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"No somos los villanos"

Deforestación en la selva amazónica en Brasil

La tasa de deforestación en la selva amazónica ha aumentado repentinamente este año.

Los troncos de árboles carbonizados en la selva amazónica cuentan su propia historia.

A pesar de que los árboles aquí son probablemente los mejores protegidos del mundo -al menos en teoría- alguien sigue talándolos y quemándolos.

Desde hace varios años, el gobierno brasileño ha insistido en que la tasa de deforestación en la selva amazónica se ha reducido drásticamente. Sin embargo, a principios de este año, ésta de repente saltó de nuevo, a un ritmo cinco veces superior al del año pasado.

Estos árboles juegan un rol vital en la gestión de los patrones del clima global: absorben el dióxido de carbono, que de otro modo, contribuiría al cambio climático.

Es por eso que Brasil se encuentra bajo presión para proteger la selva amazónica.

"Villanos"

Waldemar Vieira Neves lo entiende; pero señala que también hay otras consideraciones.

Él es lo que se conoce en Brasil como un colono del Amazonas y, tal y como muchas personas lo ven, los colonos son la mayor amenaza para la supervivencia de la selva tropical, al dedicarse a la quema de árboles con el fin de despejar más tierras para su ganado.

Waldemar es un hombre pequeño y delgado, de 64 años de edad, de rasgos afilados y un profundo sentimiento de agravio.

"Creo que todos piensan que somos los villanos", dice.

Waldemar Vieira Neves

"Creo que todos piensan que somos los villanos", afirma Waldemar Vieira Neves.

"Lo que la gente no entiende es cuán duro tenemos que trabajar para ganarnos la vida", agrega.

Conversamos en un pequeño claro en medio de la selva.

Él ha vivido allí desde hace 12 años, cuando que el gobierno le ofreció la oportunidad de comenzar una nueva vida como colono del Amazonas.

Solía ​​vivir en el extremo noreste de Brasil, sin tierra y sin mucha esperanza.

Así que, al igual que decenas de miles de otros colonos, aprovechó la oportunidad e hizo lo que el gobierno quería que hiciera: construyó un nuevo hogar para sí mismo en la selva y aclaró a los árboles.

Infractores de la ley

Las leyes sobre deforestación en Brasil son muy estrictas.

Se supone que a nadie que labra la tierra en la selva amazónica se le permite cultivar más del 20% de la tierra posee. El resto tiene que permanecer intacto, como una forma de preservar los bosques y el medio ambiente.

Pero a veces, dice Waldemar, las personas sienten que tienen que violar la ley. ¿Qué más se puede hacer si no hay otra forma de sobrevivir?

Hogar de un colono en la selva amazónica

Los colonos se quejan de que necesitan más ayuda para encontrar maneras de ganarse la vida.

"La gente dice que estamos destruyendo la selva amazónica", indica.

"Nosotros no lo estamos haciendo. La estamos protegiendo, dependemos de ella; pero tenemos que encontrar una forma para que tanto nosotros como la selva podamos sobrevivir".

Los colonos se quejan de que necesitan más ayuda para encontrar maneras de ganarse la vida, al tiempo que acatan la ley.

Aseguran que necesitan educación, no castigo, si el gobierno quiere que ellos labren la tierra y protejan a los árboles al mismo tiempo.

Dentro de los próximos meses, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que llegó al poder hace seis meses, tendrá que decidir si veta las propuestas para relajar el Código Forestal, que limita la cantidad de tierra que puede ser cultivada en la selva amazónica.

Los agricultores y grandes grupos empresariales internacionales sostienen que necesitan ser capaces de cultivar más tierras para proporcionar el alimento que el mundo requiere.

Decisiones difíciles

Ellos quieren una amnistía para los agricultores que en el pasado pudieron haber despejado las tierras en la selva amazónica ilegalmente, y proponen que -en lugar de ser multados- se obligue a los agricultores que han infringido la ley a comprar más bosque, lo que equivale a lo que ellos talaron, a cambio de una garantía de que los dejarán intactos.

"La gente dice que estamos destruyendo la selva amazónica. Nosotros no lo estamos haciendo. La estamos protegiendo, dependemos de ella; pero tenemos que encontrar una forma para que tanto nosotros como la selva podamos sobrevivir"

Waldemar Vieira Neves, colono

Brasil ya exporta más carne que cualquier otro país en el mundo, y la agricultura representa un cuarto de la producción económica total del país.

Es el segundo mayor productor de soja de mundo, que es un ingrediente esencial en la alimentación animal.

Además, la enorme presión de los productores de soja al sur del Amazonas, que están desesperados por comprar más tierra, está empujando a los pequeños agricultores como Waldemar Vieira Nevera adentrarse más en la selva.

Por un lado, la presidenta Rousseff no quiere poner en peligro el rápido crecimiento económico de Brasil al dañar sus poderosos intereses agroindustriales.

Por otro lado, se encuentra bajo intensa presión de los ecologistas para que no apruebe ninguna ley que pueda alentar más la deforestación en el Amazonas.

Antes de su elección el año pasado, Rousseff prometió vetar cualquier plan capaz de debilitar el Código Forestal y, dentro de los próximos meses, la mandataria brasileña va a tener que decidir si va cumplir con ese compromiso.

Contexto

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