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Ante miles de testigos, Jenni Rivera recibe su "graduación celestial"

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20 dic 2012 01:59 GMT

Valeria Perasso

BBC Mundo, Los Ángeles

Seguidora de Jenni Rivera

Con un ataúd rojo brillante estampado con mariposas y un micrófono solitario en medio de un escenario se celebró la "graduación celestial" de Jenni Rivera: así llamó la familia de la cantante mexicano-estadounidense a la ceremonia de adiós que tuvo lugar en un auditorio de Los Ángeles.

Miles de seguidores esperaban acercarse a los funerales de Rivera, un ícono de la música regional mexicana, fallecida el 9 de diciembre en un accidente aéreo junto a otras seis personas.

Y aunque el entierro será un asunto privado, los parientes más cercanos -varios de ellos vinculados a los múltiples negocios que la artista tenía bajo su nombre- armaron un homenaje a la medida de la llamada "Diva de la Banda".

Hubo abundancia de flores blancas, muchas llevadas por los mismos fans a pedido de los organizadores, y una lluvia de mariposas de papel para el gran cierre. Todo un símbolo de la cantante que se describió a sí misma como una "mariposa del barrio" –según una de sus canciones con impronta autobiográfica-, con un pasado duro transformado gracias a los aplausos de sus seguidores.

Los aplausos no faltaron tampoco en la despedida, donde los más de 6.000 asistentes al teatro Gibson corearon un "Je-nni, Je-nni" incansable mientras se sucedían sobre una pantalla los videos de conciertos públicos y escenas de entrecasa de la artista.

"Nunca tuve la suerte de verla en vivo, sentí que tenía que venir a verla a esta celebración", dijo a BBC Mundo Madai Harrison, una joven estadounidense de padres mexicanos.

"A darle la última despedida. Ella era maravillosa", afirmó entre lágrimas Lisa Pacheco, de 39 años. Y agregó: "She was our idol. Nos representaba como mujer, con los ovarios bien puestos, como ella misma decía".

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Asunto de familia

Tampoco escaseó la música en la ceremonia celestial, gentileza de la Banda Divina, la misma que acompañó a Rivera en su último concierto, en Monterrey. Todo para cumplir los deseos que la misma artista había expresado: "una última parranda por allá en mi funeral", según escribió en su tema "Cuando muere una dama".

Las sillas sobre el escenario las ocuparon los padres, hermanos e hijos de la cantante, todos vestidos de blanco y rojo. A sus 43 años, Rivera era abuela de dos niños y madre de cinco.

"Mamá, felicitaciones: te has graduado y estás donde todos queremos estar. Estoy muy orgullosa de tí", apuntó Jacqueline Marín, su hija de 23 años.

"No te enojes, Jenni, si me pongo a llorar. Pero es que duele tanto, tanto que no me puedo aguantar, porque cada día que pasa la realidad me inunda… Guárdame un lugar, Jenni, que ahí estaré, pronto llegaré", leyó Pedro Rivera Jr., hermano de la cantante y pastor del inusual responso.

Uno a uno, el clan Rivera fue pasando por el micrófono, para hablarle directamente al alma de la cantante desaparecida: hubo momentos de lágrimas desbordadas, otros de citas bíblicas y mensajes esperanzados basados en la fe cristiana que abiertamente profesa la familia.

"La vi sufrir, la vi caer y levantarse, la vi luchar y triunfar… Le doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de estar al lado de ella. Dios nos la mandó por un rato y estoy seguro de que mi hermana ahorita está cantando en su santa gloria", expresó su hermano Juan.

Su hermano Lupillo, que compartió la carrera artística con la "Gran Señora" de la música banda, le dedicó un homenaje cantado sobre el escenario, por el que también desfilaron colegas como Joan Sebastian, Ana Gabriel y la merenguera puertorriqueña Olga Tañón, mientras que otros artistas como Kate del Castillo y Marco Antonio Solís siguieron el ritual desde la platea.

