasto. "Por eso es que la negociación ha sido tan difícil", expresó.

Por su parte, Pat Garofalo señaló que los demócratas han sido más que generosos con su oferta: paquetes de recortes "inauditos" para los votantes del partido, como recortes al seguro social y a los sistemas de asistencia de salud social Medicare y Medicaid.

"Paquetes que incluían miles de millones en recortes -sin subir impuestos- con los que apenas hubieran soñado los republicanos de antaño y que los republicanos de hoy en día rechazaron", declaró el editor de ThinkProgress.

Nuevo tema de debate

Este fervor por recortar y la postura antiimpositiva se han arraigado profundamente en el pensamiento republicano e influido en la capacidad de negociación de los demócratas.

"Hemos llegado al punto en que las supuestas demandas de los demócratas ya ni existen y lo de los impuestos ni siquiera es un factor", dijo Garofalo.

Ahora, el tema se transformó en cómo y cuándo subir el techo de la deuda y evitar una cesación de pagos. Ambos partidos entienden que llegar al denominado "default" tendría consecuencias nefastas.

"Ya hay muy pocos moderados en el Congreso. Esto ha hecho las cosas difíciles inclusive para los mismos republicanos"

Karlyn Bowman, American Enterprise Institute

Pero en este debate el ala dura de los republicanos quiere tener la sartén por el mango.

Ellos buscan igualar cada dólar que se sube al techo de la deuda con un dólar que se recorta del gasto público. Además autorizarían aumentar la deuda solo lo suficiente para pagar las cuentas del Estado por los próximos seis meses.

Al término de este período, los partidos tendría que volver a negociar presupuesto y déficit, solo que esta vez estarían en medio de una campaña electoral.

Según recientes sondeos, el pueblo estadounidense está a favor de que se llegue a un acuerdo que incluya recortes y algo de impuestos.

"No obstante", señaló Karlyn Bowman, "la mayoría oprimió el botón de 'mudo' y la opinión que se escucha, la que lleva el peso, es la que dice que se recorte y se recorte".

La intransigencia se ha vuelto una fuente de orgullo y convicción. "Ya hay muy pocos moderados en el Congreso", opinó Bowman, " esto ha hecho las cosas difíciles inclusive para los mismos republicanos".

Contexto

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