El Museo de la Favela, arte en las peligrosas calles de Rio

Última actualización: Domingo, 29 de mayo de 2011
Museu da Favela

El Museo de la Favela busca hacer atractivas áreas pobres y peligrosas.

"Samba, capoeira, funk, todo lo que procede de la favela y la elite de Rio disfruta"

Sydney "el Tortuga" Silva

Sobre los barrios de las playas de Rio de Janeiro está Cantagalo, una de las muchas favelas que pueblan las colinas que salpican la capital carioca.

Cantagalo, junto a las comunidades de Pavao y Pavaozinho, forma parte de una red de serpenteantes callejuelas de hormigón sobre las colinas que tienen vistas a las famosas playas de Copacabana e Ipanema.

Cada día, miles de sus habitantes bajan a trabajar en las residencias, tiendas, hoteles y bares que frecuentan sus adinerados vecinos. Pero la migración diaria es unidireccional.

Buena parte de los ricos de Rio jamás ha puesto un pie en Cantagalo, algo que busca cambiar un ambicioso proyecto comunitario: El Museo de la Favela, que quiere convertir el degradado barrio en un área atractiva para los visitantes.

Como una galería de arte que explotó en las calles, el museo está hecho de una serie de enormes murales que cubren 20 edificios, todos comisionados a artistas locales.

"Samba, capoeira, funk, todo lo que procede de la favela y la elite de Rio disfruta", comenta Sidney "el Tortuga" Silva, vicepresidente del museo y guía para los visitantes que se adentran colina arriba.

El proyecto busca reflejar la historia de la comunidad y darle voz a sus residentes. "En los momentos en que los vecinos bajan a trabajar, este distrito debería empezar a dar a conocer a sus habitantes y frenar la segregación", comenta Silva.

Nido de delincuencia

Museo de la Favela

Las pinturas cuentan historias de la vida cotidiana de los habitantes de la favela.

Se estima que el 20% de los ocho millones de habitantes de Rio de Janeiro vive en favelas.

Como muchas barriadas humildes, las favelas han sido un caldo de cultivo para la pobreza y la delincuencia, en la práctica dominados por narcotraficantes. Siempre fue el lugar donde sólo vivían los más pobres.

Las cosas han comenzado a cambiar recientemente. En 2009, las autoridades se propusieron alterar esa realidad enviando a algunas favelas las Unidades de Pacificación de la Policía (UPP).

Y, debido a que muchas están sobre colinas con maravillosas vistas sobre la ciudad y las playas, las autoridades han descubierto un destino turístico muy popular.

Pero el proyecto de Sydney Silva está un paso por delante. Dirigido por la comunidad en sí, el Museo de la Favela es un proyecto que dibuja las profundas tradiciones de la barriada para contar su historia, no sólo a los turistas, también a los brasileños.

Reconoce la cultura y algo de lo que algunos residentes pueden estar orgullosos, cuenta su historia a quienes de otra manera nunca se hubieran acercado por allí.

Max Andrade es un médico de Rio de Janeiro que admite que hasta ahora siempre evitó pasar por la zona. "Normalmente no íbamos a la favela. Hasta que la policía se instaló aquí había muchísima criminalidad, era muy peligroso".

Ahora pasea por el barrio junto a Carlos Esquival, presidente del museo y artista callejero que firma como Acme.

Esquival explica orgullos las historias cotidianas que hay detrás de cada mural.

"Esta pintura en el lateral de esta casa retrata las dificultades de la comunidad, como lo complicado que es caminar cuesta arriba con una enorme lata de agua sobre la cabeza".

Historia de la favela

Museo de la Favela

Las favelas se levantan sobre la montañas que salpican la ciudad de Rio de Janeiro.

El tema de cada pintura es sugerido por un residente local. En este caso fue idea de Diva, vecina de 46 años que ha pasado en Cantagalo toda su vida y no se olvida de lo difícil que siempre fue acceder al agua.

The Strand

Helen Clegg visitó el Museo de la Favela para "The Strand", programa sobre arte global del Servicio Mundial de la BBC.

"Siempre fue una lucha enorme porque tenías que hacer fila con un pequeño recipiente y alguien podía venir con 50, ya ahí ya empezaban las peleas", recuerda.

"Había mujeres empujándose, tirándose del pelo, incluso hasta la policía tenía que intervenir a veces. Hoy veo una comunidad diferente".

La mayoría de las casas tienen acceso a agua y electricidad y Diva es feliz de que sus recuerdos hayan quedado plasmados para la historia, que no se olviden.

Pese a las mejoras, la favela todavía sufre por la inseguridad. Carlos Esquival lo comprobó cuando se acercó a los vecinos para pedirles permiso para usar sus muros para las pinturas.

"Cuando llegué con algo para firmar, reaccionaron con suspicacias. Pensaron que era del gobierno y que quería echarlos porque ahora hay muchas obras en marca. Las casas están siendo demolidas para hacer nuevas carreteras".

La diferencia entre las favelas y el resto de Rio todavía es bastante cruda. El doctor Andrade lo dice claramente: "Esto es un mundo diferente, un mundo donde las relaciones son diferentes, un mundo que no conozco".

"Quiero traer a mis hijas y mis amigos porque nadie que yo conozca ha venido. Creo que no se pueden ni imaginar cómo es".

Contexto

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