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Castración o muerte: el dilema del gran historiador chino

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13 oct 2012 22:08 GMT

Carrie Gracie

BBC, Pekín

Sima Qian

Enfrentar a los poderosos con la verdad siempre ha sido una estrategia riesgosa en China. A lo largo de los siglos los soberanos han preferido los elogios, y los escritores que se atrevieron a expresar su punto de vista lo hicieron conscientes de las consecuencias. Sima Qian, uno de los más grandes historiadores del país que vivió hace más de 2.000 años, es uno de los que pagó un alto precio por su coraje.

"Nada es tan terrible como la castración. Cualquier hombre que continúe viviendo después de haber sufrido un castigo semejante, puede considerarse un don nadie".

El hombre que escribió estas palabras está lejos de ser nadie. En una nación obsesionada con su historia, Sima Qian, autor de la frase, está considerado como el primer historiador -y para algunos el más importante- de la nación asiática.

Retrocedamos al año 99 a.C. En la frontera norte de China, las fuerzas imperiales se rinden ante los bárbaros. La noticia causa indignación en la corte. El emperador está furioso.

Saltándose las normas que dicta la etiqueta, un funcionario defiende al general vencido.

"Él es un hombre con muchas victorias famosas en su haber. Un hombre fuera de lo común, mientras que estos cortesanos -cuya única preocupación es preservarse a sí mismos y a sus familias- se aferran a su único error. Me enferma ver esto", escribió Sima Qian en una carta a un amigo.

El general en cuestión cometió un acto de traición al rendirse, y Sima Qian hizo lo mismo al defenderlo.

Después de ser sometido a un interrogatorio, las autoridades le ofrecen al historiador dos opciones: castración o muerte.

Para sus contemporáneos, la muerte era la única opción honorable, pero para Sima Qian ésta no era una alternativa viable. Tenía por delante una tarea que no podía dejar inconclusa: escribir la historia de la humanidad para la posteridad.

El padre de Sima Qian había sido historiador de la corte antes que él y había iniciado este proyecto. En su lecho de muerte, con lágrimas en los ojos, le había hecho prometer a su hijo que finalizaría esta obra épica.

Así las cosas, aceptó la castración con estoicismo.

Gusano de seda

Si hubiese seguido la tradición y optado por la ejecución, ¿qué diferencia habría hecho?, escribió en una misiva.

"El hombre tiene una sola muerte. Ésta puede ser pesada como el Monte Tai o liviana como una pluma de ganso. Todo depende de cómo la use".

Pero ni su carta ni su autobiografía describen el horror de la castración. Él habla en cambio de su visita a la "cámara del gusano de seda", en referencia a la habitación aislada a donde van a parar todos los hombres castrados para evitar infecciones.

Sima Qian nunca se recuperó de la humillación, pero también escribió que gracias a este sacrificio pudo concluir su obra para que los demás hombres pudiesen apreciarla.

En la actualidad, "Los recuerdos del gran historiador", es considerado uno de los grandes libros de historia. Lo que Heródoto es para los europeos, Sima Qian es para los chinos.

Lo particularmente interesante de su obra es que, a pesar de haber sido historiador de la corte, no todo en sus textos son halagos.

"Él introduce la idea de que las dinastías empiezan con un fundador noble muy virtuoso y luego continúan con una serie de gobernantes hasta llegar al peor, que es tan depravado moralmente que termina perdiendo su trono", explica Frances Wood, curador de la colección china del Museo Británico en Londres.

Para Sima Qian, el propósito de la historia es enseñar a los gobernantes a hacer su trabajo lo mejor posible.

Mientras que la mayoría de los poderosos ve a la historia como una forma de legitimizar su poder.

"La historia es totalmente política en China y creo que siempre ha sido así", dijo Wood a la BBC.

Si no, dice, "mira lo que sucedió con los historiadores del siglo XX".

Wu Han, un historiador muy importante -que se convirtió en vicealcalde de Pekín- y que escribió sobre el primer emperador Ming, fue arrestado por criticar en sus textos a los líderes del presente.

Murió en prisión en 1969.

Memoria selectiva

El año pasado China reabrió su museo nacional, uno de los más grandes del mundo. Esta institución ilustra cómo para los líderes chinos la historia es una selección de los momentos que los enorgullecen, donde no figuran los hechos que los dejan mal parados.

Por eso, en vez de mostrar cómo decenas de millones de personas murieron durante la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante (nombre con el se conoce a las medidas económicas, sociales y políticas implantadas por el Partido Comunista de China a finales de los 50), el museo hace gala de la primera prueba nuclear de China en 1964.

A la salida, un panel recuerda a los visitantes que "desde la creación del Partido Comunista de China 90 años atrás bajo el liderazgo fuerte del partido, nuestra gran nación ha llevado a cabo muchos cambios históricos (....). El socialismo es la única manera de salvar a China, y la reforma y la apertura, la única forma de impulsar el desarrollo".

Estoy segura de que, de estar vivo, Sima Qian desearía que alguien como él estuviese sentado discretamente en una esquina escribiendo un recuento detallado de estos años, aunque sólo sea para publicarlo en el futuro, cuando los poderosos de hoy ya formen parte de la historia.

De hecho, así fue como "Los recuerdos del gran historiador" se hicieron públicos.

Después de su muerte, su hija puso en riesgo su propia vida para esconder el libro. Y, dos emperadores más tarde, su nieto se arriesgó dando a conocer su existencia. El resto, como dicen, es historia.

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