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La importancia de llamar a Chávez "Líder Supremo"

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9 mar 2013 05:57 GMT

Carlos Chirinos

Enviado especial de BBC Mundo a Caracas

Partidarios de Hugo Chávez

De pronto, este viernes Hugo Chávez se transformó en el "Líder Supremo de la Revolución Bolivariana". No Comandante, ni presidente, ni soldado, sino "supremo", como empezaron a identificarlo en la transmisión del funeral de Estado que se hizo en su honor en la Academia Militar de Venezuela.

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Decenas de delegaciones internacionales, algunas encabezadas por presidentes o jefes de gobierno, junto al heredero de la corona española, el príncipe de Asturias, estuvieron presentes en una ceremonia en la que se mezcló la pompa con la informalidad, el rigor del luto con la musicalidad de las composiciones llaneras, las preferidas del desaparecido presidente.

Fue un velorio "colorido y agradable", como me dijo una colega británica en una de las más raras descripciones que he escuchado sobre una ceremonia de este tipo. Y es que fue así: con mucha música, muchas consignas políticas y mucho amarillo, azul y rojo, los colores de la bandera venezolana. Sobre todo intenso rojo, del que usa el chavismo.

Detrás de ese tono casual, popular y sin protocolos, muy al estilo que en vida exhibió el presidente Chávez, la ceremonia es parte de una estrategia simbólica que busca trasferir a los herederos del líder bolivariano un manto de legitimidad para que continúen con su proyecto político y empieza con su nombramiento como Líder Supremo.

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Un mausoleo para Chávez

Chávez siempre fue el portaviones del chavismo. Tradicionalmente la gestión de gobierno y la evaluación de los ministros ha tenido mala imagen entre la opinión pública. Así que la transferencia emotiva será crucial para que el chavismo logre mantener el poder a mediano plazo.

El calificativo de "supremo" evidencia el rol que sus herederos políticos le están asignando al Chávez difunto, una especie de héroe mítico, una figura cuasi religiosa, un Padre por el que habrá que seguir apoyando a la revolución.

La idea es que como el Cid Campeador, Chávez siga ganando batallas para los suyos aun después de muerto.

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Eso, unido al plan de embalsamarlo y dejarlo en exhibición permanente en un todavía no existente Museo de la Revolución Bolivariana, indica que Chávez seguirá siendo el referente político para su gente y gravitará en la dinámica venezolana en los años por venir.

Con mausoleo propio, el Chávez embalsamado quedará como tantos otros líderes revolucionarios -Lenin, Ho Chi Min, Mao Zedong- en una suerte de custodia mortuoria del trabajo que en vida le "asignó" a sus herederos.

Seguramente ese mausoleo se convertirá en punto de peregrinación de revolucionarios venezolanos y extranjeros. En una especie de templo donde cada tanto los suyos irán a testimoniar su respeto o para santificar estrategias, por ejemplo cuando se lancen a nuevas campañas electorales.

Oposición acallada

El luto nacional también ha tenido un efecto movilizador de la base popular que siempre respaldó al presidente Chávez, pero también la de sacar momentáneamente de la escena a la oposición.

Los contrarios al chavismo se autoimpusieron un silencio de "respeto" mientras dure el velorio, según me explicaron voceros opositores.

Y cuando se esperaba que ese silencio durara también los siete días adicionales que se extendió la capilla ardiente, el excandidato opositor Henrique Capriles Radonski rompió el silencio para cuestionar la decisión del Tribunal Supremo que autoriza a Maduro a asumir como presidente encargado, y simultáneamente aspirar al cargo en las elecciones que se convocarán en los próximos días.

"Somos respetuosos del momento pero no estamos dispuestos a tolerar abusos de poder. ¿Necesitas usar los poderes del Estado para ir a unas elecciones?", dijo Capriles en una rueda de prensa.

Pese a la inesperada aparición del gobernador del estado Miranda justo el día del funeral de Estado de Chávez, otras acciones de la oposición amenazan con desvincularla de buena parte la población.

¿Gesto de mezquindad?

Los detractores de Chávez decidieron no acudir a la sesión extraordinaria de la Asamblea en donde tomaría juramento Maduro con el argumento de que se legitima un "golpe de Estado constitucional", ya que no consideran que con la transferencia de poder a Maduro se esté cumpliendo lo que establece la Constitución en los casos de falta absoluta del presidente de la república.

Más allá de las interpretaciones legales, a ojos de la opinión pública, la inasistencia de los parlamentarios opositores servirá para reforzar el eterno argumento del gobierno de que los contrarios a Chávez "no quieren reconocer" la legitimidad de un sistema que ha sido varias veces avalado en elecciones.

Tras haber visto en el salón de honor de la Academia Militar a representantes de países no necesariamente cercanos al proyecto político venezolano, como el presidente de Chile, Sebastian Piñera, la delegación de EE.UU., encabezada por Jesse Jackson, y hasta el presidente de Honduras, Porfirio Lobo, el gesto abstencionista de la oposición puede ser presentado como mezquino ante el fallecido jefe de Estado.

Bien es cierto que, como me decía un taxista el viernes, "toda esa gente que ves allí en Fuerte Tiuna es mucha gente, sí, pero no es todo el país, amigo".

Sin embargo, el hecho es que esa otra parte por estos días no se ve, y para un país que está a punto de entrar en un nuevo proceso electoral, esa circunstancial salida del cuadro puede resultar políticamente muy desventajosa.

Sobre todo teniendo en cuenta que durante la transmisión de la ceremonia fúnebre ha habido una intensa y permanente promoción de la inminente candidatura del ungido de Chávez, el presidente encargado Nicolás Maduro.

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