Última actualización: viernes, 20 de agosto de 2010 - 19:24 GMT

Claves: la vuelta al diálogo en Medio Oriente

Mahmud Abbas y Benjamin Netanyahu.

Ambos bandos son poco optimistas sobre el éxito del diálogo.

Israelíes y palestinos acordaron retomar en septiembre las conversaciones directas de paz, que habían sido abandonadas en diciembre de 2008.

El enviado especial de EE.UU. para Medio Oriente, George Mitchell, intentó este acercamiento en los últimos meses, reuniéndose en numerosas ocasiones con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente palestino, Mahmud Abbas.

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A pesar de que las intermitentes negociaciones de las últimas dos décadas no resolvieron uno de los conflictos internacionales más duraderos, se espera que esta reanudación del diálogo sea fructífera.

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¿Qué impedía el diálogo directo?

El desacuerdo radicó durante muchas semanas en las garantías que debían acordarse antes de sentarse a la mesa de negociación. Netanyahu insistió en que Israel no debería reconocer condiciones previas.

Sin embargo, Abbas quiere que Israel acceda a que el futuro Estado palestino tenga como fronteras las reconocidas en el alto al fuego de 1967. También pretende una paralización completa de la construcción de colonias judías en el territorio palestino ocupado de Cisjordania. Washington quiere que las conversaciones comiencen antes del 26 de septiembre, cuando finaliza una moratoria de diez meses a la expansión de los asentamientos, ya que considera que una vuelta a la situación previa a esa prórroga tendría consecuencias fatídicas para los esfuerzos de paz.

¿Qué quieren ambas partes?

Netanyahu dice que apoya un Estado palestino, pero que este debe estar desmilitarizado, con presencia del ejército israelí en su frontera oriental, y que debe reconocer a Israel como un Estado judío. Jerusalén, donde la Autoridad Nacional Palestina quiere establecer la capital palestina, debería ser reconocida como la capital eterna e indivisible de Israel. La postura del primer ministro israelí es más exigente que la de su predecesor Ehud Olmert, pero no está claro si es un punto de partida sobre el que se harán concesiones o de requisitos no negociables.

Abbas quiere un Estado viable e independiente en Cisjordania y Gaza, con su capital en Jerusalén Oriental. Pretende que su territorio sea el ocupado militarmente por Israel en 1967, aunque está dispuesto a aceptar intercambios de tierras, permitiendo que algunas colonias israelíes pasen a formar parte del Estado israelí a cambio de territorio que forma parte de Israel.

¿Qué pasó la última vez que ambas parten dialogaron?

Las conversaciones directas entre el gobierno de Olmert y la Autoridad Nacional Palestina terminaron en diciembre de 2008, cuando Israel invadió la franja de Gaza. Tres meses más tarde, Netanyahu asumió el poder en Israel y tardó varios meses en apoyar públicamente el concepto de un estado palestino.

Durante las conversaciones, los equipos de Olmert y Abbas discutieron sobre mapas con diferentes soluciones fronterizas. Olmert asegura que su oferta fue la más generosa jamás hecha a los palestinos: supervisión internacional de los lugares religiosos de Jerusalén, la vuelta simbólica de unos pocos miles de refugiados palestinos y, según el diario israelí Haaretz, la retirada israelí del 93,7% de Cisjordania a cambio del equivalente al 5,8% de territorio israelí que pasaría a formar parte del Estado palestino.

El equipo de Abbas dijo que su propuesta de intercambio de territorio ofrecía a los israelíes el 1,9% de Cisjordania.

¿Hay esperanza de éxito?

Hay muy poco optimismo en ambos bandos. Tanto unos como otros dudan de la sinceridad de su contraparte y sus posiciones de entrada a la negociación son muy distantes.

Además, Netanyahu tiene poco margen de maniobra ya que su coalición de gobierno incluye a partidos ultranacionalistas que ni siquiera admitirían la discusión sobre el estatus de Jerusalén. Aún así, podría optar por formar un nuevo Ejecutivo con el partido centrista Kadima, más dispuesto a hacer concesiones.

La posición de Abbas es débil porque su mandato democrático ha expirado: las elecciones no se han podido celebrar por el desacuerdo entre su partido, Fatah, y el movimiento Hamás. Ambos partidos mantienen una enconada disputa. Hamás, que controla la franja de Gaza, hogar de un millón y medio de palestinos, se opone frontalmente a dialogar con Israel. Cualquier acuerdo al que llegase Abbas con los israelíes, sería muy probablemente rechazado por Hamás, aunque algunos de sus líderes han dicho que podrían aceptar un acuerdo si éste era respaldado por un referéndum.

¿Qué pasará si fracasan las conversaciones?

El primer ministro palestino, Salam Fayyad, se ha propuesto reforzar las instituciones económicas y de seguridad de un Estado palestino viable con la vista puesta a mediados de 2011. Se ha especulado con que entonces se podría producir una declaración unilateral de independencia palestina. Aunque Abbas lo ha descartado, esta hipótesis inquieta a los israelíes. El miedo a que se desate de nuevo la violencia si fracasan las negociaciones es persistente. Además, en una región volátil una conflagración entre Israel y Hezbolá en Líbano, o con Hamás en Gaza, podría hacer fracasar los esfuerzos para alcanzar la paz.

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