
Las hormigas más viejas con mandíbulas desgastadas asumen la tarea de llevar hojas.
Un grupo de investigadores que estudian los hábitos de las hormigas cortadoras de hojas descubrieron que, a medida que estos insectos envejecen y sus mandíbulas se deterioran, se retiran del trabajo más duro.
Es decir, las hormigas también se jubilan.
Científicos de la Universidad de Oregon, en Estados Unidos, encontraron que cuando las hormigas más viejas dejan de cortar hojas asumen tareas más relacionadas con el transporte, lo que para los investigadores demostraría que los individuos pueden jugar un papel importante incluso cuando sus atributos físicos comienzan a declinar.
Los especímenes estudiados son los "granjeros" del mundo de los insectos.
Cada miembro de la factoría de las hormigas es capaz de cortar y transportar cargas que equivalen a 50 veces el tamaño y peso de su propio cuerpo.
Las hormigas forman entonces una procesión en miniatura que lleva la cosecha a casa, donde las hojas son utilizadas como superficie para cultivar hongos que alimentan a la colonia.
Pero cuando las mandíbulas se deterioran por causa de la edad, este impresionante trabajo de equipo se ralentiza.
Los investigadores descubrieron que las hormigas más viejas tienen dificultades para sujetar y cortar hojas.

Este tipo de hormigas pueden transportar hojas 50 veces mayores que su peso.
Sin embargo, una observación más detallada reveló que aquellas hormigas cuyas mandíbulas se encontraban completamente desgastadas cambiaban de trabajo en la cadena de montaje: dejaban la tarea de cortar hojas a sus compañeras más jóvenes, mientras que ellas asumían la función de arrastrar la hoja en su largo camino al hormiguero.
"El deterioro de sus mandíbulas era tan grande que la hormiga cortadora hubiera tenido que utilizar más del doble de la energía y del tiempo en cortar hojas que un ejemplar que acababa de salir de la crisálida, cuando es totalmente joven y tiene mandíbulas perfectas y afiladas", le explica a la BBC el profesor Robert Schofield, uno de los científicos que realizó el estudio.
"De modo que las hormigas con las mandíbulas más deterioradas y aquellas que las tenían totalmente desgastadas, el diez por ciento del total, transportaban en lugar de cortar".
"Esto muestra la ventaja de ser un insecto social frente a un insecto solitario, porque una hormiga que no pudiese usar más con sus mandíbulas y fuera solitaria habría muerto", añade Schofield.
La investigación sugiere que, en estas sociedades altamente organizadas, los individuos pueden adaptarse y seguir siendo útiles incluso cuando sus atributos físicos comienzan a decaer.
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