Última actualización: Domingo, 17 de octubre de 2010

Chile / mineros: misa y protesta en el Campamento Esperanza

Misa en el Campamento Esperanza con algunos de los 33 mineros rescatados en Chile

Trece de los 33 mineros estuvieron en el servicio ecuménico que se realizó en el Campamento Esperanza.

Los cánticos de alabanza se mezclaron con los gritos de protesta. "Gracias Dios, por haber hecho el milagro", entonaban unos. "Dios es de todos, no es privado", reclamaban otros.

El escenario fue el campamento Esperanza, el asentamiento formado al pie de la mina San José, en el norte de Chile, donde las familias de los 33 trabajadores atrapados en un derrumbe esperaron a que concluyeran los 70 días del operativo rescate.

Los 33 y sus parientes llegaron este domingo para una celebración religiosa de credos múltiples. Los hombres habían pedido volver para conocer el lugar que había albergado a sus familias mientras ellos estaban bajo tierra y el cierre de la odisea –se había decidido- estaría marcado por un momento de reflexión.

Pero hasta el campamento se desplazaron también otros trabajadores de la empresa San Esteban, dueña del yacimiento, que no estaban de turno aquel 5 de agosto y se salvaron de la pesadilla subterránea.

Nos deben sueldos y no nos han entregado el finiquito (indemnización), lo que nos impide buscar otro trabajo

Horacio Vicencio, miembro del sindicato minero

"No somos 33, somos 300", rezaba una de las pancartas con las que encabezaron la marcha, integrada por una treintena de operarios. Pedían atención mediática para un "efecto colateral" del derrumbe: la falta de trabajo y de respuesta a sus reclamos económicos.

"Nos deben sueldos y no nos han entregado el finiquito (indemnización), lo que nos impide buscar otro trabajo", declaró Horacio Vicencio, miembro del sindicato minero.

Como si con la incertidumbre no hubiera sido suficiente, el grupo tuvo que confrontar con los carabineros para poder ingresar al servicio religioso con sus compañeros, los 33 famosos, los convertidos en héroes.

No los dejaron. La celebración tuvo lugar detrás de un vallado que cortó el paso de curiosos, manifestantes y periodistas, dentro de una carpa blanca en el sector que durante estos dos meses estuvo reservado a las familias.

Reclamo salarial

También gritaron el Ceacheí, que Chi chi chi, que le le le, seguido de un hurra a los mineros. Pero sus razones eran otras: despertar conciencia sobre los "70 días sin plata y sin trabajo".

Bernardo Córdova junta firmas para que la cápsula Fénix 2 se quede en Copiapó.

Bernardo Córdova junta firmas para que la cápsula Fénix 2 se quede en Copiapó.

Según se informó, los trabajadores recibieron sus salarios hasta septiembre, pero ahora exigen el pago de unos $900 millones (US$1,8 millón) por cesantía, para más de 250 empleados.

Los dueños de San José, inmersos en un proceso judicial que podría terminar en una declaración de quiebra, pidieron perdón a los trabajadores, pero no se apersonaron en el campamento durante el rescate.

Por eso, los obreros piden sobre todo la intervención del gobierno. Una de las iniciativas públicas fue la de organizar una feria laboral en Copiapó, donde otras empresas mineras ofrecieron puestos a los damnificados.

clic Lea también: ¿Qué hacer con los mineros desempleados?

Sin embargo, los trabajadores lamentan que, como la relación contractual con San Esteban no se ha cancelado formalmente, se ven impedidos de firmar convenios con otros empleadores.

"Somos los mineros desprotegidos y no nos iremos hasta que no paguen los finiquitos, más vale que sea luego (pronto), porque no nos vamos a mover", expresó Marta Durán, esposa de uno de los desempleados.

Fe múltiple

Del minero al pastor

Carta del minero José Ojeda al pastor Carlos Parra

Carta del minero José Ojeda al pastor Carlos Parra.

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En tanto, el grupo de los 33 y sus familias recorrieron las instalaciones, convertidas en una pequeña ciudad improvisada en medio del desierto de Atacama.

La tarea no fue fácil. El arribo de cada uno de los hombres, con los anteojos de sol que ya se han convertido en su sello, fue recibido por un pelotón de periodistas, cámaras, grabadores y micrófonos. Tanto, que debieron ser escoltados por una docena de carabineros para llegar hasta la carpa comunal de las familias.

Trece de los 33 dijeron presente, mientras que otros se disculparon por cansancio o debilidad y más de uno por la trasnochada de la fiesta familiar, el sábado. Víctor Zamora, en tanto, es el único que aún permanece internado.

El servicio ecuménico, en el que los varios credos de los rescatados estuvieron representados, estuvo marcado por cánticos religiosos que terminaron en aplausos y los aplausos, en abrazos.

"La sonda los encontró porque Dios la guiaba, ése es el sentir de casi el 100% de los mineros. Y hoy estamos celebrando eso, el milagro de la vida", le dijo a BBC Mundo el pastor Carlos Parra, capellán de la Iglesia Adventista, quien ideó el envío de mini-Biblias al refugio subterráneo durante el encierro.

Parra llevó consigo unas cartas que hablan de este estrecho vínculo con la fe que, desde que comenzó la odisea, ha mostrado la mayoría de los mineros. "Si Dios nos ha dejado con vida es porque nos tiene preparado algo para la salida", escribió al pastor José Ojeda, cuya caligrafía la conoce el mundo entero porque fue el autor del emblemático "Estamos bien en el refugio los 33".

Su hija, Elizabeth, tiene preocupaciones más terrenales por ahora: dijo a BBC Mundo que su padre no come todavía bien, que apenas salió a caminar y que tiene planeado un descanso en la playa para reponerse.

Mudanza

El Campamento Esperanza se empieza a vaciar

Algunos de los mineros se despidieron del que fue hogar de sus familiares por más de dos meses.

En tanto, los familiares terminan de empacar –colchones, cocinillas, nylons contra la lluvia, carpas donde pasaron noches de sueño o en vela- y los mismos mineros ayudan en la tarea.

"Es bonito estar donde estuvieron nuestros familiares", expresó Luis Urzúa, el jefe de turno y último en subir en la cápsula Fénix del rescate.

Todavía quedan unos cuantos visitantes de a pie. Como Norberto Godoy, quien no calla el "Jehová, en la mina reina ya" de su guitarra, o Bernardo Córdova, con su casco minero pintado con la bandera y un cartel escrito a mano: "Juntemos firmas para que la Fénix se quede en Copiapó".

Lleva un libro y va por las 1.400 adhesiones. Cuando el campamento Esperanza quede vacío, planea seguir con la cruzada en la plaza de la ciudad cercana.

Hasta los santos parten: una concejala de Tierra Amarilla, el municipio que recuperó a tres de sus hombres en el rescate, se lleva abrazada la estatua de San Expedito, intercesor de los pedidos urgentes, que aquí ya ha obrado el milagro.

Ella -y todos aquí- esperan no volver a usarla jamás.

Mineros bajo tierra

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