Última actualización: Lunes, 15 de noviembre de 2010

Presión laboral, riesgo al corazón en la mujer

Las mujeres sometidas a mucha presión en el trabajo tienen 40% más riesgo de enfermedades cardiovascuales que aquéllas con empleos menos exigentes, afirma un estudio en Estados Unidos.

Mujer en la oficina (SPL)

Las mujeres con mucha presión laboral tienen 40% más riesgo de males del corazón.

Estas mujeres, dicen los investigadores del Hospital Brigham y de Mujeres en Boston, tienen 88% más riesgo de un infarto y más probabilidades se sufrir derrame cerebral y daños a las arterias que requieran cirugía de bypass coronario.

La presión laboral -una forma de estrés psicológico- está definida como el desempeño en un empleo exigente que ofrece oportunidades limitadas para tomar decisiones o para utilizar las capacidades creativas e individuales de la persona.

Los científicos, que presentaron los detalles del estudio en la conferencia de la Asociación Estadounidense del Corazón, siguieron a 17.415 mujeres sanas durante más de 10 años y evaluaron su nivel de presión en el trabajo y su inseguridad laboral.

Muchas demandas, poco control

Según los investigadores, la inseguridad laboral está asociada a los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares -como la hipertensión y la obesidad- pero no directamente a una mala salud cardiovascular.

La presión laboral resulta en ausentismo, enfermedad y discapacidad, los cuales pueden reducir la productividad y la competitividad

Dra. Michelle Albert

Y las mujeres con un riesgo más alto de enfermedades del corazón, en el largo plazo, son aquéllas con trabajos que se caracterizan por muchas exigencias y poco control, así como trabajos con muchas exigencias y mucho sentido de control.

Se cree que el estrés puede provocar la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol, cuyos niveles constantemente altos pueden dañar el sistema cardiovascular.

También pueden incrementar los niveles de inflamación que pueden desestabilizar las placas de grasa que se depositan en los vasos sanguíneos, lo cual podría causar problemas circulatorios.

Los expertos, sin embargo, temen que se estén pasando por alto las enfermedades del corazón en las mujeres, ya que a menudo se piensa equivocadamente que son un problema masculino.

Las mujeres quizás presentan síntomas menos comunes, como dolor de la espalda baja, sensación de ardor en el pecho, malestar abdominal, náusea o fatiga, lo cual dificulta un diagnóstico.

También es menos probable que consulten al médico, y cuando lo hacen a menudo la enfermedad ya está en etapas avanzadas.

Conductas de riesgo

Estudios previos, que se habían enfocado en la presión laboral y su efecto en los hombres, mostraron resultados similares.

Mujer estresada (SPL)

El estrés del trabajo incluye muchas exigencias y poco control.

La doctora Michelle Albert, quien dirigió el estudio, afirma que el estrés del trabajo parece tener efecto tanto de corto como largo plazo en la salud cardiovascular.

Según la investigadora, es crucial que los empleadores vigilen el estrés que generan los empleos y tomen medidas para tratar de mejorar la situación.

"La presión laboral resulta en ausentismo, enfermedad y discapacidad, los cuales pueden reducir la productividad y la competitividad" señala.

"El empleo puede afectar tanto positiva como negativamente la salud por eso es importante, como parte de un "paquete" completo de cuidado a la salud, poner atención a las presiones del trabajo".

Sin embargo, algunos críticos creen que no es el estrés el que causa problemas en el corazón, sino las conductas insanas -como beber alcohol y fumar- a las que algunas personas recurren para poder enfrentar la presión.

Ellen Mason, enfermera cardíaca de la Fundación Británica del Corazón, señala que todavía se desconoce el exacto mecanismo con el cual el estrés podría cambiar la química del cuerpo para incrementar el riesgo de enfermedad coronaria.

Pero agrega que cada vez hay más investigaciones que sugieren que éste podría tener un efecto perjudicial en la capa que recubre las arterias.

El estudio fue financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

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