Última actualización: Jueves, 28 de octubre de 2010

El sueño latinoamericano

Panorámica de Río de Janeiro

En los últimos años, muchos jóvenes se han sentido atraídos por América Latina.

Cuando se habla de inmigración en América Latina se piensa en los millones de latinoamericanos que han dejado atrás su tierra y han puesto rumbo a Europa y Estados Unidos, pero para algunos habitantes de esos lugares en el mundo desarrollado, el progreso está "al otro lado del charco" o en el sur del continente.

Paola Vázquez, Maija Goyena y Jean-François García son jóvenes profesionales europeos que estudiaron una carrera universitaria y tenían una vida estable en sus países de origen, pero un día decidieron hacer las maletas e irse a buscar suerte en América Latina.

Sus historias poco tienen que ver con las del viaje que hicieron en los últimos años millones de latinoamericanos que fueron a Europa y Estados Unidos asfixiados por una dura situación económica o un panorama político difícil. Sin embargo, todos tienen en común las ganas de encontrar un futuro mejor.

"Estoy trabajando en España. Tengo un hijo de 9 meses y llega un momento en el que no es compatible el trabajo con la crianza de un bebé y el ritmo de vida en Madrid. No me salen las cuentas", explicó a BBC Mundo Paola Vázquez, una publicista de 28 años que tiene un billete de avión para irse en un mes y medio a vivir a México.

Paola, que ha decidido irse al país donde residió diez años cuando era niña por el trabajo de su padre, dejará su puesto en una agencia de publicidad para instalarse junto a su hijo y su pareja, también español, en la ciudad de Valle Grande donde administrará un hotel.

"Me parece idílico el sitio. Es el lugar donde iba a pasar los fines de semana cuando vivía en la Ciudad de México y donde tengo los recuerdos más felices de mi vida; yo creo que es el lugar más bonito del mundo", sentencia esta asturiana que, por el trabajo de su padre primero y después por su propia iniciativa, ha vivido en países tan diversos como Irak, Italia o Argentina.

Paola se considera una "enamorada de Latinoamérica", donde dice que se puede disfrutar de "otra forma de vida que da más alegría, más energía y más ganas de hacer todo".

Billete de ida

Jean Francois García y su esposa, la boliviana Erika Aliaga

Jean Francois García y su esposa han creado una firma de moda y muebles en La Paz.

Como una "enamorada de América Latina" también se define Maija Goyena, "la finlandesa más carioca", como le llaman sus amigos. Después de dos estancias de seis meses en Bolivia y Chile, respectivamente, Goyena llegó a Río de Janeiro a finales de 2004 con la idea de establecerse temporalmente en Sudamérica.

"Compré un billete solo de ida. Pensaba empezar en Río el viaje porque tenía algunos amigos y luego ir a Argentina y de ahí a Chile, pero conocí al que hoy es mi marido y me quedé en Brasil definitivamente", recuerda Maija.

En el caso del ingeniero francés Jean-François García, fue el amor por su mujer boliviana lo que le llevó hace más de dos años a establecerse en La Paz. Allí coincidió con muchos franceses, ya que la suya es una de las comunidades de extranjeros más numerosas en Bolivia. Según datos de la embajada de Francia, hay unos 1.200 franceses residentes en el país.

Y estos casos no son únicos. Pese a la falta de datos y estadísticas oficiales, diferentes instituciones reconocen que, si bien no es un fenómeno masivo, muchos europeos y estadounidenses, especialmente jóvenes, han decidido en los últimos años dejar su vida acomodada en países desarrollados y se han embarcado rumbo a América Latina.

Libertad, calor y amabilidad

México, paraíso para retiro

Un caso paradójico de la "inmigración inversa" es el de los cientos de canadienses y estadounidenses que cada año llegan a México para jubilarse.
Según datos oficiales, alrededor de un millón de estadounidenses de más de 50 años residen en el país vecino y se estima que esa cifra asciende a entre 100.000 y 150.000 entre los canadienses.
Walfre Ibarra, de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, sostiene que a estos residentes les atrae "el clima, la gente y el menor costo de vida".
Según Ibarra, los migrantes de mayor poder adquisitivo llegan a balnearios de la península de Yucatán y a la costa atlántica, mientras que los que tienen un nivel económico algo inferior se establecen en lugares de la costa pacífica.
Pese a que la mayoría de ellos no hablan español, muchos se integran a labores sociales en las comunidades donde residen.
Teniendo en cuenta los beneficios que reportan estos migrantes, las autoridades mexicanas ya tienen puesta la vista en los jubilados europeos e incluso de las naciones asiáticas más desarrolladas que podrían considerar este país como un lugar de retiro.

