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EE.UU. está más cerca de su abismo fiscal

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28 dic 2012 23:06 GMT

Stephanie Flanders

BBC

capitolio

Todos, incluidos los mercados financieros, pensaban que el presidente Barack Obama y los líderes republicanos estaban rumbo a algún tipo de acuerdo presupuestario.

No sería algo maravilloso, pero encontrarían algún modo de retrasar o evitar un incremento de impuestos y recortes presupuestarios por valor de US$600.000 millones ya que, de no hacerlo, la economía estadounidense recibiría un fuerte impacto el primero de enero.

Pero ya nadie cree que eso sea posible. Ahora, nada hace indicar que el acuerdo esté encaminado. Las únicas buenas noticias para el presidente Obama es que no le van a echar la culpa a él.

Contra todo pronóstico, los acontecimientos de los últimos días han estrechado el cerco de los republicanos que partían con desventaja tras la derrota en las elecciones presidenciales.

De lo que le pase a la economía estadounidense como consecuencia de esto dependerá cómo y cuándo Obama y sus colegas demócratas usen ese nuevo poder.

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El plan B de Boehner

Pero recordemos cómo llegamos hasta aquí. Los días posteriores a las elecciones de noviembre, muchos esperaban que la victoria de Obama allanase el camino para que los republicanos cedieran en su oposición a cualquier tipo de incremento de impuestos. Y eso, de algún modo, se ha cumplido.

El líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, John Boehner, anunció su intención de llegar a un pacto en el que se aprobase el incremento de impuestos para los estadounidenses ricos, pero pretendía que eso fuera limitando sus deducciones tributarias en lugar de aumentarle la tasa impositiva.

Su "plan B" iba más allá: no renovaría los recortes de impuestos aprobados por George W. Bush para quienes ganen más de un millón de dólares al año.

Los demócratas lo consideraron un plan terrible con el que sólo se incrementarían los impuestos al 0,1% de los contribuyentes. E incluso los más ricos pagarían mucho menos que bajo el plan del presidente Obama que "sólo" mantendría los recortes impositivos aprobados por Bush para los ingresos de US$250.000 o menos. (En el plan de Boehner, quienes ganan más de un millón de dólares estarían pagando tasas impositivas más bajas que cualquiera que gane menos de ese monto).

Los demócratas tenían otras muchas razones para odiar el Plan B de Boehner: golpearía a las familias de menos ingresos al expirar los beneficios que reciben los desempleados y estancaría los planes de inversiones en infraestructura del presidente.

Independientemente de su tendencia política, para muchos eso hizo pasar las malas noticias a los demócratas y el rompecabezas a los republicanos.

¿Qué pasará ahora?

Si el presidente Obama hubiera permitido que siguiera adelante el plan B de Boehner, les habría dado a los republicanos casi todo lo que querían en el aspecto tributario sin la mayoría de los gastos que querían hacer los demócratas. Pero hubiera sido mucho más probable que el presidente lo hubiera vetado, algo que habría hecho parecer que los demócratas estaban secuestrando la economía a la espera de un rescate.

Pero un compromiso que parece obvio para quien lo ve desde fuera e incluso, aparentemente para Boehner, no lo parece necesariamente para los congresistas republicanos que firmaron una petición para que nadie nunca subiera los impuestos.

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En una confrontación similar con el presidente Obama en 2011, muchos querían eso y no han cambiado de opinión desde entonces ni siquiera como resultado de las elecciones ni por las conversaciones amenazantes del precipicio fiscal.

¿Qué pasará ahora? La respuesta corta es que aparentemente no pasará mucho.

Ni la Cámara de Representantes ni el Senado parecen dispuestos a llegar a un acuerdo, lo que significa que hay muy pocas posibilidades de conseguir algo más en un muy corto plazo.

Como dije al principio, el recién reelegido presidente ya llevaba ventaja en las negociaciones, pero ahora políticamente está en una mejor posición.

Pero la decisión de Boehner de buscar una alternativa al plan del presidente ha molestado a muchos demócratas que ahora no quieren ceder más. Lo que suceda ahora dependerá de si los soldados de Obama están tan dispuestos como las tropas de Boehner a jugar con la recuperación económica.

La buena noticia para los mercados financieros es que, como dije antes, el precipicio fiscal es más una pendiente. Esto se debe a que es muy probable que el Congreso neutralice la mayor parte del daño que producirá el incremento de las tasas de interés en las semanas posteriores al primero de enero.

Ese escenario -repito- será neutralizado, excepto las políticas disfuncionales que han hecho la pendiente más inclinada.

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