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Las multinacionales abandonan la Europa de la austeridad

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25 ene 2013 09:30 GMT

Marcelo Justo

BBC Mundo

Sede del Banco Central Europeo

2013 empieza igual que 2012 para las multinacionales en la Unión Europea (UE): mal.

En la primera quincena, la japonesa Honda anunció una reducción de 800 empleos en Reino Unido y la automotriz estadounidense Ford cerró su planta en Genk, Bélgica.

El año pasado Dow Chemical puso punto final a sus operaciones en Holanda, España, el Reino Unido y Bélgica, General Motors cerró su fábrica en Alemania mientras que la General Electric indicó que la mayor parte de su recorte global de dos mil millones de dólares recaería en Europa.

Es un panorama que abarca a diversos sectores industriales –desde la tecnológica Hewlett-Packard hasta la de productos higiénicos Kimberly-Clark– y a los servicios: bancos asiáticos y estadounidenses están cortando drásticamente su personal.

Según un estudio publicado por la consultora estadounidense McKinsey, entre 2007 y 2011 la inversión anual en los 27 países de la UE cayó en unos 350 mil millones de euros.

El economista Simon Tilford, jefe del Centre for European Reform de Reino Unido, le comentó a BBC Mundo que el problema de fondo es la falta de crecimiento y demanda del mercado europeo.

"Las multinacionales solo invierten si tienen confianza en el crecimiento de la demanda de un país o región. No es lo que está pasando en Europa. El programa de austeridad que se lleva adelante en gran parte de los países de la Unión Europea está generando una fuerte caída del nivel de vida que se refleja en el consumo", añadió Tilford.

Sin mucha luz al final del túnel

En este sentido, la perspectiva es sombría. En 2012 los pronósticos de crecimiento se corrigieron mensualmente a la baja y la locomotora regional, Alemania, terminó el año con un magro crecimiento del 0,7% y una contracción en el último trimestre.

El panorama no ha cambiado con los fuegos artificiales de fin de año, lo que contrasta con la situación económica de América Latina en momentos en que líderes de esta región se reúnen con los de la UE en Santiago, Chile (ver recuadro).

Alemania misma acaba de recortar su proyección de crecimiento para este año a la mitad (un 0,5%), el desempleo ha tocado un nivel récord y la crisis no se limita a la eurozona.

Reino Unido, que sigue gozando de la autonomía monetaria que le da la libra esterlina, tuvo su segunda recesión en tres años en 2012 y, según un creciente número de economistas, experimentará una tercera este año.

Ni siquiera el sector de servicios, tradicional ventaja comparativa europea, se salva.

El banco japonés Nomura, después de una reducción equivalente a 450 millones de dólares en sus operaciones, decidió el pasado septiembre achicar aún más su presencia en Europa.

El estadounidense Citigroup viene de anunciar despidos en España y Grecia.

El suizo UBS está recortando entre tres y cinco mil empleos ante la caída en sus ganancias, mientras que el Credit Suisse redujo en un 15% su fuerza laboral.

Asia y mercados emergentes

La economía global está saturada de cortoplacismo y especulación, pero el crecimiento es el telón de fondo de las decisiones que adoptan multinacionales y los grandes conglomerados financieros.

En la década de los años 90 y hasta antes del estallido financiero del Lehman Brothers, los costos laborales solían ser la razón de fondo de la llamada deslocalización de las multinacionales.

Hoy se añade a esta relativa ventaja comparativa la perspectiva de crecimiento. Aún en la actual incertidumbre económica global, el Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que Asia crecerá casi un 7% este año.

Según le comentó a BBC Mundo Gabriel Palma, catedrático de economía comparada de la Universidad de Cambridge, la diferencia reside en la política económica adoptada ante la crisis.

"En Asia hay una actitud mucho más práctica y proactiva respecto al crecimiento económico. En Europa, el fundamentalismo de mercado ha generado absurdos como el actual en el que se impulsan programas de austeridad para salir de la crisis", afirmó Palma.

El FMI y las matemáticas

Esta austeridad aplicada desde el comienzo de la crisis de la deuda soberana en 2010 bajo la batuta de la Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y FMI) está siendo cuestionada desde su mismo lugar de origen.

En una carta reciente, el economista en jefe del FMI, Olivier Blanchard, reconoció un error matemático en el cálculo del impacto que tendrían los ajustes en el conjunto de la economía europea.

El cálculo en cuestión es el llamado "multiplicador fiscal" y consiste en determinar qué impacto tiene en la economía una retracción del gasto estatal.

Según Blanchard, el FMI había calculado que por cada euro sustraído al gasto público el impacto sería 0,5 euros en actividad perdida cuando en realidad ha sido de entre 0,9 a 1,7.

Este meritorio aunque tardío reconocimiento no parece haber servido de mucho.

El último en defender a rajatabla la vía de la austeridad ha sido nada más y nada menos que el director del Banco Central Europeo, Mario Draghi, a quien muchos miran como el mesías de la eurozona desde que anunció el año pasado que haría todo lo que estuviera a su alcance para salvar al euro.

El anuncio calmó las aguas revueltas de la eurozona, pero sin crecimiento a la vista nadie sabe por cuánto tiempo.

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