Las diferencias cerebrales de los jóvenes antisociales

Última actualización: Viernes, 1 de abril de 2011
Jóvenes fumando

Los jóvenes antisociales parecen tener dificultades para distinguir emociones.

El período de la adolescencia tiene la reputación de ser una época de travesuras y conductas atrevidas. Pero para algunos jóvenes es mucho más problemática.

Algunos adolescentes exhiben lo que los expertos llaman "trastornos conductuales", que pueden resultar en comportamientos violentos y delincuencia.

Ahora, una nueva investigación reveló que los adolescentes con estos comportamientos antisociales agresivos y severos tienen diferencias en su estructura cerebral.

Específicamente, muestran diferencias en la región del cerebro que controla las emociones, dicen los investigadores en la American Journal of Psychiatry (Revista Estadounidense de Psiquiatría).

Durante la adolescencia el cerebro continúa desarrollándose y determinados cambios que ocurren en este período, afirman los científicos de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, parecen estar vinculados con los problemas de conducta.

El hallazgo, dice la investigación, cuestiona la idea establecida de que los trastornos conductuales de la adolescencia son sólo una consecuencia de la imitación del mal comportamiento de los pares.

Conducta antisocial

Los trastornos conductuales se caracterizan por un comportamiento cada vez más agresivo y antisocial y pueden desarrollarse en la niñez o en la adolescencia.

En el Reino Unido se cree que estos afectan a cinco de cada 100 adolescentes, los cuales están en un mayor riesgo de desarrollar problemas mentales y físicos en la edad adulta.

Los neurocientíficos de la Universidad de Cambridge utilizaron imágenes de resonancia magnética para medir el tamaño de algunas regiones cerebrales en 65 adolescentes varones con trastornos conductuales.

"Estos adolescentes (...) también muestran dificultades para tomar decisiones y parecen estar más dispuestos a tomar riesgos"

Prof. Ian Goodyer, Universidad de Cambridge

Y también estudiaron a 27 jóvenes que no mostraban síntomas del trastorno.

Tal como le explicó a la BBC el doctor Ian Goodyer, profesor de psiquiatría de la niñez y la adolescencia, quien dirigió el estudio, los individuos que participaron en el estudio habían mostrado al menos 12 meses de conductas antisociales, que involucran la violación de las reglas de la sociedad.

"Roban, mienten, pueden ser violentos, destruir la propiedad ajena o ser destructivos con la gente o los animales. No son conductas que ocurren todo el tiempo, pero son episódicas y surgen durante un periodo prolongado", afirma el investigador.

Los resultados de los escáneres revelaron que la amígdala y la ínsula -las regiones del cerebro que contribuyen a la percepción de las emociones, la empatía y el reconocimiento de la angustia ajena- eran "extraordinariamente" más pequeñas en los adolescentes con trastornos conductuales.

Falta de empatía

Adolescentes (SPL)

Cinco de cada 100 adolescentes sufren trastornos de conducta.

"Por ejemplo -explica el profesor Goodyer-, una parte muy importante de la experiencia es humana es que si miramos el rostro de alguien podemos diferenciar distintas emociones en esa persona".

"Pero estos adolescentes parecen tener más dificultades para poder distinguir distintos tipos de emociones en los demás, también muestran dificultades para tomar decisiones y parecen estar más dispuestos a tomar riesgos", dice el neurocientífico a la BBC.

Según el investigador, ahora será necesario llevar a cabo más investigaciones para analizar si estos cambios en la estructura cerebral son la causa o la consecuencia de los trastornos conductuales.

"Es importante conocer más sobre las causas de estos trastornos porque criar a un adolescente con estas conductas, además de enorme impacto emocional, es muy costoso", dice el profesor Goodyer.

"Cuesta casi diez veces más que criar a un adolescente 'normal', al menos en países como el Reino Unido y Estados Unidos".

"Y, además, presentan un alto riesgo y una carga para la sociedad, porque tienen dos o tres veces más probabilidades de cometer un delito en su vida adulta", añade el experto.

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