
Este mes, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitará una población irlandesa donde el tatarabuelo de su madre fue zapatero.
Se estima que Obama es el 22º mandatario de EE.UU. que reivindica su ascendencia irlandesa, y muchos de ellos han visitado Irlanda o Irlanda del Norte, en el Reino Unido. ¿Por qué?
Un pequeño pueblo de menos de 300 residentes en el Condado de Offaly se prepara para darle la bienvenida a "su hijo" más famoso.
Moneygall vive una "Obamamanía" que tendrá su colofón entre el 23 y 24 de mayo, cuando el presidente estadounidense visite el lugar donde, en 1850, su antepasado Falmouth Kearney hizo las maletas y se marchó a América.
La conexión irlandesa de Obama por parte de su madre, Ann Dunham, fue revelada en 2007 y el mandatario anunció la visita a Dublín el 17 de marzo, día de San Patricio, una de las fiestas nacionales de Irlanda, dedicada a su santo patrono.
Desde que el presidente John F. Kennedy fue rodeado por una multitud en Dunganstown, en el condado de Wexford, en 1963, casi todos los mandatarios estadounidenses han seguido la misma senda a través del Atlántico, a menudo en un esfuerzo por rastrear sus orígenes.
El voto católico

La conexión irlandesa de Obama, por parte de su madre, fue revelada en 2007.
Irlanda es, junto con los vecinos México y Canadá, uno de los países con los que los estadounidenses manifiestan más cercanía. Pero, ¿cómo llegó Irlanda a ser tan atractiva para los dirigentes del país más poderoso del mundo?
"Es muy simple: los votos católicos", dice John Robert Greene, historiador y autor de docenas de libros sobre los presidentes de EE.UU.
"No es que se observe un amor inmenso a la tradición irlandesa, con la posible excepción de John F. Kennedy y Ronald Reagan, ni un gran amor por cultura irlandesa, con la posible excepción de Kennedy, Reagan y Bill Clinton, pero sí hay un gran amor por los votos católicos y en particular por los votos de los católicos de origen irlandés", agrega.
"Por eso hay una peregrinación cada cuatro años y por eso Obama va (a Irlanda)", manifiesta.
"Está el presidente estadounidense más irlandés, Andrew Jackson, y luego el que más capitalizó los votos irlandeses, John F. Kennedy"
John Robert Greene, historiador
Esto, en opinión de Greene, sentará muy bien en la zona industrial de EE.UU. conocida como Rust Belt, que incluye a ciudades de industria pesada y manufacturas como Buffalo, Cleveland y Detroit, y también en Nueva York y en algunas partes de Massachusetts.
Y le garantiza a Obama exposición en la prensa católica, que tradicionalmente no lo apoya debido a su postura con respecto al aborto.
"Dudo que él realmente quiera ser fotografiado en una casa de campo como 'el hombre tranquilo', pero lo hará", asevera Greene, refiriéndose a la película de 1952 en la que John Wayne vuelve a Irlanda para recuperar su granja familiar en Innisfree.
El más "irlandés" de todos
En general, las conexiones irlandesas de los primeros presidentes de EE.UU. son con Tyrone y Antrim, a través de los protestantes del Ulster que llegaron al país a principios del siglo XIX y se establecieron principalmente en el sur y el oeste.

Moneygall vive una "Obamamanía".
Los descendientes de estos emigrantes se autocalificaron como escocés-irlandeses para distinguirse de los católicos pobres que huían de la hambruna en las décadas posteriores a 1840.
En este período -el más traumático en la historia de Irlanda- no era demasiado rentable electoralmente asociarse con los recién llegados, a los que se acusaba de robar empleos en Estados Unidos.
Para principios del siglo XX ya las actitudes habían cambiado y seguirían modificándose hasta el punto de que el probablemente más famoso irlandés-estadounidense de todos los tiempos, John F. Kennedy, llegó a la presidencia.
Ni sus padres ni sus abuelos nacieron en Irlanda, pero con su linaje logró forjar con éxito una identidad irlandesa, en parte porque fue el primer católico en llegar a la presidencia.
"Uno se da cuenta de que (Ronald Reagan) era irlandés en el sentido del humor, en la mirada"
Mary O'Farrell, dueña de un bar donde estuvo Reagan
"Está el presidente estadounidense más irlandés, Andrew Jackson, y luego el que más capitalizó los votos irlandeses, John F. Kennedy", dice el Greene. "Era evidente que él quería ser reconocido como el más irlandés de todos".
Desde Kennedy, todos los presidentes aparte de Gerald Ford han reivindicado una ascendencia irlandesa, estima el historiador, aunque en el caso de Bill Clinton no había ninguna evidencia de una conexión.
Una de las visitas más entusiastas a Irlanda fue la que hizo Ronald Reagan a Ballyporeen, en Tipperary, en 1984, en la que habló con emoción acerca de las conexiones con su bisabuelo, Michael Regan.
"Su temperamento era realmente irlandés", recuerda Mary O'Farrell, quien fue anfitriona del mandatario y la primera dama en su bar.
"Uno se da cuenta de que él era irlandés en el sentido del humor, en la mirada", explica.
Más que política
Según Carl Shanahan, fundador de Wild Geese, una organización que promueve la cultura irlandesa en EE.UU. y en el resto del mundo, cuando los presidentes hablan sobre sus raíces irlandesas están haciendo lo que millones de estadounidenses comunes y corrientes hacen todo el tiempo

Dos países unidos por la historia y la cultura.
El vínculo irlandés "no afecta a ningún nivel de la sociedad; nunca estuvimos en guerra con los estadounidenses como los alemanes, los italianos o los japoneses".
Y aunque los resultados de las encuestas sugieren que la conexión ayuda a ganar votos, no todo el cálculo es político, añade Shanahan.
El amor entre los dos países es genuino, explica, lo cual queda demostrado en el hecho de que muchos estadounidenses se ven como irlandeses pese a lo remoto de su origen.
Aunque el poder del voto irlandés se desvanece, el censo del año 2000 recoge 44 millones de autoidentificados como irlandeses-estadounidenses, además de seis a 7siete millones de escoceses-irlandeses, precisa Shanahan, muchos de los cuales nunca han puesto un pie en Irlanda.
"Hay una afinidad por asociación. Es la reputación de los irlandeses como luchadores. Gente que pelea y gana", afirma.
"Hay una afinidad por asociación. Es la reputación de los irlandeses como luchadores. Gente que pelea y gana"
Carl Shanahan, Wild Geese
Shanahan, quien está tratando de crear un museo irlandés-estadounidense en Washington, afirma que la historia de Irlanda está unida a la de Estados Unidos.
"Luchamos en sus guerras, ganamos sus territorios y construimos sus ciudades".
Y una demostración del afecto por Irlanda es la popularidad en EE.UU. del Día de San Patricio, una celebración que es más antigua que la propia nación estadounidense.
El primer desfile se celebró en 1766 en Nueva York, diez años antes de la Declaración de la Independencia.
Como reconoce Shanahan, hay un sentimentalismo en la visión estadounidense de Irlanda, porque los grupos de inmigrantes llevaron una imagen de la "madre patria" que permanece fija en el tiempo y el espacio.
No obstante, EE.UU. es un país cuya idiosincrasia está muy permeada por las historias de la elevación de la miseria a la riqueza.
Y una historia de inmigrantes que comienza con un zapatero en Moneygall y termina en la Oficina Oval de la Casa Blanca es demasiado tentadora para ignorarla.






























