Última actualización: Domingo, 30 de enero de 2011

Letras sagradas con pluma de mujer

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Avielah Barclay es una judía ortodoxa que pretende vivir "sincera y plenamente" dentro de las tradiciones de su fe.

Su vida es contemplativa, se cubre la cabeza y viste una falda larga como manda la tradición de la modestia femenina propia de la religión que profesa. También sigue una dieta kosher.

Pero al mismo tiempo, en muchos sentidos, es el ejemplo de todo menos de ortodoxia: es una escriba. Se dedica a escribir y restaurar los libros sagrados de los judíos, un trabajo tradicionalmente de hombres.

No estoy rebelándome contra los hombres. Los rabinos me han ayudado a aprender este arte. Realmente, en algún sentido estoy siendo muy obediente

Avielah Barclay

Su pasión es en sí una contradicción. Vive inmersa en un arte del que brotan las reglas y rituales que dictan que las mujeres no deben asumir un papel protagónico en el ejercicio de la religión, por lo cual no está bien visto que ella viva inmersa en ese arte.

"Al principio, mi mayor preocupación era si que hiciera esto era lo correcto. ¿Estoy siendo honesta conmigo? No quiero retar a Dios y que cuando mi vida termine, Dios me diga: 'lo hiciste todo por tu ego'".

Hija de una familia cristiana en Canadá, se sintió atraída por los textos judíos a la edad de tres años, después de ver el musical "El violinista en el tejado".

"Las cartas me parecieron como el fuego. Sabía que eran importantes y quise acercarme a ellas".

A los diez años, empezó a aprender hebreo de forma autodidacta. En la adolescencia, sin embargo, se disipó su interés por el judaísmo hasta que a los 20 años su vida volvió a dar un giro inesperado.

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Llamada de Dios

Después de un accidente de tráfico, su mano derecha resultó aplastada por completo. Mientras tenía que volver a aprender a escribir, recordó cuánto había disfrutado con la caligrafía hebrea.

Escritos en la Torá

Barclay se enamoró de las letras desde que vio El violinista en el tejado.

Barclay asegura que entonces sintió como una llamada de Dios para aprender el sagrado arte del escriba y se convirtió al judaísmo.

Su rabino respondió a su interés en la caligrafía con cautela: sin desanimarla, pero advirtiéndole que muchos judíos ortodoxos desaprobarían que una mujer asumiera una tarea tradicionalmente reservada a los hombres.

Pero la perseverancia de Barclay la llevó a, siete años después, viajar desde Vancouver a Jerusalén para obtener finalmente su acreditación como escriba.

Hoy en día, sin embargo, no exhibe su certificado pues el rabino que lo firmó prefiere no atraer la atención por lo que hizo.

Inapropiado

"Yo no me estoy rebelando contra los hombres. Los rabinos me han ayudado a aprender este arte y a obtener el título, así como a encontrar los fundamentos en las leyes judías sobre si es apropiado que una mujer sea escriba. Realmente, en un sentido, estoy siendo obediente".

Avielah Barclay, la escriba ortodoxa

Barclay sólo consigue encargos de congregaciones no ortodoxas.

La corriente mayoritaria sugiere que es aceptable que una mujer escriba textos sagrados. Eso opina Barclay a partir de sus estudios de las leyes judías, aunque no todos lo ven así.

"Lo entiendo, no me molesta. Sé que soy la primera en varios siglos. Cualquier cambio en la ortodoxia debe ser muy, muy lento, casi imperceptible para algunos".

Barclay pasó varios años tratando de averiguar si antes de ella hubo alguna otra mujer escriba. Los escribas judíos no firman su trabajo y las mujeres difícilmente son mencionadas.

Anónimas

"En la historia, a las mujeres evidentemente nos olvidan. No nos nombran. Nuestras experiencias son contadas a través de una narrativa masculina y no con nuestras propias voces".

Herramientas de Avielah Barclay

Las herramientas que Barclay emplea para un trabajo tradicionalmente vetado a las mujeres.

Con el tiempo, Barclay encontró al menos diez casos de mujeres escriba que vivieron hace cientos de años.

La más reciente parece haber sido Sara, hija del gran rabino de Praga hace 250 años, que escribió el Libro de Esther, parte de la Biblia Judía.

Pero ni siquiera su padre, con lo respetado que era, pudo dictaminar si era apropiado que su hija escribiera los textos sagrados.

Fue por eso que refirió el caso a un colega que decretó que no era apropiado. De Sara se sabe que se casó y tuvo hijos. Del pergamino que tanto trabajo le costó crear no se sabe nada.

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