Última actualización: Viernes, 14 de enero de 2011

Por qué la música nos hace sentir bien

La música libera sustancias químicas en el cerebro que son responsables de hacernos sentir bien, dice una investigación.

Pentagrama

Sonidos para sentirse mejor.

El estudio, publicado en Nature Neuroscience, descubrió que los compuestos químicos se liberan en el momento en que sentimos más placer escuchando la música que nos gusta.

Según los científicos de la Universidad de McGill en Montreal, Canadá, ésta es la primera vez que se comprueba que este compuesto químico, llamado dopamina, está vinculado a la música.

Se sabe que la dopamina se incrementa en respuesta a otros estímulos o actividades de recompensa como la comida, las relaciones sexuales u obtener dinero.

Esta sustancia también produce un estado de bienestar con ciertos estímulos tangibles, como estar enamorado.

En el nuevo estudio, se encontró que los niveles de dopamina eran hasta 9% más altos cuando los voluntarios estaban escuchando música que les agradaba.

Los investigadores afirman que este resultado es significativo porque comprueba que los humanos obtenemos placer de la música, una recompensa abstracta, que es comparable con el placer que se obtiene de estímulos biológicos más básicos.

La doctora Vicky Williamson, psicóloga musical del Goldsmiths College de la Universidad de Londres, recibió positivamente la investigación.

Según la experta, hasta ahora los estudios no han respondido porqué la música es tan importante para el ser humano, a pesar de que han comprobado que es un hecho.

"El estudio demuestra que la música está vinculada con nuestros sistemas de recompensa más profundos", explica la doctora Williamson.

"Escalofrío" musical

La investigación involucró escanear el cerebro de ocho voluntarios durante tres sesiones, utilizando dos tipos distintos de escáner.

El estudio demuestra que la música está inextricablemte vinculada con nuestros sistemas de recompensa más profundos

Dra. Vicky Williamson, Universidad de Londres

Esta muestra relativamente pequeña fue seleccionada de un grupo inicial de 217 personas.

Esto se debió a que fue necesario que los participantes experimentaran sensaciones de placer de forma consistente al escuchar la misma pieza musical y sin que éstas se redujeran después de múltiples repeticiones o en distintos ambientes.

Se utilizó un tipo de escáner llamado tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés) en dos sesiones. En la primera, los voluntarios escuchaban música que les daba enorme placer y en la segunda debían escuchar música a la cual eran indiferentes.

En una tercera sesión, la música fue alternada entre la placentera y la neutral mientras se les sometía a un escáner de imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf).

Los datos obtenidos de los dos distintos tipos de escáner fueron analizados y los científicos pudieron estimar la liberación de dopamina.

La transmisión de dopamina fue más alta cuando los participantes estaban escuchando música que gozaban.

Respuesta emocional

Un elemento clave del estudio fue la medición de la liberación de dopamina cuando los participantes estaban experimentando su mayor respuesta emocional a la música.

Para hacerlo, los científicos marcaron el momento cuando los participantes sentían un escalofrío que les recorría la espalda del tipo que mucha gente experimenta en respuesta a su música favorita.

Niños tocando instrumentos

El estudio midió cómo se libera dopamina en el cerebro con la música.

Este "escalofrío" musical indicó cuándo los voluntarios sentían el placer máximo.

Los escáneres mostraron una mayor transmisión de dopamina cuando los participantes sentían el escalofrío. Y cuando estaban escuchando la música que no les producía esa emoción, se liberaba menos cantidad de esa sustancia.

Tal como señala el doctor Robert Zatorre, quien dirigió el estudio, "necesitábamos estar seguros que podíamos encontrar a gente que sintiera escalofríos de forma muy consistente y precisa".

"Porque una vez que los sometíamos al escáner, si no tenían escalofríos no teníamos nada que medir".

"El otro factor que fue importante es que deseábamos eliminar cualquier confusión potencial derivada de asociaciones verbales, así que sólo usamos música instrumental".

"Esto también eliminó a muchos de los que se presentaron en la muestra original, porque la múscia que trajeron al experimento y que les agradaba tenía letras", explica el investigador.

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