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Siria: frío y desesperación en el campamento de Atma

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26 nov 2012 20:41 GMT

Paul Wood

BBC, Atma, Siria

Atma

A la distancia, el campamento de Atma se veía hermoso: carpas blancas que contrastaban con las laderas marrones, filas verdes de olivos a ambos lados. De cerca, era pura miseria.

Acababa de llover. Las mujeres recogían puñados de tierra y hacían pequeñas canaletas para que el agua no les entrara a las tiendas. La gente caminaba a duras penas cuesta arriba, resbalándose entre el lodo y las cloacas.

"Todo el mundo puede ver lo que está pasando aquí. ¿Alguien nos ayuda?", gritaba una mujer.

Estaba furiosa ante la presencia de más periodistas extranjeros allí, filmando. Ella no creía que fuéramos a hacer ninguna diferencia.

"No tenemos baños, ni agua, ni comida", decía otra mujer. "¿Es aceptable nuestra situación? Ustedes nos observan así desde hace dos años. Ustedes, los occidentales, están apoyando a Bashar".

Los gobiernos occidentales, de hecho, han pedido que el presidente Bashar al Asad deje el poder. Pero no ha habido ningún "momento Kosovo": es decir, cuando las imágenes de gente helada y hambrienta provocan una intervención extranjera.

Las cifras son ciertamente alarmantes: 2,5 millones de desplazados internos, 400.000 refugiados en países vecinos, 11.000 personas que cruzan la frontera por día. Y esas cifras, provistas por la Medialuna Roja y Naciones Unidas, son probablemente menores a las reales.

Hasta ahora, sin embargo, muchos de los que huyen de la guerra civil fueron absorbidos de manera invisible en casas de amigos y familiares en otras partes de Siria cruzando la frontera.

Atma, aunque angustioso para los testigos, es relativamente pequeño. Pero probablemente crezca.

Eso es importante para lo que suceda en Siria. Como dijo un funcionario británico de alto rango: "La cobertura informativa de los refugiados con aspecto miserable podría cambiar el destino de la política".

La ONU estima que el número de refugiados registrados fuera de Siria ascenderá a 700.000 personas a finales de año.

La vecina Turquía - aunque generosamente apoya a muchos refugiados – tiene dificultades para hacer frente y quiere reducir el flujo.

"¿A dónde vamos a ir?"

Para muchas familias desesperadas, que huyen de pueblo en pueblo, Atma es la última parada antes de Turquía. De hecho, desde las tiendas de campaña en la ladera se puede ver la valla fronteriza.

La gente intenta estar los más lejos de la guerra posible y no quieren volver allí bajo ningún concepto. Muchos han vivido situaciones terribles. En el norte de Siria se han visto algunas de las peores atrocidades de la guerra.

En un puñado de tiendas de campaña nos encontramos con los sobrevivientes de Kfar Obeid. Allí se cree que 110 personas, o más, fueron asesinadas por las fuerzas de seguridad en diciembre de 2011.

"Acabaron con todo el pueblo", dice Samira Khaled, de 45 años, quien perdió a cuatro hermanos.

"Mientras llorábamos sobre los cuerpos nos disparaban a los pies y nos decían 'Cerdos, les hemos preparado la cena’".

Entre lágrimas, prosigue: "¿A dónde vamos? ¿A dónde podemos ir? Toda Siria está siendo asesinada. Le pedimos a Dios que destruya a Bashar. Le pedimos al mundo que nos ayude. Por nuestros hijos, con esta lluvia, con este clima horrible, debemos prevalecer. El Islam debe prevalecer".

El funcionario británico que me habló de cómo las imágenes de televisión de los refugiados podrían cambiar la política había añadido: "Que esto genere una respuesta puramente humanitaria o algo militar depende en gran parte de los estadounidenses".

Estados Unidos está cada vez más preocupado ante la posibilidad de que armar a los rebeldes - o de otra manera intervenir militarmente - sólo beneficie a los islamistas radicales en Siria.

No ayuda que los rebeldes la semana pasada en el norte hayan declarado que estaban luchando para crear un estado islámico.

Temores de extremismo

Fuera de la gran carpa que se utiliza como mezquita del campamento me encontré con el jeque Samir Ibrahim, jefe del Comité de Predicadores y Estudiosos Libres de Siria.

La declaración fue un error de "nuestros hermanos", me dijo.

"Queremos un estado civil con una legislación islámica y un sistema democrático. Todas las sectas sirias coexistirán juntas, ya sea alauitas, drusos o cristianos. No queremos ningún tipo de práctica islámica extrema".

Pero, mirando a la miseria que nos rodea, añadió: "Esperamos que los países de la ONU y grandes potencias como Reino Unido se den prisa y apoyen al pueblo sirio. Cuanto más esperen, más emergerán las organizaciones más radicales".

Mientras los gobiernos occidentales debaten ese aspecto, los sirios siguen escapando. No es de sorprender, teniendo en cuenta que en una semana normal pueden morir mil personas en Siria.

Un sentimiento de desesperanza invade el campamento de Atma. Y un sentimiento de traición. Las bonitas palabras de simpatía de los políticos occidentales - o periodistas que vienen de visita - son "todas mentiras", gritaba furiosa la mujer.

Cada día, más personas llegan aquí: 1.500 solo la última semana, según un trabajador de ayuda humanitaria. Y cada día hace más frío. A medida que avance el invierno, la miseria Atma sólo se profundizará.

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