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Fenómeno de audiencias

En la despedida, los organizadores no sólo llamaron a los fans a mantener vivo el recuerdo de Jenni, sino a poner a girar su música: para el jueves, convocaron a las radios latinas a tocar la emblemática "La gran señora" al mediodía, hora de Los Ángeles. Y a repetir con otra canción tres horas más tarde.

Como suele ocurrir con la muerte de artistas en la cumbre de su carrera, la desaparición de Rivera disparó las ventas de sus álbumes, con tres de ellos en la lista de más vendidos en México apenas horas después del accidente (y encabezados por "Joyas prestadas").

El fenómeno mediático también ha hecho que coticen en la tienda de subastas eBay los boletos para el concierto que jamás ocurrirá: el que la cantante tenía programado para marzo en Los Ángeles, en el mismo auditorio donde fue su homenaje post-mórtem.

"Agradezco a su público que tanto la amó y muy especialmente a todas las personas que ayudaron a mi hija a ser Jenni Rivera", declaró su padre, Pedro, que le dedicó un corrido a la mujer que consideró una "hembra completa" que ha sabido "levantarse de la nada".

Nacida en el sur de California de padres inmigrantes, Rivera comenzó su carrera vendiendo cassettes en mercados callejeros. A fines de los ’90 consiguió su primer contrato con una disquera, que le ayudó a consolidar una base de seguidores fieles y a superar la marca de 15 millones de discos vendidos.

A la vez, su vida privada generó polémica reiterada –con tres divorcios, episodios de violencia intrafamiliar y una sentencia de abuso sexual para uno de sus exmaridos- y su imagen estuvo lejos de los cánones de belleza del mundo del espectáculo.

Pero, para algunos, fue precisamente esta percepción de Jenni más allá del escenario –como mujer fuerte, empresaria latina, portavoz de la Coalición Nacional contra la Violencia Doméstica- la que ha ayudado a convertirla en fenómeno de popularidad.

"Vino a callarle la boca a los expertos de la imagen, en un mundo lleno de modelos vacías. Fueron sus metidas de pata las que la hacían ver como una de nosotros", afirmó Pepe Garza, conocido programador radial latino que fue padrino artístico de la cantante.

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Paciencia

Para darle el último adiós, miles hicieron fila desde la madrugada: algunos tenían boletos en mano, otros esperaban conseguirlos a último momento.

Y conforme pasaban las horas, en las afueras del teatro se improvisaron cantadas mientras sonaba la música de Rivera desde un viejo grabador portátil; otros pintaron pancartas que habían traído sin terminar desde casa y hasta un grupo de adolescentes repitió una coreografía de porristas, con uniformes y todo, al grito de "Go, Jenni".

"Nosotros vinimos todo el camino desde Mexicali, no queríamos perdernos la despedida de quien fue una gran persona, que ayudó mucho en lo que estaba viva", señaló a BBC Mundo el mexicano Eduardo Báez, que viajó en auto con su familia completa.

Las entradas para el evento se vendieron por internet el martes, a un precio simbólico de US$1 que, según los organizadores, será reembolsado en los próximos días. Y el grueso de las localidades se agotó en menos de una hora.

El método generó reclamos por parte de los miles que se quedaron afuera.

"Tuve suerte, me enteré media hora antes de que salieran a la venta y estaba con el iPad, el teléfono y la computadora a la vez", relató Lisbeth Alvear, de 26 años, que obtuvo boletos para seis familiares.

"Nosotros vinimos a ver qué… pero no conseguimos", señaló a BBC Mundo el matrimonio de María y Roberto Carreras.

Ellos, como otros cientos, debieron conformarse con ver la ceremonia desde una pantalla instalada al aire libre a metros del anfiteatro.

Allí quedaron, también, decenas de flores blancas y pancartas con mariposas: las habían llevado los fans que, con entrada o sin ella, quisieron ser parte de la "graduación celestial" de la Diva Jenni.

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