
Hace 15 años, el 5 de agosto de 1994, el litoral habanero fue testigo de una revuelta popular conocida como El Maleconazo. Miles de cubanos salieron a la calle por primera vez en tiempos de revolución, para protestar por la difícil situación que vivía la isla, en medio del llamado período especial.

La situación se había intensificado. Fidel Castro hace una comparecencia en la televisión nacional, en respuesta a una carta de amenaza hecha por el embajador estadounidense en la isla. La respuesta de Fidel fue clara: se abrirían las fronteras a todo el que se quisiera ir de la isla.

Ese 5 de agosto la "lanchita de Regla” fue secuestrada y salió del puerto habanero hacia la Florida cargada de personas. Días antes, el remolcador “13 de Marzo”, que intentaba salir de la isla, había sido hundido por las autoridades a siete millas de las costas cubanas con 68 personas a bordo.

El alzamiento popular comenzó en la Avenida del Puerto y mucha gente se fue sumando a lo largo del Malecón. Hubo ruptura de vidrieras, actos vandálicos, gritos de consignas antigubernamentales. Por primera vez se escuchaba en las calles: Cuba sí, Castro no. ¡Libertad! ¡Libertad!

A las fuerzas policiales se unieron, vestidos de civil, miembros de las brigadas de choque del contingente de la construcción Blas Roca Calderío. Los medios cubanos no reportaron ni tiros ni muertos. Estas fotos inéditas, tomadas por el fotógrafo holandés Karel Poort, que se encontraba en Cuba de vacaciones, muestran armas de fuego.

Los cubanos lanzaron palos y piedras contra hoteles como el Douville y tiendas como La Época. La represión policial dejó heridos y presos. Trabajadores miembros del Partido Comunista de Cuba fueron convocados a concentrarse en la zona para aplacar la manifestación.

Las protestas terminaron cuando llegó Fidel Castro, (en centro). Castro llegó en su auto a las calles de Galiano y San Lázaro y las consignas cambiaron. "Esta calle es de Fidel", se escuchó. El diario oficial Granma publica por primera vez un artículo sobre la histórica fecha. Lo recuerda como “el día de otra gran batalla ganada por Fidel y su pueblo, sin tiros ni muertos, frente a quienes alentados desde Estados Unidos alteraron de forma violenta el orden público en un sector del malecón habanero y sus inmediaciones”.