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Europa y la guerra a los ricos

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3 abr 2013 09:24 GMT

Marcelo Justo

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Euros

La crisis en Chipre muestra que las cosas están cambiando.

La movilización de los chipriotas obligó a las autoridades y a la troika (integrada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) a centrar el ajuste en los depósitos de los que más tienen (por encima de 100.000 euros, unos US$130.000).

Por primera vez en la breve historia de los rescates de la troika son los más ricos los que cargan con el peso de la debacle.

En declaraciones al diario británico Financial Times, Jeroen Dijseebloem, presidente del eurogrupo (ministros de finanzas de la eurozona), reconoció el cambio de dirección.

"No está bien que el riesgo que tomó el sector financiero lo termine pagando el sector público. Si los inversionistas hacen apuestas riesgosas, tienen que estar dispuestos a asumir la posibilidad de pérdidas", señaló Dijseebloem.

No es el único signo de un cambio de dirección:

Según una investigación de la auditora internacional PricewaterhouseCoopers para el Financial Times, el diferencial en la remuneración de los operadores de bancos de inversión en Europa respecto a otras profesiones como doctores o ingenieros se ha achicado del 9,5 en 2006 al 5,8 el año pasado.

"La caída en la remuneración de los banqueros ha sido mucho más veloz de lo que piensa mucha gente", señala Tom Gosling de PwC.

El brillo del dinero

Nada encarnó mejor la imagen del capitalismo triunfante de la Guerra Fría que los salarios y bonos de fábula que recibían banqueros y ejecutivos.

Todo cambió con la caída en 2008 de la compañía de servicios financieros Lehman Brothers y la brutal recesión global que le siguió.

Desde entonces se ha extendido el clamor político contra el modelo económico-social consolidado tras la caída del muro de Berlín.

En las calles el clamor ha tenido altibajos (fuertes protestas en 2008-2009, relativa calma en 2010, reflujo creciente en los últimos dos años), pero está claro que la opinión pública ya no celebra el carnaval exhibicionista de las grandes fortunas.

La clase política tuvo que hacerse eco de este nuevo clima social.

Lentamente, en cuentagotas, con resistencias, han aparecido medidas que apuntan en una dirección: reformar el llamado "capitalismo salvaje".

En muchos casos ha habido más retórica que acción.

En 2009, el G20 declaró el fin de un elemento clave de aquel mundo –los paraísos fiscales– que hoy siguen nadando en la abundancia, aunque de vez en cuando sufran algún accidente, como en el caso de Chipre.

En otros casos la dirección del camino es más contundente.

La Tasa Tobin –infinitamente debatida en la década previa a la caída del Lehman Brothers– será finalmente aplicada en 11 países europeos con un impuesto de un 0,01% a cada transacción de derivados y de un 0,1% para el resto de los instrumentos financieros.

Los bonos de los banqueros de la Unión Europea no podrán superar su salario anual (si ganan un millón de euros, tendrán ese límite). Sólo los accionistas pueden cambiar esta situación, pero ellos mismos tienen un límite: a lo sumo pueden autorizar el doble de los salarios (dos millones en el ejemplo anterior).

El referendo suizo, convocado luego de que la farmacéutica Novartis planeara dar US$76 millones a su director saliente, aprobó que la remuneración de los ejecutivos quedaran en manos de los accionistas y prohibió los "saludos de oro": el pago especial por ingresar o marcharse de una compañía.

Lea también: Suiza limitará "salarios abusivos"

La estampida de los ricos

El argumento de fondo de estas medidas es que la desigualdad es nociva tanto política como económicamente y que, en el caso particular de los banqueros, los bonos fomentan la inestabilidad global al incentivar a los operadores a apostar por productos financieros de alto riesgo.

Pero según los críticos, estas medidas complicarán más un panorama delicado al castigar a los llamados "creadores de riquezas": empresarios, financistas y demás expertos en hacer dinero y generar empleo.

El diputado conservador británico y exbanquero Andrea Leadsom opina que los límites a los bonos asestarán un golpe mortal a la competitividad mundial del sector financiero europeo que será aprovechado por Estados Unidos y Asia.

"Un banquero en Londres puede colgar el teléfono en Londres un viernes y atenderlo en Nueva York el lunes desde otra oficina haciendo exactamente lo mismo, pero para otra compañía", escribió Leadsom en el Financial Times.

Los críticos de la Tasa Tobin señalan que afectará el crédito y la inversión en momentos en que el sistema financiero en su conjunto tiene problemas para salir del marasmo de 2008.

En el caso de Suiza o de cualquier otra propuesta que afecte los ingresos de los más ricos, el ejemplo negativo hoy es la Francia del socialista Francois Hollande.

El impuesto de un 75% a los que ganan más de un millón de euros llevó al "exilio" al actor Gerard Depardieu y produjo una amenaza de éxodo de los multimillonarios que pende sobre el gobierno como una filosa fuga de divisas e ingresos.

Lea también: Depardieu, Delon y otros "exiliados impositivos" franceses

Los chipriotas, por su parte, temen una estampida de los capitales rusos que constituyen una tercera parte de todos los depósitos y que con su presencia e inversiones han apuntalado la economía de servicios de la isla, desde hoteles y restaurantes hasta contables y abogados.

La realidad

Nadie puede predecir a ciencia cierta el futuro.

Los argumentos de uno y otro lado dependerán de los resultados.

¿Será cierto que los banqueros se irán masivamente a otras zonas del planeta? En caso de que lo hagan, ¿afectarán negativamente el desempeño de los bancos europeos?

¿Servirá la Tasa Tobin para recaudar los 35.000 millones de euros que predicen sus adalides o habrá un desvío de fondos a países que no la aplican?

La respuesta de estas preguntas puede profundizar el camino en una y otra dirección.

Si la Tasa Tobin es exitosa, otros países de los 27 que conforman la UE pueden adoptarla para lidiar con sus problemas fiscales. Si hay un éxodo masivo de banqueros, probablemente haya marcha atrás en algunas medidas.

Algunas de estas batallas son el prolegómeno de otras. En Suiza los socialistas están impulsando un plan para que los ejecutivos no puedan ganar más de 12 veces el salario mínimo.

En medio de una crisis de la magnitud de la actual no cabe duda que el debate seguirá en el candelero.

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