Muchos llegan con programas de cooperación internacional, becas de primer empleo o para trabajar en organismos internacionales; algunos buscan las oportunidades que no acaban de encontrar en sus países de origen y otros van por un tiempo, se enamoran de sus paisajes, comidas, calles y ritmos, y deciden quedarse.

"No es una migración masiva, aunque tiene características especiales: es libre, sin restricciones, bien recibida y reporta beneficios individuales a los migrantes, que encuentran comunidades amables, lugares agradables, días de sol, personas cálidas, instituciones que los protegen, costos de vida menores…", explicó a BBC Mundo Jorge Martínez, investigador de la división de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Martínez señaló que, al no existir estudios sobre el tema, es difícil definir el "perfil" de las personas que hacen esta migración "inversa", si bien indicó que por lo general no buscan "enriquecerse" económicamente sino que quieren "desarrollar proyectos de vida que en sus países les restringen".

Precisamente "más libertad" es lo que encontró Jean-François García al llegar a Bolivia. Después de trabajar en una empresa minera decidió crear "Raza de bronce", una firma que emplea a una veintena de artesanos locales y que se dedica al diseño de moda, joyas y muebles modernos con materiales tradicionales bolivianos.

"Desarrollar una marca en Francia es más difícil por las estructuras rígidas de la sociedad y por el volumen de inversión. Acá en Bolivia hay una mano de obra y materias primas de muy buen nivel. Las oportunidades acá son mucho más importantes", aseguró.

Camino no exento de trabas

Maija Goyena (centro) con un grupo de amigas en una fiesta de fin de año en Copacabana

Pese a los problemas iniciales, Maija está ahora completamente integrada en la sociedad brasileña.

Pese a que esta migración es voluntaria, el camino no está exento de problemas para los que deciden poner rumbo a América Latina.

Jean-François lo atribuye a las diferencias en los códigos culturales. "Al principio todo fue bastante fácil porque yo llegué con mi esposa y los bolivianos son muy agradables; pero con el tiempo cuando empecé a trabajar con artesanos, a los que hay que exigirles cumplir con las fechas y la calidad, he encontrado dificultades".

Para Maija Goyena, la finlandesa residente en Río de Janeiro, los primeros problemas se los provocaron el idioma y la dificultad de conseguir una visa para permanecer en el país.

"Había acabado mis estudios de historia y quería trabajar, pero como no conseguía una visa, tuve que hacer una maestría para quedarme como estudiante y no hablaba portugués. Esa frustración conmigo misma tomó la forma de la ciudad. Culpaba a la ciudad por el hecho de que me obligó a estar en un lugar donde no tenía muchas posibilidades de desarrollarme profesionalmente", explicó en conversación con BBC Mundo.

A esto se le suma, recuerda, que le asaltaron varias veces durante los primeros meses. "Al principio, al contrario que a la mayoría de la gente, Río me pareció la ciudad más horrorosa del mundo, pero luego aprendí el idioma y fue cambiando la percepción".

Seis años después de su llegada, Maija acabó sus estudios, trabaja en una ONG y asegura estar completamente adaptada en la sociedad de esa ciudad brasileña que, ahora, no cambiaría por otro lugar en el mundo.

Cambio de mentalidad

Paola González y su pareja en un viaje a México

Paola considera que este fenómeno ayudará a cambiar la percepción de los inmigrantes en Europa.

Ese camino de la adaptación es el que en los próximos meses tendrán que seguir Paola González, su esposo y su hijo cuando pongan rumbo a México.

Sin embargo, la española dice que emprenderá el cambio con una buena dosis de "ilusión", ya que, a su juicio, "los viajes ayudan a cambiar la mentalidad".

Para ella, esta tendencia que están siguiendo muchos jóvenes europeos de salir a vivir a otros países, puede ayudar a cambiar la forma de pensar de las nuevas generaciones respecto a la migración.

"Me da mucha rabia que España no esté sabiendo agradecer y retribuir lo mucho que ha dado un país como México a los españoles ahora que son ellos los que vienen para acá", opina González.

Y es que en el cruce de caminos de las migraciones, parece haber un lugar para el acercamiento entre los que van y vienen.

Para Jorge Martínez, de la Cepal, este flujo migratorio inverso es "una muestra de la libertad migratoria y la necesidad de hacerla extensible a todas las personas del mundo, sin distinción de nacionalidad ni género".

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