pasión gallera
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Desde la época de la colonia española en los campos en Cuba hay pasión por las riñas de gallos. Prácticamente en todo el país hay vallas como esta de la Finca Ancona, en las afueras de La Habana y dirigida por Guillermo García, un Comandante de la Sierra Maestra de origen campesino. (Fotos: Raquel Pérez. Textos: Fernando Ravsberg)
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La Finca Ancona también se dedica a la exportación de gallos finos. Sus principales clientes están en el Caribe, México, Centroamérica, Venezuela y Colombia. Para este año prevén vender alrededor de 200 ejemplares. En esos países se mueve tanto dinero en las riñas que los compradores contratan y se llevan al gallero cubano para que se los atienda.
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En Cuba todo el juego está prohibido desde que triunfó la revolución en 1959. Sin embargo, en todo el país existen cientos de vallas clandestinas donde los cubanos apuestan miles de pesos a los gallos. Estas apuestas y las exportaciones son los mecanismos por los que se sostiene la crianza de gallos finos en la isla.
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En la finca nos explican que los gallos de pelea en otros países tienen espuelas de cualquier tamaño y todo tipo de material, incluso tungsteno. Las reglas en Cuba especifican que las espuelas no pueden ser mayores de 23 mm. y los materiales autorizados son espuelas de otros gallos, acrílico o carey (caparazón de la tortuga).
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Una veterinaria comprueba el estado del gallo antes de la pelea buscando trampas. Algunos galleros poco "éticos" les untan grasa en las plumas para que se zafe cuando el contrincante pretenda sujetarlo. También hay quienes les ponen veneno o anestésicos en el pico o las espuelas para lograr ventajas en la pelea.










