Última actualización: Domingo, 26 de diciembre de 2010

La magia sobrevive en la artesanía mexicana

Jorge López-Portillo

Para encontrar a don Lupe tuvimos que preguntarle a las personas que veíamos afuera de sus casas si acaso lo conocían. La mayoría, jóvenes, no sabían quién era.

Don Lupe es un ceramista de edad que, de pura casualidad, resonó en la mente de una persona cuando recordó el afecto que le tenía un arquitecto a la alfarería de San Miguel Aguasuelos, un pueblo que queda en Veracruz, México.

El ceramista y su esposa, a quienes finalmente encontramos bajo las instrucciones de "viven allí, donde el árbol con las flores rosas", abrieron las puertas de su casa con cuidado, pues su hogar, construido con láminas, tiene ejes filosos.

Con una sonrisa de dientes desgastados, don Lupe mostró alegría al escuchar el nombre de aquel arquitecto que había conocido hace tiempo.

Gracias a la poca luz que finalmente ofreció un foco al hacerlo bailar en el cable, fue visible la mesa que contenía sus últimas creaciones. Desde campanitas y molcajetes a complicadas iglesias con santos y hasta una representación folclórica de un avión, se develó la rústica elaboración de este oficio casi relegado por las nuevas tecnologías.

Ahí estaban: esas iglesias de cerámica que son una memoria vaga en la mente de algunos. Hubo quienes incluso se las regalaron a extranjeros hace tiempo para que pudieran apreciar las artesanías mexicanas y ahora se arrepienten pues no saben si las encontrarán de nuevo.

A la espera de visitantes

Andrea López-Portillo

Las artesanías son mostradas en las casas de los habitantes.

Las manos creadoras de don Lupe le dan a cada pieza una forma única. El color es un suave café blanquecino, y con decoraciones en un color más oscuro, les da toques de creatividad aquí y allá.

El barro proviene de su propio suelo y lo hornea en la parte trasera de su casa.

Las iglesias de don Lupe, dependiendo del tamaño y complejidad, cuestan entre US$5 y US$30 mientras que el precio de las campanas y platos no rebasan un dólar. Las artesanías más elaboradas, como el avión, están alrededor de US$40.

La mayoría de los habitantes de este pueblo fundado en 1668 se dedican a la alfarería y tienen la esperanza de que los visitantes se internen en las callejuelas sin pavimentar del pueblo y se detengan a admirar su trabajo.

Desde luego, a menos que los visitantes tengan un espíritu aventurero, sólo quienes viven a la entrada del pueblo corren con suerte.

Aguasuelos no es el único

Andrea López-Portillo

Monte Albán, sitio arqueológico prehispánico en Oaxaca, México.

A 10km del centro de Oaxaca, en el oeste mexicano, se encuentra San Antonio Arrazola, otro de los tantos pueblos en donde los artesanos venden sus obras en sus casas.

Con más infraestructura, este poblado cuenta con casas un poco más elaboradas. Incluso existen pequeñas tiendas y talleres dedicados a la venta de artesanías.

La idea de los alebrijes, cuya elaboración es uno de los oficios principales en Arrazola, se basa en la creación de animales de copal tallado que posteriormente son pintados a mano con diseños creativos, coloridos y detallados. Cada persona que busca hacer su propia artesanía tiene que ir al valle y recoger la madera.

Algunos artesanos como Manuel Jiménez Hernández, tienen una vista extraordinaria desde sus casas: Monte Albán, uno de los sitios arqueológicos más representativos de México, los mira desde lo alto de la montaña.

Andrea López-Portillo

Gato alebrije elaborado por Manuel Jiménez Hernández.

A pesar de que San Antonio Arrazola tiene más presencia en la mente colectiva mexicana que Aguasuelos, algunas de sus obras en el lugar tienen un precio bajo. Una lagartija alebrije de 12x12cm que en la casa del artesano cuesta US$2, puede llegar a venderse en US$20 o más en tiendas de la Ciudad de México.

En sitios web de compras y comercios con intereses particulares, este tipo de artesanías puede llegar a cantidades de hasta tres cifras en dólares.

Eso sí, si en la localidad a uno le ven cara de extranjero, los precios pueden subir, pero la ganancia final no parece compensar el tiempo invertido en realizar el trabajo.

Ayudando a la artesanía

A pesar de la sensación que el visitante pueda llevarse, según los documentos publicados en el sitio en internet de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), pueblos como Aguasuelos y Arrazola no parecen estar abandonados a su suerte.

El padrón de beneficiarios registra que la gente de San Miguel Aguasuelos recibió ayuda de programas, la mayoría provenientes de SEDESOL, pero también del Fondo Nacional de Fomento a las Artesanías (Fonart).

Andrea López-Portillo

Alebrije de 2m aprox. expuesto en el Museo de Arte Popular, en México.

Con estos apoyos, el número de personas beneficiadas alcanzado en 2010 ha sido de 211 en una demografía de 309 habitantes.

Por su parte, de los 1.070 habitantes de Arrazola, 722 obtuvieron apoyo gracias a iniciativas similares de SEDESOL.

Además, hay varios lugares que se dedican a promover las artesanías para ayudar a mantener los oficios a flote, entre ellos el Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán, que estudia, conserva, difunde y desarrolla la cultura popular en México, y el Museo de Arte Popular en la Ciudad de México impulsa la artesanía a través de exposiciones, talleres, seminarios y concursos.

No obstante, hay muchos artesanos como don Lupe cuyas vidas siguen siendo difíciles y no hay mejor apoyo ni recuerdo que ir personalmente a estos pueblos mágicos, conocer a sus creadores y llevarse la experiencia impregnada en la piel y en las piezas únicas que se hayan decidido comprar.

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