Carlos Chirinos
Enviado especial a Río de Janeiro, BBC Mundo

La mañana del domingo, a las afueras del Teatro Municipal de Río de Janeiro, un pequeño grupo de gente protestaba contra la presencia del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien iba a ofrecer un discurso que la Casa Blanca presentó como "la ocasión de hablarle al pueblo brasileño".
Simultáneamente, centenares de personas esperaban no tan pacientemente en el húmedo calor para pasar los estrictos controles establecidos por el servicio secreto encargado de proteger al mandatario estadounidense.
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Originalmente estaba previsto que el mensaje se presentara al descubierto en Cinelandia, la plaza frente al teatro que es simbólica en el movimiento pro-democracia brasileño, pero según la oficina de prensa de la Casa Blanca "razones varias" forzaron a llevar el evento puertas adentro, pese a que perdería parte del sentido popular que le querían dar.
Entre esas razones estuvo el temor de que las protestas anti-Obama que convocaron grupos de izquierda –algunos asociados al gubernamental Partido de los Trabajadores- hubieran tenido una convocatoria mayor de la que finalmente lograron.

Obama y su familia visitaron proyectos sociales en la favela "Ciudad de Dios".
El presidente Obama fue recibido con una ovación y despedido con otra al final de su discurso de unos veinte minutos, en el que hizo varias referencias a la cultura popular, al deporte brasileño y en general al buen momento que vive el país.
Como ha hecho ya varias veces desde que llego a Brasil el sábado pasado, Obama lamentó en tono de broma el que haya sido Río y no Chicago, su ciudad, la que organizará las Olimpiadas de 2016.
Pero el presidente estadounidense quiso insuflarle un tono optimista a sus palabras cuando se refirió a Brasil como "el país del futuro", la frase que en los años 60 se asoció a lo que entonces parecía un panorama promisor para la nación suramericana.
"Por mucho tiempo fueron llamados el país del futuro. Se les dijo que esperaran por un mejor día que siempre estaba al voltear la esquina. Meus amigos, ese día finalmente ha llegado (…) La gente de Brasil debe saber que el futuro ha llegado", dijo Obama arrancando los vítores de los asistentes.

Algunos de los manifestantes que se oponían a la visita de Obama ondeaban banderas cubanas.
Está claro que aquellos que ondeaban banderas de Cuba y del Partido Comunista y entonaban cánticos anti-imperialistas no iban a quedar convencidos con lo que les dijera el presidente Obama, ni afuera, ni adentro del teatro, pero ¿cómo lo recibieron algunos brasileños que asistieron al discurso?
"La gente quedó muy contenta, porque cuando tú los alabas ellos se sienten bien", le dijo a BBC Mundo Edmund N. Leising, un sacerdote estadounidense que trabaja en proyectos sociales en Brasil desde los años 40, entre ellos algunos en Ciudad de Dios, la favela visitada la mañana del domingo por Obama.
Aunque Leising, de 90 años, dirigió algunos de los primeros proyectos de rescate de la famosa barriada no tuvo oportunidad de ver al mandatario estadounidense durante su visita, porque "todo se alteró", según dijo, en referencia a la agenda presidencial.
Sobre el discurso de Obama en el Teatro Municipal, el padre Leising dijo que "él es un idealista. Y un idealista te dice el qué pero no te dice cómo".
"Él nunca dijo cómo lo hacemos. Nos hablo de todos los ideales, pero no vivimos de ideales. Vivimos con los hechos y hasta que no modifiquemos los hechos las ideas no se convierten en realidad", aseguró el padre Leising.

Coutinho dice que la población afrobrasileña siente orgullo de que Obama sea presidente de EE.UU.
El viernes la Casa Blanca explicó, se corrigió y volvió a explicar las razones del cambio de escenario, diciendo finalmente que "debido a un número de preocupaciones" desistían de hacer el evento en la plaza Cinelandia.
Pero algunos han especulado que la "verdadera" razón sería la de evitar que grupos de manifestantes pudieran interrumpir el acto, algo que reconoció a BBC Mundo como "una de las preocupaciones" un funcionario de la presidencia.
Pero los asistentes con los que habló BBC Mundo no consideraron malo el cambio aunque reconocieron que el mensaje pudo haber perdido la fuerza que había tenido si hubiera sido en una plaza pública.
"En la plaza habría sido como un mitin político, en cambio acá tuvimos la oportunidad de escucharlo mejor, con más atención", afirmó Jairo Coutinho, coordinador del "Espacio Niños Esperanza de Rio", un proyecto que busca capacitar a menores de barrios pobres de la ciudad.
Aunque Coutinho considera que la sola presencia del primer presidente estadounidense de raza negra es "fundamental".
"Esta población afrobrasileña tiene un posición muy devaluada en la sociedad. No tienen buenos empleos, no tienen lugar en la universidad y son las víctimas de la violencia urbana. Así que en la favela sienten orgullo de este presidente negro", afirmó Coutinho.
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